martes, 8 de abril de 2008

Bob Dylan con cierto Zacatecas

La ilusión

Sin tanto trámite. Algo que deseas suceda pero la realidad te obliga a poner los pies en el suelo; hay una voz interna repitiendo: no te engañes. Poco a poco lo consciente se impone y lo que pudo ser posible jamás será. Se pierde la ilusión. Luego aparecen los genios del mercado y las ilusiones perdidas las convierten –como los charlatanes- en ilusionismo. Para qué decir nombres, no tengo la menor intención de engancharme en discusiones absurdas. Ahora lo importante es recrear una ilusión.

Lo posible (y la voluntad)

Festival Cultural de Zacatecas. Con la voluntad de alguien –ignoro quién- hace 22 años fue posible hacer coincidir a un modesto programa cultural con la celebración de la Semana Santa. La ciudad por sí sola tiene mucho que ofrecer al turista; con una riqueza histórica y arquitectónica desde la Colonia y con una orografía llena de cerros que hace del laberinto de sus calles un sube y baja interminable. Con ese espléndido marco este 2008, por primera vez, el festival se extendió una semana más. La voluntad política, que nadie lo dude, ha hecho posible que hoy la ciudad y el estado de Zacatecas cuenten con un festival de relevancia internacional. Aunque quien tenga la obligación de realizarlo tendrá que cuidarlo porque, independiente a los gustos respetables de todos, es peligroso caer en la tentación de buscar soluciones sin calidad. En ese caso, que me disculpen sus seguidores: No es foro para Miranda, Ricardo Montaner, Moderatto..

Contranota

Cada quien tiene un interés para ubicarla. Política; “La gobernadora del Estado de Zacatecas anuncia un presupuesto de 18 millones de pesos para el Festival…” entretenimiento; “diferentes exponentes del espectáculo musical estarán presentes en Zacatecas…” cultural; “Bob Dylan en la Plaza de Armas”… Sí, es verdad. No, no es rumor. Confirmado: Bob Dylan en Zacatecas y además gratis. Más que una simple nota informativa el asunto se convierte en un pequeño oasis contra lo negativo de todos los días.

La decisión

Es muy simple; sí o no. Quedarse en Torreón y dejar pasar la oportunidad o recordar que las aventuras son también necesarias. ¿A quién no le ha caído todavía el veinte de que estamos en un viaje sin retorno? Zacatecas agregará a su enorme tradición histórica poder contar “…hubo una vez que Bob Dylan se presentó en la Plaza de Armas”. Y yo ahí; porque le apuesto al más pintado que no se repetirá esa oportunidad. Aunque habrá quien opte personalmente, dentro de una enorme gama de formas de pensar y sentir, encontrar pretexto para desterrar al Dylan de los conciertos; yo no estoy dispuesto a intelectualizarlo de esa manera. Para mi es una historia viviente. Sólo tengo un modesto conocimiento de que alguna vez estuvo al lado de Martin Luther King, que insistentemente convivió con los poetas del beatnik, que densamente encaminó a los Beatles, que consecuentemente influyó a Jimi Hendrix y a un extenso etcétera. ¿Qué excusa necesito para decirle no al Dylan de la mega leyenda?

Dudas, dudas

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Gratis estar en el concierto del 25 de Marzo, pero…al transportista, al hotelero y al restaurantero les tiene sin cuidado el “choro” cultural. Justamente ése es el objetivo; “yo te regalo a Dylan, tú me pagas con turismo”. Mi realidad entonces es multiplicar por dos todos los gastos y en el viaje debo, es una obligación gustosa, incluir a mi hijo Lalo. Mary –mi esposa- me critica acertadamente; “siempre has dicho que te gusta Bob Dylan y no te puedes echar para atrás; yo coopero para que vayan…” Bueno.

