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miércoles, 9 de marzo de 2011

Presunto Culpable: la enseñanza


Un documental en cine cumple su función cuando, voy a tratar de sintetizarlo así: nos enseña lo que de otra manera no podemos ver. Ahora mismo está en el debate nacional Presunto Culpable y poco se atiende el punto de vista cinematográfico.

Un documento desde luego también es la sentencia de un juez, pero cuando menos en el país sabemos lo poco accesible que es entender realmente un documento de ese tipo. Ante eso, un buen documental cinematográfico puede ir llevando de la mano al público casi en forma didáctica cómo pasan las cosas que ignoramos. Es muy parecido al proceso enseñanza-aprendizaje, cuando de verdad sea éste llevado a la práctica de forma óptima.

En cine, el género del documental tiene grandes realizaciones a través de su historia. Por ahora mi motivación para escribir de uno es obvia: obedece al caso de Presunto Culpable, pero el gusto e interés por los documentales desde mucho tiempo atrás han sido parte de mi “bagaje cultural”. El cine nació siendo documental, sería una expresión personal que me delataría como aficionado al género.

Y como aficionado tengo mis asegunes en cuanto a la realización de Presunto Culpable. Posee muchos defectos. No escribiré sobre ninguno de los que aprecio. Lo diré de esta forma: cualquier defecto de realización o de producción no tendría la menor importancia, es decir, no aportaría nada si antes no se contesta la siguiente pregunta: ¿nos enseña algo el documental?

En México algunos vamos avanzando como tortugas. Otros, acostumbrados a formas de comunicación mucho más expeditas (tipo Redes Sociales en internet y tecnología de la información) nos están enseñando a dejar atrás muchos lastres en nuestras expresiones y hábitos. De los primeros (aquellos de la inmovilidad parecidos a las tortugas) no faltan las voces partidarias de que siempre todo seguirá igual, sin cambios, y curiosamente mucho menos en México.

Presunto Culpable nos enseña cómo cambiar. ¿Tienes una cámara de video, eres víctima de un delito y decides denunciarlo? Graba tu denuncia y de ser necesario el juicio del probable delito, nos propone el documental en cuestión. ¿Cuántos hemos recibido esa enseñanza? Los que creen en el México imposible de cambiar de seguro se llenarán la boca de “supuesta” sabiduría y dirán algo así como esto: “sí, ya sabemos que así es en México. No están descubriendo el hilo negro”.

¿De verdad Presunto Culpable no está descubriendo nada? ¿Desde cuándo hemos permitido que sólo lo escrito sea la prueba incuestionable en los juicios mexicanos? ¿Dónde están los abogados y jueces que nunca nos habían dicho de nuestro derecho a documentar en sonido e imagen cualquier juicio? Si esas y muchísimas más preguntas salen de forma espontanea en la plática de nosotros los comunes ciudadanos, el documental habrá cumplido con su intención original: enseñar. Del conocimiento necesariamente surgirán dudas, cuestionamientos, diferentes puntos de vista, explicaciones e incluso hasta contradicciones. Y no será igual el antes al después. Se apretó un botón que en algún momento oscuro de nuestra historia nos habían dicho “no tocar”.

Observo por todos lados que para bien o para mal el documental no pasa desapercibido. Miro al jurista; que si se debió seguir la vía civil para que un personaje del documental defendiera su derecho a la propia imagen; al periodista, explicando desde su punto de vista la parcialidad del docu cuando no presenta a la víctima y la familia de la misma como la otra parte del juicio que nosotros no vemos; al politólogo, reclamando al poder judicial el intento de censura para evitar así verse cuestionado por una ciudadanía cada vez más participativa; el defensor de derechos humanos insistiendo sobre la impunidad de los criminales en México cuando el documental implícitamente nos dice que no hay culpable; el empresario que alega su derecho a la propiedad y pone a debate el problema de la piratería desatada contra su producto. En suma, un documental que provoca debate y reclamos. El reclamo más importante, desde mi punto de vista: exigir un sistema judicial digno de la democracia que pretendemos reconstruir. Presunto Culpable ya puede ser considerado como nuestra deseada Caja de Pandora: veamos qué se destapo. Los que tiene miedo de que se haya abierto son los mismos que piensan que la ignorancia siempre estará empoderada en los mexicanos: nada es eterno.

Así que en México apenas nos damos cuenta que andaba girando por el mundo un gran documental, el cual desde hace tiempo había recibido reconocimiento internacional. Vale Presunto Culpable como un documental que cumplió con su parte, la nuestra es dejar de ser simples espectadores y reconocernos como actores todos.

jueves, 6 de agosto de 2009

Vals con Bashir


Desde el año pasado apenas y noté Vals con Bashir (Ari Folman, Israel en co producción con otros países, 2008), la cual estuvo nominada al Oscar el año pasado. Fue hasta hace unos días cuando Gabriela Warketin recomendó la película en su Facebook que me llamó la atención. Comentario sin rodeos; sigan dándole premios (por supuesto a la película).

