
¿Elvis Presley, Rey del Rock? En la historia de la humanidad el rey lo era en vida y ante su muerte el heredero tomaba su lugar. No sucedió así con el una vez camionero de Memphis, quien ante su muerte extendió su título –de manera injusta-. Porque fueron las circunstancias de la época cincuentera y de post-guerra que permitieron a un don nadie apropiarse de lo que otros ya habían comenzado, pero que su color de piel les impedía sobresalir en un país groseramente discriminatorio.
La maquinaria mediática se ha encargado de encumbrar la imagen de Elvis Presley más allá de algunos indudables merecimientos. El motivo de ello es, como siempre, las carretadas de dinero que todavía sigue produciendo el muerto. Aspecto este último que no dejará de ser productivo hasta dentro de unos diez o quince años más; cuestión de una natural desaparición física de una generación que auténticamente fue contemporánea del cantante.
En todo caso para lo que sirve el ejemplo Elvis es para mostrar el caminito de cómo crear mitos y repetirlos sin consideración –y aquí es necesario incluir a Lennon, Morrison, Cobain y muertos anexos que se quieran incluir-. Quien se sienta a gusto con ello no puede llevarse a sorpresas cuando el erudito musical tan sólo otorgue a Elvis Presley una interesante voz que se perdió entre canciones bobas y extremadamente cursis. Pero habrá también aquel que, sin despedirse de la mitomanía, ya hace tiempo que tiene entre su discografía a un rey muerto para la historia musical -con su lugar en la misma- sin dejar de reconocer que ya es el tiempo de otros. El Rey no murió hace treinta años, dejó de existir para la música de rock en los primeros años de una década sesentera que el mismo Elvis Presley no supo comprender.
¿Elvis Presley, Rey del Rock? Por supuesto que no, diremos algunos que no lo vemos de esa manera. Y por supuesto que sí, replicarán los dueños de la industria mediática -hasta que les llegue un muerto más rentable-.