24 de Marzo

Tiempo de partida. Además de mañana Dylan, hoy está también gratis la presentación de Le Orme. ¿A quién le dan pan y llora? Así que hay que aprovechar; vamos por dos. Con tiempo calculado de llegada a Zacatecas por ahí de las 9 de noche, muchísimo de improvisación y bastante buen ánimo comienza de verdad a concretarse algo que parecía una ilusión. Ya de camino y en el autobús me siento felizmente como los alcohólicos. Las prioridades de momento las tengo invertidas. No es buen tiempo para gastar en este viaje –como casi siempre-, pero el imán que nos lleva tiene cualidades muy poderosas que seductoramente acepto. Sólo por hoy que el mundo ruede.

Italiano malato

¡Zácatelas! Así, con zeta. Le Orme canceló su presentación en la Plaza de Armas. Michi Dei Rossi (baterista) tuvo problemas de salud y fue necesario hospitalizarlo –según la prensa local-. El asunto no comienza con buenos augurios. Hay en el ambiente un fuerte descontento por el hecho, que incluso refuerza algunos rumores de que también Dylan cancelará. Habrá que pasar la noche y esperar que no se contamine lo importante: él sí se va a presentar, afirmo con seguridad. La especulación alrededor de su concierto tiene que ser parte del “show” y como tal hay que vivirlo; lo viene haciendo desde hace más de cuarenta años y todavía algunos despistados no se dan cuenta que siempre ha sido de esa manera. El negocio del entretenimiento no lo aprendió ayer, también sabe y le gusta tirar los dados.

Un grillito cantor disfrazado de prensa escrita

Pero no se les quita la costumbre, por y para eso están. Cuando la gobernadora Amalia García acertadamente declara: “La inversión en cultura es indispensable para fortalecer a la democracia. Sin duda, es una expresión de un gobierno humanista y de izquierda promover actividades de gran calidad y ponerlas al alcance de todas y todos; el disfrute de la cultura también es un derecho y no una mercancía reservada sólo para aquellos que puedan pagarla. Esta es la característica esencial del ser humano: no hay hombre ni mujer sin cultura.”(El Universal) Entonces el grillito responde: “La expectativa levantada por Dylan ha hecho además que el ambiente se crispe, entre la desorganización y las declaraciones desafortunadas que han puesto al artista como un "dios" en tierra de mortales… Personal del Instituto Zacatecano de Cultura se expresó con molestia sobre la reunión sostenida hoy para afinar la logística del concierto, pues, trascendió, se les ha pedido una actitud servil ante el legendario cantante.”(El Universal) “Entre 13 y 14 millones de pesos fue la cifra dada a la prensa cuando se anunció el costo del Festival Cultural Zacatecas en febrero de este año. La última que evaluó la gobernadora Amalia García poco antes de cenar con Dylan la noche del concierto, alcanzaba casi 19 millones y no mencionó ninguna acerca de lo que Dylan cobró.”(Proceso) Dios lo hace y ellos se juntan.

A subir la cuesta

Quien tuvo dinero suficiente para pagar el concierto en México, Monterrey o Guadalajara y evitó la necesidad de hacer fila, de verdad, pues qué bien. E incluso todavía mejor los que aprovecharon las dos circunstancias; aquí y pagando en alguna otra presentación (por cierto, casualmente me enteré de una persona que estuvo en las ¡cinco presentaciones!). Así que la gratuidad obligó a que nos ajustáramos a las circunstancias y entender algunas reglas. Los organizadores impidieron que durante la noche la gente pudiera acampar en la plaza o en las calles cercanas. La policía, tanto de la ciudad como del estado, implementó un dispositivo con ese fin. A partir de las diez de la mañana fue posible empezar a formar línea para poder ingresar a la plaza alrededor de las cinco de la tarde; hubo tres accesos para ello. El inicio del concierto estaba programado para las 8:30.