Ari Folman (guión y dirección) es también protagonista del film realizado en dibujos animados. El tema gira en torno a la guerra de Israel contra el Líbano en los años ochenta así como la masacre de refugiados palestinos en Sabra y Chatila perpetrada por falangistas cristianos y encubierta por el ejército israelí. Ari Folman fue combatiente de esa guerra a la edad de 19 años; su experiencia traumática le llevó a forzar mecanismos de defensa psicológica y con ello encubrir esa parte de su pasado. De pronto, Folman, tras la conversación con un amigo en un bar quien le describe tener una pesadilla reiterativa, descubre él mismo no recordar momentos de la guerra y con ello tener el pretexto para investigar el motivo de sus olvidos.

Me interesa rápidamente pasar de lo técnico creativo a las implicaciones éticas, psicológicas y políticas que aporta Vals con Bashir. En primera instancia, el aspecto técnico es relevante porque les confirma a los creadores la utilización de un software de animación muy popular (Flash) como herramienta básica para elaborar un largometraje. Es fácil darse cuenta que el guión hubiera sido imposible de realizar en el cine convencional, sobretodo por las exigencias técnicas y presupuestales necesarias para lograr el efecto deseado. Utilizar entonces la animación para plasmar el film fue una idea, además de práctica, apropiada para conseguir un producto con una plástica de calidad cinematográfica indiscutible. En segundo lugar, el posicionamiento de cine para adulto queda dignamente defendido con una animación bien aprovechada para retomar los recursos cinematográficos de cualquier producción “normal” y abrir las posibilidades creativas que ofrece la mezcla entre realidad con lo onírico y las disfunciones psicológicas de la mente humana. Tela de donde cortar la tuvo el film.

¿Quién de nosotros puede recordar toda la película de la propia vida? Imposible; hasta cierto punto. ¿Cuántas ocasiones algún amigo o familiar nos recuerda con exactitud lo que en apariencia habíamos olvidado? Ah, sí; ahora recuerdo, solemos afirmar cuando fundimos presente con pasado. Es entonces, con el recordar, cuando se refuerza la empatía y la comunicación entre iguales a través de una historia particular que se hace única. Nadie o muy pocos podrán sentir ese vínculo de entendimiento. Por ello, no estoy de acuerdo con aquellos que simplemente ven al cerebro humano como una máquina capaz de borrar lo inservible o lo traumático. Todo está ahí y pacientemente espera su momento para salir. Lo fácil es olvidar, lo contrario es recordar. Lo cómodo es simular olvido para convertirse en sinónimo de cinismo o mentira. Como dice Paul Thomas Anderson: “Puede que hayamos acabado con el pasado, pero él no ha acabado con nosotros.” Y por ello la verdad, aunque se tarde en el tiempo, terminará por emerger de las profundidades del subconsciente.

El protagonista, narrador y autor de Vals con Bashir se confiesa; sí estuve ahí, sí participe, sí sabía lo que estaba pasando: no hice nada para evitarlo. La confesión no expía culpas, pero ayuda a no olvidar y le dice a las nuevas generaciones no dejar en la simple anécdota un genocidio como el de los barrios de Sabra y Chatila de la ciudad de Líbano en 1982. Y para ello un documento que lo conmemore.

Algunos podrán confundirse con la narrativa, pero es claro que la propuesta es de un documental estilizado con la animación. No hay ficción. Que para construir cualquier documental se utilicen recursos expresivos del cine de ficción es ya un tema agotado. Y además queda la aportación de un documental diferente; un documental animado. Sí, por contradictorio que se lea: Vals con Bashir es un documental animado. Se reconstruye, por medio de charlas entre ex combatientes de la primera guerra de Israel contra el Líbano, pedazos de experiencia de la realidad y cómo la vivieron algunos de sus protagonistas. La confusión puede darse cuando se ilustra la narrativa del documental. Así lo cuentan los propios entrevistados; Carmi: “Inconciente en la cubierta…soñando que llegaría una mujer…y me tomaría por primera vez…”; Ronny Dayag: “me imaginé cómo reaccionaría mi mamá”; Ari Folman: “entonces, en medio de ese infierno…aparece de repente el corresponsal de televisión Ren Nen Yishan. Camina recto, evadiendo balas como Superman.” Son narrativas desde luego subjetivas pero que nutren al documental y le dan sentido visual al imaginario individual. Es la forma en que se confiesan sus protagonistas y el director lo que hace es dar vida a esas narrativas. Aunque algunos pasajes están mejor logrados que otros, nunca ello demerita al conjunto.

Una película de animación que desaprovechara el simbolismo de los colores sería suficiente para criticarla como mediocre. Cuando menos a mí, el tono ocre prevaleciente en la mayoría del film me remite al color de la sangre quemada, sin vida, podrida; mal oliente. Ello, por supuesto, es una visión personal; sin embargo no me imagino Vals con Bashir apelando a colores “vivos”. Y luego la música; buena en toda la extensión sin llegar a lo magnífico, comentario que reconozco puede ser injusto aunque lo baso en una secuencia que descuadra de la generalidad, aquella en donde el Apocalypse Now de Francis Ford Coppola (1979) salta a la vista; quizá la música entró con calzador para esa parte. Por lo demás, banda sonora y musicalización cumplen su función acertadamente sin empalagar y con tino referencial.

Vals con Bashir es una película antibélica porque no deja opción a la justificación ideológica para los motivos de la guerra; nunca he estado en una (y claro que abro un paréntesis de bote pronto para reiterar que ni quiero estar en alguna) pero en realidad debemos estar agradecidos por esa información intuitiva que nos proporciona la denuncia de hechos como el de Sabra y Chatila u otros semejantes, para intentar cuando menos procesar racionalmente las consecuencias de la barbarie humana. Con este tipo de cine también se cumple en forma y fondo lo valioso de ver algo más que entretenimiento, ver que aún dentro de la tragedia es posible recrear la esperanza de cambiar nuestra actitud ante la vida y la muerte.

Cinta con tintes en apariencia irracionales nos conduce por el mundo de los recuerdos segmentados y con marcado desatino. Esto puede llevar a confusión y sentenciar la incongruencia entre lo que el autor quiso decir y lo que al final comunicó. Tal vez la conclusión errónea sea asegurar que no hay una resolución final ante la dispersión de imágenes en extremo sin sentido. Y es justamente el final lo que cierra diferentes círculos de tiempo, sobretodo para el protagonista pero también para el público. El espectador, informado o no de lo que estaba sucediendo en las líneas falangistas con su abominable masacre, termina por conocer sin disfraz lo que sí paso. Ese final es el principio para el protagonista. La respiración agitada no está en el espectador, está en la revelación de la memoria sin traición: qué hicimos. Y en el público: qué podemos hacer.



Ficha técnica:

Título: Vals con Bashir. Título original: Vals im Bashir. Dirección: Ari Folman. País: Francia, Estados Unidos, Alemania, Suiza, Israel, Finlandia, Australia, Bélgica. Año: 2008. Reparto: Ron Ben-Yishai (como él mismo), Ronny Dayag (como él mismo), Ari Folman (como él mismo), Dror Harazi (como él mismo), Yehezkel Lazarov (como Carmi Cna'an), Mickey Leon (como Booz Rein-Buskila), Ori Sivan (como él mismo), Zahava Solomon (como ella misma), Shmuel Frenkel (como él mismo). Duración: 90 min.

domingo, 12 de abril de 2009

Woodstock en el blog (Country Joe and The Fish)


Ahora es como un apestado alguien que se declara comunista, simpatizante de Mao Tse Tung, anticapitalista, crítico contra la guerra y…consumidor de marihuana; ¡qué horror! Es también en nuestros días de pésimo gusto no referirse a Joseph Stalin cuando menos como un vulgar dictador. Y es precisamente de Mao y Stalin, dos personajes históricos, de donde se combina el nombre de la banda norteamericana Country Joe and The Fish. "Fish", por Mao, quien solía decir “los peces que nadan en el mar son del pueblo” y "Country Joe" porque en la Segunda Guerra Mundial la imagen de Joseph Stalin era popularmente conocida entre los simpatizantes comunistas con el apelativo de Joe, quien gozaba de buena imagen (acordarse de que la Unión Sovietica fue aliado de Estados Unidos junto a Inglaterra y Francia contra la Alemania de Hitler); por lo tanto el país de Joe (country Joe, en inglés) era bien visto entre los comunistas norteamericanos de la época Y sí, hubo gente que lo admiró. Entre ellos Joseph Allen McDonald, fundador de Country Joe and The Fish, quien se considera a si mismo uno de los Héroes de Woodstock y todavía conserva gran parte del estilo de vida de esa generación.

Casi en automático la música de Country Joe and Fish es considerada psicodélica, sonido California y específicamente de Berkeley, pero sus raíces son mucho mas profundas con origen en el folk-blues y ligado a nombres como Sony Terry y Brownie McGhee, Leadbelly y Cisco Houston. El sonido de la banda poco tiene que ver con la psicodelia de Pink Floyd, por ejemplo. La identificación es más inmediata y reconocible en nombres como Jimi Hendrix Experience, Cream, Steppenwolf o Moby Grape.*

Cuarenta años después, los temas políticos de ese tiempo son totalmente irrelevantes para los jóvenes de ahora. Y sin embargo las generaciones posteriores al concierto de 1969, sin importar el país, no han (hemos) sido capaces de generar un evento masivo con la trascendencia de aquel. Podrá decirse de la generación Woodstock cualquier cosa en términos de burla, desprecio, incomprensión, rechazo o ignorancia para encasillarlo en la limitante del “sexo, drogas y rock and roll”. O, por el contrario, se le mitificará como el alfa y omega de la música popular en el devenir de los siglos. Ni lo uno, ni lo otro. De gran importancia en la cultura popular, sin duda, Woodstock no deja de tener ese mensaje persistentemente anhelado por muchos (me incluyo) del amor y paz. Mensaje que cuarenta años después nos sigue dejando la lección de que el camino continúa siendo largo y tortuoso; sin amor y sin paz. Que la generación Woodstock se haya vaciado en el amor y en la paz durante tres días en el acontecer humano es, para bien, imposible de olvidarlo.