Casi la mayoría de los asistentes se organizaron en pequeños grupos, así que era cuestión de rolar las estancias en la fila. Nosotros conformamos uno de siete; seis todos de Torreón (Carlos Velázquez, Álvaro Cruz, Alberto Aldama, el Rodrigo, Lalo y yo) y Aida (amiga de Carlos), ella de Zacatecas. El personal encargado de seguridad constantemente hacía respetar las filas. Estábamos en la puerta de Catedral y, de salir todo bien, lo lógico era quedar justo al frente y en el centro; un lugar de esos que todos quieren. Hasta las cinco de la tarde siempre hubo completo orden, destacando un comportamiento extraordinario en la gente de Zacatecas. Además el clima se estaba portando benévolo: ni frió ni calor. Lo pesado de subir la cuesta comenzó a partir del ingreso a la plaza, en punto de las cinco. Iban a ser tres horas y media en donde la resistencia era cosa de ingenio. Igual para la gente en la explanada o en las gradas se hizo muy difícil salir para el sanitario o conseguir algún líquido. Algunas crónicas, desde un punto de vista externo a la plaza, no tomaron en cuenta que la habilidad para introducir desde simple agua o alcohol dependía de una inevitable destreza que cada grupo improvisaba. Las botellas de agua resultaron ideales para el mezcal, tequila o vodka que poco a poco fueron llegando al interior, tanto en la explanada como en las gradas. Al principio, cuando aún no se llenaba la plancha, gente de seguridad aparentando ser público discretamente señalaba a los introductores. Simplemente se limitaban a quitar lo que la madre naturaleza es prodiga en repartir o lo que el padre químico intenta imitar. Ello obligó a agudizar los sentidos de todos para detectar a los “chivatones”.

Flashback: ¿y ése quién es?

La ciudad de Zacatecas y una gran mayoría de sus habitantes, me atrevo a asegurarlo, no tenía la mínima idea de porqué tanto alboroto en el centro. Sí sabían que hay un festival pero no les ocupaba, para el caso de Bob Dylan, interesarse en él; lo importante en todo caso era vender lo más que se pudiera. En cambio, para ese 25 de Marzo estaban presentes grupos de diferentes ciudades donde menos de la mitad era de Zacatecas. La pregunta más común, dentro de la fila, fue hurgar de dónde veníamos: Aguascalientes, Monterrey, Guadalajara, D.F (muchísimos), Chihuahua, Saltillo, León y otros que con menor representación seguro estaban ahí. Incluso había turismo extranjero que no dejaría pasar el acontecimiento. Alrededor de las cuatro de la tarde pasé por una tienda Extra y la cajera preguntó a un cliente justo delante de mi; “hay muchísima gente, ¿quién viene?”. La respuesta fue obvia: “canta Bob Dylan”, y la cajera, sin ninguna obligación de saber, contestó con un poco de sorpresa y frunciendo el rostro: “¿y ése quién es?” Quedó claro que un tal Zimmerman sólo se presentaría para cierto Zacatecas y muchos arrimados.

Más Historia

En general, el ambiente previo al inicio del concierto estaba transcurriendo sin mayor interés (salvo un trasnochado atorado en los años setenta). A nuestra espalda, la imponente Catedral de Zacatecas y a mano derecha el Palacio de Gobierno. Al lado izquierdo, sobre Avenida Hidalgo, un hotel de esas cadenas que ofrecen habitaciones tipo 5 estrellas (Emporio). La vista era espectacular. En el horizonte, por atrás y encima del escenario, constantemente se podía ver el ir y venir del teleférico; en uno de sus extremos el Cerro de la Bufa con su Observatorio Metereológico (mucha historia): todo como para regresar en otro plan. Pero hoy era otra historia.

Siempre hay un antes y un después...

Como a unos dos metros atrás de nosotros estaba un tipo con la aparente intención de reventar el concierto. En completo fuera de lugar –tal vez pensó que era un mitin-, gritaba consignas de tinte político con gastado discurso de una izquierda incitando violencia. Y no porque tenga algo contra esa ideología, al contrario, siempre me he declarado de izquierda, pero nunca con violencia. La prueba de sus francas estupideces, por si alguien se interesa, están en un video que alguien subió a You tube.

Una media hora antes de empezar la fiesta el ambiente realmente se empezó a tensar. El desconocido logró crear un pequeño círculo negativo con chavos a su alrededor que fácilmente cayeron en su juego y comenzaron a celebrarle sus impertinencias. Recuerdo que en un par de ocasiones le comenté a Carlos y a Lalo que ojalá y se quedara callado cuando diera inicio lo que todos verdaderamente estábamos esperando. Claramente no tenía intención de hacerlo, antes al revés; el tipo quería bronca. Quien logró impulsar un círculo virtuoso en contra del dichoso engendro fue Carlos; el único que se atrevió a enfrentarlo en sentido opuesto. Hubo un momento en que el asunto pudo llegar a los golpes, pero el apoyo de la gente fue total para que la policía sacara del lugar a ese personaje. Luego, después de eso…

Magia

El círculo de lo negativo se alteró y cambió completamente el ambiente. Así pasaron unos veinte minutos, justo antes de la salida de Dylan, en que la atmósfera de toda la plaza se transformó en un relax de esos en que las palabras salen sobrando. “Me puedo estar aquí dos horas más y no hay pedo”, dijo Carlos. Cierto, el lugar había vuelto su foco hacia Mr. Bob Dylan; el “Dr. Robert” que en alguna ocasión percibieron los Beatles; el chamán consciente del poderío de su música que describe Allen Ginsberg en No Direction Home. La noche también se hizo cómplice. El escenario, con pocas luces, cuatro calentones, la estatuilla del Óscar –sí, esa misma- junto al equipo de sonido ahora le prestaban ya toda la atención al sueño, a esa ilusión de veinte mil almas en una conjunción de energía irrepetible. Una obligada realidad puesta en entredicho al conjuro de la música.

Rainy Day Women #12 & 35

8:30 en punto. El remolino pudo empezar a girar con cualquiera. ¿Para qué obsesionarse con cuál sería el principio? Y en un ambiente relajado y con la adrenalina al máximo, en una atmósfera al más puro estilo desenfadadamente pachequero, Dylan se presentó con su guitarra, traje oscuro, sombrero blanco y jugando con un clásico: Rainy Day Women #12 & 35, en donde la gente coreaba con toda su fuerza… Eeeeverybody muuust get stoooned…con un arreglo rockero apropiadamente intenso. El inicio del concierto no pudo ser más acertado de acuerdo al ambiente previo. La percepción de que todo iba a ser un éxito quedaba favorablemente marcada con éste arranque. Esto no fue para romper el hielo, era para prender…

It Ain't Me, Babe

Por lo menos para mi, ver a Bob Dylan tan cerca y sentir la comunicación que se estaba gestando entre todos; público, banda y él mismo parecía cosa de algún tipo de encantamiento. Dylan continúo en la guitarra y con un espléndido arreglo, que hace más de cuarenta años hubiera recibido un enorme rechazo en cualquier escenario, aquí Zacatecas lo recibió con saltos, gritos, aplausos; su pasado hoy es un glorioso presente. El Dylan que todos sabemos que a veces canta, a veces arrastra la voz, pues no era la excepción hoy. Por un lado los viejos entienden (entendemos) desde un principio que Dylan sigue marcando el paso; “no soy yo el que buscas” y a su lado los jóvenes se rinden ante el “cliché”, ahora más que nunca cierto, de que la música es un lenguaje universal. La mayoría no entiende lo que dice, ya habrá tiempo para seguirlo redescubriendo. Por cierto, algunos comentan que la gobernadora salió al balcón de palacio en la segunda rola. Nunca me di cuenta de ello. Lo importante estaba sucediendo al frente…