*Remembering Woodstock, Andy Bennett, pág 120.

lunes, 13 de octubre de 2008

Hasta que se ponga el sol

Para Raúl Aramayo

Cuando en México se habla de los pioneros del Rock Nacional no faltará quien se preste a confusiones, casi siempre sin mala fe. En el recuento algunos demostrarán una ingenuidad digna de clasificarla como de la pena ajena. Aquellos despistados se emocionaran con nombres como Enrique Guzmán, César Costa, Angélica María y Alberto Vázquez, entre otros más o menos parecidos. Época entonces de las versiones traducidas del inglés al español, los conocidos como covers. En cambio, otros marginalmente nos refugiaremos en el rock hecho por Javier Batiz, Tinta Blanca, El Ritual, Peace and Love, Dugs Dugs, La Revolución de Emiliano Zapata, nombres estos tan sólo para ejemplificar lo opuesto a los covers. En todos esos exponentes hay, desde luego, enormes diferencias tanto en el tiempo como en su propuesta musical. El caso, por ahora, es mencionar que unos y otros se autoproclaman como los verdaderos iniciadores del Rock Nacional o lo que se entienda por lo mismo.

Muy distinto cuando se habla de Rock Nacional en Argentina. Nadie tiene dudas de qué se está hablando cuando la lista empieza a aportar nombres; Charly García, Luis Alberto Spinetta, Litto Nebbia, Tanguito, Nito Mestre, Pappo, Gustavo Santaolalla o bandas como; Los Gatos, Almendra, Pescado Rabioso, Manal, La Pesada, Color Humano, Vox Dei, Arcoiris, y sin limitar la lista, habrá de señalarse que le seguirá a través del tiempo un impresionante etcétera.

Argentina comparte con México el hecho de que la música expresada por los jóvenes de los primeros años de la década de los setenta era arrinconada por una burocracia política y administrativa con temores injustificados hacia las reuniones masivas. A pesar de eso, los intentos por repetir festivales del tipo Woodstock a nivel regional, o despectivamente tercermundista, tiene dos ejemplos tanto en México como en Argentina. Avándaro y Buenos Aires Rock (B.A. Rock) son, indiscutible, las estampas que permanecen en cada país como muestras para entender la continuación del impacto aportado por un modelo norteamericano de la música de rock. Sin embargo, nuestro documento fílmico de Avándaro es lamentable por donde se le vea o escuche, es simplemente una colección de retazos. No hubo en Avándaro, seguramente, el presupuesto necesario para lograr un producto con las mínimas garantías de calidad cinematográfica. En Argentina, por el contrario, sí fue posible conjuntar los factores indispensables para dejar el testimonio del movimiento musical sustentado en el rock ubicado entre finales de los años sesenta y principio de los setenta.

Hasta que se ponga el sol (Aníbal Uset, 1973); una combinación entre documental, cine de ficción y lo que hoy entendemos por videoclips es la constancia que dejaron los músicos y seguidores de una época en Argentina con una creatividad de grandes alturas. El tiempo en que, interpretando el sentir de su director, primero se hacía la música y luego la película. Días, también, en que resultaba sumamente difícil y caro estar bien informados de la buena música.

35 años después, Hasta que se ponga el sol es una referencia cinematográfica para los argentinos que no ponen objeción en reconocer la simbiosis casi natural entre música de rock y cine. Las evidentes limitaciones técnicas del film son pecata minuta ante un desfile de bandas y músicos del rock argentino que circunstancialmente tuvieron la fortuna de ser parte del resultado final. Al respecto, es imposible dejar de mencionar la famosa anécdota de un dúo llamado Sui Generis (con nada menos que Charly García como uno de sus integrantes), quienes no estaban contemplados para integrar la banda sonora por resultar unos curiosos desconocidos pero que lograron finalmente colarse ante la insistencia de su productor.

El film aporta diferentes datos para todos aquellos interesados en conocer un rock setentero de gran factura, con el sello argentino, previo a una época de años difíciles para ese país. No hay un referente semejante para México, y aunque acá el rock contemporáneo también tiene su aporte discográfico, el impulso aportado en Argentina por Hasta que se ponga el sol fue favorablemente determinante para dejar bien claro qué era y sería su Rock Nacional, sin confusiones.