Es entre la tercera o cuarta rola que observo que todos en la plaza están (estamos) hipnotizados por algo que hace, canta o dice Dylan. La banda que lo acompaña salió en plan magistral, y particularmente todavía no le presto gran atención. Por supuesto que son parte importante de lo que está sucediendo, sin embargo, casi todos estamos acompañando en este viaje pasajero a un solo personaje. Alcanzo a notar que Aida está bailando sensualmente cada canción como para apropiársela en cuerpo y alma; Carlos Velázquez se esfuerza a su manera en no perder detalle; Álvaro no suelta su celular para apropiarse al máximo de pedazos de imagen y sonido; Lalo grita con fuerza la parte de las letras que conoce y cada vez que volteo para mirarlo su sonrisa es inolvidable; Rodrigo y Beto se transportan al ritmo del instante y están asimilando la experiencia al máximo, y al igual que Lalo, dibujan una interminable sonrisa en su rostro…todos nos la estamos creyendo.

Master Of War

Hay una ligera pausa y Bob Dylan deja la guitarra para pasar al teclado y no dejarlo sino hasta el final. Un 70 por ciento de los que están en la plaza tiene menos de 30 años. No hace falta recordar que la crítica a la guerra hecha por Dylan a sus 21 años sigue lastimosamente vigente. La ironía de interpretar Master Of War en una plaza de ARMAS refuerza la importancia de que una nueva generación ahora esté en contra de la guerra en Irak o de cualquier lugar en donde haya conflicto bélico...El Dylan siempre incómodo para la gente en el poder. Aunque en varias ocasiones haya negado que la rola sea pacifista, el hecho es que la gente la identifica como un himno contra la guerra y ni aún él podrá evitar que así lo sea. Aquí en Master Of War la guitarra de Denny Freeman se expresa en plan grande y es quizá la primera vez que personalmente tomo consciencia de los músicos de la banda; todos están haciendo un trabajo espléndido.

Rollin' And Tumblin'

Una nueva versión de un viejo country blues que en lo personal no logré reconocer de inmediato. Poco que ver con la versión de Cream... Auténtico blues vuelto a renacer… Esa frase tan socorrida de que el tiempo pasa como el agua estaba resultando extremada y alucinadamente cierta. No podía ser posible almacenar tantas imágenes. ¿Fue en Rollin' And Tumblin' cuando una chavita le arrojó un brassier a Dylan o fue más adelante, en John Brown o Highway 61 Revisated? Desde luego no tiene importancia, el punto es que todos, incluyendo a Dylan, nos sentíamos deliciosamente a gusto.

Spirit On The Water

Luego Spirit On The Water. ¿O fue primero It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)? Según el set list sí, pero francamente no logro recordar exactamente ese detalle. El nivel de emoción que reinaba en la plaza para ese momento era tal que la música estaba cumpliendo agitadamente su función; estaba concibiendo una avalancha de imágenes que sólo el inconsciente podrá retomar en el devenir del tiempo; estaba comprobando que su fuerza es real tanto a nivel individual como a nivel colectivo. En Spirit On The Water Dylan tocó la armónica como lo sabe hacer; transmitiendo un hermoso sentimiento melancólico. ¿Nunca nadie ha sentido cómo se enchina la piel?

John Brown

En el sumar de los recuerdos no encuentro la exactitud matemática para volver a vivir y sentir todo lo que estaba pasando. Creo que aquí la emoción de Carlos se hizo ostensible porque identificó John Brown “…no maaanches; esa dura un resto…” La fluidez en música con una historia. El soldado que regresa mutilado de la guerra. La madre que lo recibe; ¡sopas!... Dylan cuenta y canta la historia de forma imperturbable, entero, poco expresivo, elegante; todo para que el culto siga creciendo. Y de pronto nos deja ver una sonrisa apenas perceptible: ¿Fue un brassier?