Ficha Técnica:

Hasta que se ponga el sol (Argentina, 1973). Director Aníbal Uset. Producción: Fernando Ayala y Héctor Olivera. Guión: Aníbal Uset y Jorge Álvarez. Fotografía: Víctor Hugo Caula. Sonido: Norberto Castronuovo. Cámara: Marcelo Pais. Actores (como ellos mismos y en orden de aparición): Color Humano (Oscar Moro, Rinaldo Raffanelli, Edelmiro Molinari); Daniel Ripoll (presentador); León Giecco; Vox Dei (Ricardo Soulé, Rubén Basoalto, Willie Quiroga); Gabriela; La Pesada (Alejandro Medina, Billy Bond); Claudio Gabis; Orion’s Beethoven (Adrián Bar, José Luis González, Ramón Bar); Sui Generis (Charly García, Nito Mestre); Litto Nebbia; Domingo Cura; Pappo’s; Josefina Robirosa y Juan Oreste Gatti (bailarines); Pescado Rabioso (Luis Alberto Spinetta, Carlos Cutaia, David Lebón, Black Amaya); Arco Iris (Ara Tokatlián, Guillermo Bordarampé, Gustavo Santaolalla, Horacio Gianello). Tiempo Duración 69 minutos.

Aquí la película completa:

Aquí un fragmento (Pescado Rabioso):

viernes, 11 de julio de 2008

Lineal versus finito



Versión doblada al español del video de Annie Leonard. Producción del Video: Free Range Studios. Doblaje al castellano: Asociación Civil El Ágora, Argentina.

viernes, 13 de junio de 2008

Los Chairos o la descripción de los neo-hippies


En una apreciación muy subjetiva me parece que un gran mérito de Tamara de Anda es hacer las cosas. Hacer un documental siempre será mejor que no hacerlo. Para Los Chairos (México, 2006), que no se mueve en los círculos de las realizaciones nominadas a premios y con jurados de prestigio en el mundo no virtual, Internet es la salida adecuada y propicia. El “ciberespacio” está, sin duda, lleno de basura de todo tipo. Pero en contraparte y para beneplácito de muchos, debe existir una cifra para mi desconocida de miles de jóvenes (en este caso una mujer) como Tamara de Anda con un potencial, de acuerdo a sus intereses y gustos, jubilosamente creativo y con una chispa casi natural para de primera instancia utilizar favorablemente el ilimitado campo de acción que permite la red (más lo que se acumule con el paso del tiempo). Sin menospreciar al mundo adulto, tengo la impresión tal vez errónea de pensar en la imposibilidad de encontrar material semejante a Los Chairos hecho por mayores de cincuenta años. Espero equivocarme al respecto, aunque lo dudo mucho.

Una cámara de precio accesible, el conocimiento de las mínimas técnicas de edición; encuadres; iluminación; musicalización; la preparación de un guión previo a la realización; la selección de locaciones; actores y las muchas ganas (con poco o cuantioso dinero) nunca serán garantía para ver un producto hecho realidad. Los mejores presupuestos han resultado ser insuficientes para infinidad de proyectos cinematográficos. O pequeños esfuerzos financieros han dado obras maestras. Los Chairos está muy lejos de ser el gran documental, pero está muy cerca del buen ejemplo. Cerca del entusiasmo, cerca de la creatividad. ¿Cuestionable su visión, su punto de vista? Por supuesto que sí, pero ello no le quita en ningún momento el mérito del riesgo habitual, entendible y hasta fomentado en los jóvenes para “hacer” las cosas. Tener ganas, tener decisión, tener ideas. Y además, desde mi particular punto de vista, muy alejadas de la solemnidad. Y no porque la solemnidad sea en sí algo automáticamente negativo, sino porque ésta no debería en principio ser parte de una gran mayoría del mundo juvenil. En ese orden de pensamientos el documental describe a una de las llamadas “tribus urbanas” con humor, sin pretensiones intelectuales, con habilidad y recursos técnicos muy aceptables. Por decisión, concepción y virtud de Tamara ahí está el producto en la red, está expuesto a la crítica. Por lo que he visto, además ha resultado polémico. Las y los Tamara (menores de treinta años) podrán seguir, deben seguir, experimentando para bien o para mal las vicisitudes del cine en Internet, lo cual más temprano que tarde brindará la oportunidad, en la diversidad del medio, para ver obras con una gran dignidad y calidad en su propuesta. Los Chairos no es el camino, pero va por un buen sendero.




Ficha Técnica:

Los Chairos (México 2006), dirección, producción y edición Tamara de Anda; Julio López (Che Guevara); Mario Flores (Emiliano Zapata); Alejandra Barrera (fresa). Entrevista a Dr. Ciencia Política, Jorge Lumbreras. 19 min.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Brownie McGhee y Sonny Terry


Foto: Allan Tannenbaum

Brownie McGhee (1915-1996) nació en Knoxville, Tennessee y creció en Kingsport con el problema de que muy chico, a la edad de cuatro años, enfermó de polio sufriendo serias limitaciones para su movilidad, aspecto que parcialmente solucionó hasta 1937 con una exitosa operación quirúrgica. Aunque McGhee grabó individualmente varios discos, su relación con el músico de blues Sonny Terry (1911-1986) –ciego éste desde muy joven, producto de dos accidentes; uno a los cinco y otro a los 18 años- hicieron que fuera en su tiempo la pareja más famosa en el género. Este dúo es sin duda el que mayor tiempo se mantuvo como tal durante varias décadas dentro del blues; Brownie McGhee en la guitarra y Sonny Terry en la armónica. Aunque al final de su participación como pareja musical se dice que no se hablaban entre sí, sus presentaciones eran un éxito tanto en interpretación como en el interés de sus seguidores. Ambos tuvieron influencia de Blind Boy Fuller y fueron durante varios años impulsores del folk country-blues con origen en el estilo Piedmont. Como consecuencia positiva de la polio Brownie McGhee desde niño practicó la guitarra, su padre fue quien le fomento el gusto y además le enseño la técnica. También el padre de Sonny Terry alentó en su hijo el interés por la música, concretamente en la armónica, pero el pequeño Sonny no siguió los pasos de su padre, quien no tenía en su repertorio canciones de blues. Sonny Terry poseía una habilidad para la armónica con una técnica que ni él mismo podía describir (cross harp). En apariencia la técnica consiste en soplar la armónica alejando y acercándola continuamente de la boca.

Ambos músicos estuvieron en diferentes sesiones con Woody Guthrie, Cisco Houston, Pete Seeger, entre otros. De una presentación en televisión en los años sesenta, justamente con Pete Seeger, aquí dos videos que muestran a la pareja en gran forma.



viernes, 26 de octubre de 2007

Julio Hernández entrevista a Luis Mandoki

Julio Hernández de Astillero TV entrevista a Luis Mandoki. El entrevistado habla sobre su película Fraude México 2006 que, en su opinión, relata y demuestra precisamente eso: un fraude electoral en México el año pasado. Habrá que verla.

martes, 25 de septiembre de 2007

Héctor García: Fotógrafo, La foto es la Foto

Fotomontaje Tláloc 1963/2007 (Héctor García).


Hoy 25 de Septiembre a las 10 de la noche se transmite por canal 22 de televisión el documental sobre una leyenda viva de la fotografía mexicana: Héctor García. Su retransmisión es por el mismo canal el Domingo 30 de Septiembre a las 5 de la tarde. Para los afortunados en tener telera por cable y apasionados de la fotografía en su modalidad de fotoreportaje la invitación es no dejar pasar la oportunidad. El director y realizador del documento es Carlos Rodrigo Montes de Oca quien participó en la copruducción y edición de Eréndira Ikikunari (film al que le dedico un comentario más adelante).

viernes, 27 de julio de 2007

Bob Dylan (No Direction Home)



Es difícil explicarle(s) a los amigos, cuando tienes 14 años, que te gusta Joaquín Sabina. Quizás a esa edad no puedes explicar lo que sientes al oírle, pero ya va despertando tu curiosidad…Pablo Garcés



Sí, mucho se ha dicho y escrito de Bob Dylan; pero yo no lo he hecho. Por lo tanto me anoto en la interminable espiral del tema Dylan–la etiqueta dicen los bloggers-. Con permisito.

A propósito de que en Septiembre u Octubre de este año el Zimmerman en que John Lennon no creía recibirá el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y con el pretexto del documental No Direction Home (dir. Martin Scorsese, 2005) puedo afirmar que la contradicción en la vida y obra de Robert Allen Zimmerman es constantemente evidente. Se aceptan críticas al respecto. Es de mi opinión considerar que varias instituciones en el mundo están en crisis. La mafia detrás de algunos premios –sin importar su “fama”- necesita más a Bob Dylan que Dylan al Premio Príncipe de Asturias. Cosa que simplemente digo de paso, por el momento no es mi intención escribir sobre las “mafias” de la intelectualidad.

Aclarado ese pequeño asunto me concentro en el motivo del post –y dale con esos términos-. Así que ¿what?; Dylan no es para los eruditos de la música –dicho por Eric Clapton-. ¿Cómo? Que tampoco es para los eruditos de la literatura –dicho por mi y seguramente por alguien más que no me interesa aquí reconocer-.

Una de las virtudes de creadores tipo Zimmerman es que ellos comprenden totalmente que su obra le pertenece a cada persona que esté consciente de apropiársela. El problema radica en no confundir el objeto –la música, las letras- con el sujeto que hace posible la obra. Ni Dylan, ni otros de su nivel, serán capaces de remediar la contradicción en apariencia sencilla. ¿Cómo no darse cuenta de lo evidente? Escuchar en la intimidad al maestro Bob Dylan no debiera confundir a nadie con la idolatría, pero, no me es posible decir lo mismo de No Direction Home.

El oficio de primer nivel que Martin Scorsese tiene no fue suficiente, no fue capaz o de plano no quizo o no pudo dejarse avasallar por la grandeza de la leyenda. Un fan reconociendo a su ídolo. En ese tenor, en algunas entrevistas posteriores al film Scorsese intenta inútilmente defenderse con la justificación de que él hizo un homenaje a quien sin duda lo merece; en síntesis: el mundo adulto que se rinde ante su ídolo. Dislates disculpables por el paso del tiempo. Como antítesis, las nuevas generaciones son más terrenales y deciden premiar al documental con un merecido “es un excelente curso de introducción para empezar a degustar lo que mi papá o mi abuelo dicen e insisten en clasificar como algo bueno”. Y, sin embargo, el padre tiempo hará inevitable lo inevitable; algunos de esos jóvenes se mutarán en eruditos del tema e irremediablemente se lo apropiarán. Que en sus dolores y horas de ensayo se clave el que lo tenga que hacer, sea por placer o por un exceso de idolatría. Algunos alcanzaremos a agradecerlo y otros apenas lo subvaloraremos. El mito entonces seguirá reciclándose, nadie sabe hasta cuándo.