Just Like a Woman

Y bueno…pareció no importar, en el escenario se estaba ejecutando Just Like a Woman con versión ajena de lo que la mente se resiste a cambiar e insiste en darle única identidad, o más que eso: exige se interprete como orgullosamente cada quien la tiene memorizada. Un Just Like a Woman coreado por una masa obstinada en decirle a Dylan; así la cantamos nosotros, y él jugando y valiéndole un reverendo cacahuate; pues yo la canto así. Por curioso que parezca, eran dos canciones en un mismo tiempo con un coro espectacular destacado por el grito de las mujeres; entre ellas Aida, quien se lleva las manos a la boca y voltea la cabeza al cielo cada vez que hay que gritar con gran fuerza… “Juuust Liiike a Woooman”. Toda la concurrencia de la plaza en sintonía. En respuesta una poca audible, cortada y contradictoria voz de Dylan volcada a su interior en un escueto just like a woman. Curiosa travesura consentida por todos.

Highway 61 Revisited

Insisto, yo recuerdo ver volar un brassier. Creo que fue en Highway 61. En cuanto a la música la cosa no podía ser de otra manera, desde los primeros acordes rápidamente se sintió el sacudido de una rola digna de “mover el bote”. Esta versión estuvo para grandes ligas. La gente por supuesto respondió. Por increíble que parezca; ¿cómo es posible que la multitud pueda bailar sin tener espacio suficiente para ello? ¿Alguien lo duda? Habría que estar ahí para sentirlo; el ritmo hizo posible que todos brincáramos para llevar una coreografía espontánea, rústica y con cero inhibiciones.

When The Deal Goes Down

Balada country de ensueño que igualmente cumplió como un eficaz jalón hacía abajo. La experiencia de varias décadas para llevar el pulso del concierto se dejó sentir sutílmente. El canto de Dylan transportó, a unos, a la introversión y a otros (casi la mayoría) para que retomaran aire y disminuyeran el nivel de excitación. En ese contexto también fue la liga con This Wheel’s On Fire. Rola que me recordó, por lo visto y lo oído, que Bob Dylan siempre tiene a La Banda. Y La Banda siempre quiere estar con él. Aquí no pude dejar de recordar a Richard Danko (q.e.p.d.) en The Last Waltz. Porque esta banda que lo acompaña por ahora -y que vengan los adjetivos bien ganados- es de primera. Tony Garnier (bajo) con un derroche admirable y con fenomenal fuerza; Denny Freeman (guitarra) destacado, técnicamente limpio y solos notables; Stu Kimball (guitarra rítmica) muy relajado y cumpliendo sobresaliente; George Recile (batería) genial, poderoso; y Donnie Herron (banjo, violín) que hace recordar que lo bueno casi nunca se nota. Los puristas de la música probablemente busquen –y encuentren- el “prietito en el arroz” con las interpretaciones de la noche. En lo personal me pareció una banda estupenda, infaliblemente todos atentos y acostumbrados a los impredecibles giros de Dylan y éste limitando generosamente su protagonismo para dar espacio a cada uno de los miembros.

Like a Rolling Stone

El previo al cierre correspondió a un tema de este Siglo XXI: Summer Days (aparece en la discografía “nueva”: Love and Theft), con un estilo rockanrolero, cadencioso, ligerito, apropiado para abrirle terreno a un clásico entre clásicos; Like a Rolling Stone. Y es aquí donde los infaltables “críticos” encontrarán veta para ejercer el rancio arte –porque tiene gracia hacerlo- de encontrar piedras como obstáculos. “¿Te la sabes?”, preguntan los que probablemente tampoco la conocen. “Si no te la sabes, ¿para que la cantas?” “¿A ver, qué dice la canción?” Preguntas para, sobre todo, clavar resentimientos disfrazados de aparente inocentes preguntas contra los más jóvenes. “Esnobistas”, dicen, “sólo se emocionaron cuando empezó la parte de…Once upon a time you dressed so fine…” Son los mismos periodistas reciclados cuarenta años después preguntando “¿y a estos, por qué les gusta tanto ese músico-poeta?” Por lo pronto a Zacatecas le valió madres y la disfrutó como un ejercicio libre de lo lúdico. Otra vez vuelvo a lo mismo: ya habrá tiempo para descubrirlo –y el que quiera-. Si quiero, puedo sentirlo. Si quiero, puedo entenderlo. Y genial quien pueda y quiera entenderlo pero sobretodo sentirlo. De final y para las estadísticas: un tal Zimmerman, que tiene como idioma materno al inglés, le canta a millones de hispanoparlantes que ciertamente le entienden absolutamente cero, el mismo que irónicamente recibió un premio de algunos eruditos del castellano; ¿por qué?