En cuanto a las posibilidades del cine y con las habilidades de un genial artesano, Scorsese se apoyó en una gran cantidad de material visual, no tan desconocido e intensamente repetido, para presentar, más que una buena dirección, una magnífica edición de un segmento de la vida y obra de Mister Bob Dylan. Incluso la entrevista al Bob Dylan sexagenario presentada en el documental tampoco fue hecha por Scorsese –la realizó el agente de Dylan, Jeff Rossen-. En donde sí pone su mano Don director es en reafirmar su excepcional sello producto de una vasta experiencia en eso de fundir cine con música. A corte directo, crudo y sin consideraciones, la edición va encadenándose durante toda la película para equilibrar la historia –los hechos, los conciertos, las entrevistas, uno tras otro-, con las reflexiones de personajes alrededor de Bob Dylan; Peete Seger, Joan Baez, Tom Paxton, Maria Muldaur, la del poeta beat Allen Ginsberg, entre otros; todos ellos en un coro de remembranzas junto al mismo Dylan. Resultado: “lo que ya se sabe”, pero con el apoyo de imágenes muy bien escogidas producto de una impresionante recopilación de las mismas. No Direction Home ilustra una época en la que el icono conocido como Dylan, cual representación semireligiosa, será incapaz de desligarse del ser humano de carne y hueso. Esa otra parte, la voz del personaje real, el mortal, el hombre de todos los días, nunca se cansará de manifestar su propio hastío para insinuar con ello una constante reinvención como parte de su desdoblada y vuelta a desdoblar personalidad. Una contradicción que servirá de base para que los antidylan señalen con dedo flamigero al artista y recordar que alguna vez Truman Capote lo nombró como un farsante. El viaje que comenzó en ninguna parte (un pueblo perdido en Minnesota) sigue sin encontrar reposo. "Ahí está su Bob Dylan" –parece decir sin ningún tipo de resentimiento el trovador indiscutible del siglo-. "Hagan lo que quieran con él; a mí déjenme en paz."

Trailer del film:



Ficha Técnica:
Año de producción: 2005 (Estados Unidos)
Dirección: Martin Scorsese. Actores: Bob Dylan, Liam Clancy, Allen Ginsberg, Joan Baez, John Cohen, Mickey Jones, Bruce Langhorne, Match Miller, Bob Neuwirth. Fotografía: Maryse Alberti, Mustapha Barat. Distribución (DVD): Paramount Duración (sin extras) 227 minutos. Género: Biográfico, documental, musical. DVD: Inglés 5.1 con subtítulos en español. Distribuye en DVD: Paramount.


viernes, 13 de julio de 2007

The Last Waltz


De la música pop de los años sesenta se pueden recordar diferentes bandas que tuvieron la fortuna de contar entre sus integrantes talentos individuales que en conjunto fueron capaces de aportar a la historia verdaderos hitos. El ejemplo más reconocido es la suma de aptitudes entre John Lennon, Paul McCartney y George Harrison. Con el paso de los años el recapitular sobre la música popular, particularmente en el rock, casi siempre se ha convertido en un simple ejercicio de primer reconocimiento. Nombres como Led Zeppelin, Deep Purple, The Doors, The Beatles, empiezan a obstaculizar la presencia por demás sobresaliente de otras bandas. Y es precisamente con el nombre aparentemente apocado de La Banda (The Band, antes The Hawks) como podemos encontrar uno de esos ejemplos que no están en el colectivo al nivel de bandas supra famosas.

La buena música trasciende los tiempos, pero no siempre sigue siendo expuesta y por desgracia no sobrevive en un mundo globalizado y saturado de información. Canadienses de Ontario y contemporáneos de los Beatles, Richard Manuel, Garth Hudson, Rick Danko, así como Levon Helm (Marvell, Arkansas) son nombres alejados de la fama a pesar de ser protagónicos de un documental que sirve de ejemplo para los estudiantes de cine en su aprendizaje sobre la producción y realización de conciertos de música rockera.

El director de ese documental es, nada menos, Martin Scorsese y el film es The Last Waltz (1978). También participan Neil Young, Eric Clapton, Van Morrison, Bob Dylan, Muddy Waters, Ringo Star, Joni Mitchel, Paul Butterfield, Neil Diamond, Ronnie Hawkins, Dr John, The Staple Singers, Ron Wood y Emmylou Harris. Pues a pesar de toda esta pléyade de conocidos y en conjunción con el generador de la idea del documental Robbie Robertson el film es poco conocido e incluso poco valorado creativamente tanto en el aspecto cinematográfico como en el terreno musical no por la crítica o los melómanos del género, sino por aquel público enclaustrado en lo mismo de siempre.