Encore

Este viaje que comenzó hace casi 30 horas pues simplemente tiene que terminar –nooo, por favor-. Súplica –lo sé- imposible de cumplir. Los más conocedores piden insistentemente aferrarse al momento con la complacencia de su rola preferida. El coro en la plaza gritando ¡Dylan!, ¡Dylan!, en el fondo pide un imposible; dilatar sin límite esta noche. En ese sentido, por algún lado una mujer (yo me la imagino muy joven) grita para reventarse la garganta; Blowin’ In The Wind, Blowin’ In The Wind…y Dylan en lo suyo. No faltará quien reclame tal o cual ausencia de rolas. A mi eso me tiene sin cuidado. Las dos últimas que presentaría, para mi estarían bien. Todo el concierto había estado inolvidable. En ese sentido, Thunder On The Mountain resultó estupenda; otra vez un rock energético que no dejó ángulo para la critica negativa; genial. La música aquí se llenó de variantes. Oxigeno para el rock de este milenio. Luego, lo que yo pensaba que era el cierre. Una versión de All Along The Watchtower (irremediable no recordar a Hendrix). Aquella siempre me ha parecido de esas composiciones donde el arreglo es mejor que la original. Pero en esta, quizá por una obsesión personal de fijarla en mi mente, la escuché sublime.

Para redondear dos horas inolvidables Zacatecas termina por llevarse dos honores, según los dylanianos. Primero, rompe con la norma casi infranqueable de ampliar el set a 18 canciones y, segundo, se siente cómodo para retomar Forever Young; rola que hace más de dos años, creo, no tocaba en vivo. Al menos para mi, Forever Young es el recuerdo de los viejos amigos; cuando en pantalla de cine quedamos de por vida conectados a The Last Waltz y aquella desgarradora interpretación de Dylan con The Band. ¿Quién dice que no canta? En este bello final le escuché como si fuera un ángel y yo le iba dictando la letra. Además, como cereza del pastel, la armónica que jamás me pude imaginar en Forever Young; como para dejarnos a todos sintiendo la energía de la tierra, cuando menos de esta plaza... Fin del tema. Dylan deja el teclado, se coloca al centro de sus músicos, levanta las dos manos con los pulgares hacia arriba para señalar a toda la plaza y decir; “aquí estuvo su Bob Dylan, yo sigo en paz…”

Yo entre ello, soy de los que piensa que la vida es sólo una broma

¡Y qué bomba de broma! Al final, quienes escuchamos este interminable tour que comenzó en 1988, algunos en Guadalajara, Monterrey o en el D.F. y desde luego el gratuito de Zacatecas, ponemos en segundo término el costo –siempre había que pagar algo, y no precisamente estoy hablando de dinero-; lo trascendente en todo caso fue el encuentro que cada quien a su manera logró interiorizar con la experiencia de escuchar a Bob Dylan en vivo –en directo como dicen los españoles-. Unos apropiándoselo con su interminable poesía, otros con la música (ahora la guitarra, ahora la voz, ahora la armónica); los menos con su propia soledad y, por ventura, una aplastante nostalgia; los más con su sorpresa ante un viejo lleno de vida, juventud y talento…Bendita memoria, benditos recuerdos individuales. Finalmente la ilusión fue posible. Yo ahora tengo dos Dylan; el de siempre (el inmortal), y el de una imagen que ya desde ahora empieza a ser difusa, confusa…como para no olvidar.


El encore en tres videos, con un sonido muy aceptable, cortesía de hecrivera.





10 comentarios:

Tygogal dijo...

See Please Here

Enrique Luco dijo...

Eduardo:
Encantado de encontrar un hermano mexicano en la web, te cuento que mi página la realizó mi hijo David y creo que por accidente no estuvo apareciendo mi aporte musical al planeta, si por casualidad la escuchas, me encantaría recibir una opinión tuya al respecto.

Abrazos de Chile.
Enrique.

P.D. En relación a Castaneda si llegas a visitar Sonora dale mi dirección web a Don Juan Matus.

Eduardo Rentería dijo...

Gracias Enrique por la cortesía.

Voy a darme tiempo para visitar tu sección musical.

Y claro que sí, con gusto le paso tu web a Don Juan...uno nunca sabe...

Un gusto tener contacto contigo.

Joyrider dijo...

Estaba buscando fotos del concierto de Bob en Zacatecas, y en una de ellas había un comentario tuyo con el url de tu blog, fue así como llegué aquí, y la verdad lo agradezco.

Yo también estuve en ese concierto, y fue maravilloso, te cuento que fui a al segundo concierto en el auditorio nacional y salí encantado, pero el de Zacatecas me gustó más, sobretodo por el ambiente, el público estuvo mucho más prendido en la plaza de armas.

Tu reseña es muy buena, yo también escribí una en mi blog, y sin ánimos de hacerme publicidad barata aquí está el url por si la quieres ver:

http://habemusmierda.blogspot.com/

Hace un año no hubiera podido imaginar que vería a Bob Dylan tocar Just Like a Woman, Most Likely You Go Your Way and I'll Go Mine, It ain't me, babe, Like a Rolling Stone, All allong the watchtower y otras tantas, sumadas a las que ya había escuchado en el Df.

En fin, gran concierto que será siempre recordado.

Ah, y sobre el Borracho que gritaba , viendo el video me resulta hilarante, esl del tipo de anécdotas que hacen la experiencia aun más especial, aunque no dudo que fuera incomodo para los que estaban cercanos a él. Yo estaba un poco más atrás.

Bueno, un abrazo y saludos!

Eduardo Rentería dijo...

Gracias por la visita y el comentario joyrider.

Paso a darme el roll por tu blog.

Salar dijo...

Attention! See Please Here

zorro dijo...

que tal . en especial quiero darte las gracias por tan acertada reseña de el concierto de dylan en zacatecas, en verdad me isiste como sentirme ay , una sensacion,de nerviosismo aunado al sed de rock que se vive en estos momentos en mexico, me da gust que exista jente con esa sensivilidad para transmitir lo que realmente esta sintiendo ,te lo agradesco infinitamente ya que yo no pude asistir, pero con estos comentarios me siento como si uviese asistido , mil gracias,,atte . ozkar el zorro.

Eduardo Rentería dijo...

Se agredece el comentario, mi buen Ozkar...

Hector Rivera dijo...

Hola.. Un placer leer tu reseña sobre el concierto del maestro..
Transmitiste de una manera muy clara y acertada todas las emociones que se vivieron ese dia en la plaza de cantera, y con corazon de plata que todos los asistentes tuvieron. Y un mas grato para mi que hayas tomado los videos que subi del encore para presentarlos aqui, muchas gracias por poner mi nombre al publicarlos... Te cuento que tengo otra cuenta en youtube con el nick de "huitzilo" ahi podras encontrar videos de los demas eventos del festival. Los de Dylan no los pude subir en la misma cuenta para evitarle problemas al Instituto de Cultura (trabajo ahi) ya que como te habras dado cuenta NADIE estaba autorizado para grabar video.. Pero como buenos mexicanos que somos, siempre nos la arreglamos.. Bueno, despues de tanto choro, te reitero la felicitacion por tan buen aporte.. Un saludo desde Zacatecas, la ciudad que desde ese dia no es la misma...

Eduardo Rentería dijo...

Un saludo Hector y gracias por el comentario.

Hombre pues vamos a ser muchos los que agradezcamos esos videos. Tienen una calidad muy aceptable comprendiendo las circunstancias en que se grabaron. Son un muy buen testimonio de lo que pasó esa noche.