Dentro del film ningún momento es desperdiciado. Con la intención de que nadie supere a nadie, todos los personajes están en un punto de flotación o levitación que se percibe en la fuerza de cada interpretación, tanto de los invitados como de La Banda. Las entrevistas posteriores que inserta Scorsese en el documental son muy reveladoras de la ideosincracia de cada miembro del grupo. Richard Manuel (piano, batería, voz, compositor) con esa personalidad de aquel que sabe que el fin, su fin, estaba cerca. Richard Manuel falleció en 1986 sin nunca salir del problema de las adicciones. Rick Danko (bajo, violín, voz, compositor) en una introspección en comunión con la música, su música; murió en su hogar de muchos años (Woodstock) el 10 de Diciembre de 1999. Levon Helm (batería, cantante, compositor) expresando su conocimiento y su pasión por la música hasta los tuétanos. Garth Hudson (teclados, arreglista) un relajado y creativo músico de alta escuela. Y Robbie Robertson (guitarra, compositor) quien refleja su personalidad del tipo Paul Mc.Cartney en Let It Be (Michael Lindsay-Hogg, 1970) que sin demérito de la propuesta del film y de la producción del mismo, su protagonismo tiene momentos que no están en el nivel de fluidez del resto del grupo; prietito en el arroz sin mayor trascendencia.

30 años después (el concierto de despedida fue el 25 de Noviembre de 1976 en el Winterland de San Francisco) es posible conseguir el DVD de renta en esa trasnacional de todos conocida. Siendo el caso de que alguien quiera volver a ver el documental o que por primera vez lo haga dos recomendaciones muy especiales: 1) Escucharlo a todo volumen –sugerencia del mismo director- y 2) No permitir ningún tipo de interrupción; si la abuelita, el niño impertinente, los amigos ignorantes, o cualquier intruso desconocedor del asunto osa molestar, entonces se hace necesario e imperioso mandarlos mucho a chiflar a la loma. No es para menos, The Last Waltz es una obra maestra del cine.

Ficha técnica:

Director; Martin Scorsese. Documental. Actores: (todos como ellos mismos) Richard Manuel, Garth Hudson, Rick Danko, Levon Helm, Robbie Roberton, Neil Young, Eric Clapton, Van Morrison, Bob Dylan, Muddy Waters, Ringo Star, Joni Mitchel, Paul Butterfield, Neil Diamond, Ronnie Hawkins, Dr John, The Staple Singers, Ron Wood, Martin Scorsese y Emmylou Harris. FM Productions, Estados Unidos, 117 minutos.

Enlaces para videos del film:

The Band with The Staple Singers (The Weight)
It Makes No Diference
I Shall Be Released
The Band with Bob Dylan (Forever Young / Baby, Let Me Follow You Down)

The Band with Van Morrison
The Night They Drove Old Dixie Down





martes, 26 de junio de 2007

LA VERDAD INCOMODA


Un tema social de proporciones mundiales. Y el cine acude con su ayuda para difundir el mensaje lo más rápidamente posible. Un documental, La Verdad Incomoda (An Incovenient Truth, 2006), para aprender de un tema –quienes ya son expertos, favor de abstenerse-. En esta ocasión me parece irrelevante mencionar si cumple con las expectativas de los cinéfilos más exigentes. Igual de innecesario polemizar si el cambio climático es producto de la mente retorcida de científicos locos. Precisamente en contra de la falacia de que el cambio climático no está comprobado, Al Gore (ex candidato presidencial en Estados Unidos en el año 2000) nos revela de manera muy didáctica el problema al que nos enfrentamos todos los habitantes del planeta.

Pacientemente, a través de su vida, Al Gore se ha ido rodeando de datos técnico-científicos en relación al calentamiento global. El documental realizado por Davis Guggenheim tiene la virtud de hacer agradable la exposición de un conferencista.

Respuestas a preguntas en apariencia sencillas. ¿Qué es el CO2? ¿Qué es el efecto invernadero? ¿Cuál es la influencia del hombre sobre el clima? Incluso, el documental intenta alejar el dogma del “no pasa nada”

La propuesta no es ver el documental para después salir a las calles a destruir todo objeto contaminante o hacerle la vida imposible a las empresas que están dañando el medio ambiente. Al Gore es un político demócrata que conoce cómo funciona el sistema económico y no pretende derrumbarlo con la denuncia del calentamiento global. De hecho no se menciona a las empresas que más están contribuyendo al daño global –la mayoría de ellas al norte del ecuador como el mismo Gore acepta- El mensaje está orientado básicamente hacia nosotros como individuos que podemos y debemos modificar ciertos patrones de consumo que recrudecen el problema. Sin el hostigamiento del tipo Michael Moore el film gana en credibilidad. Además el objetivo de su realización es conseguir en la mayor parte de la población mundial la consciencia de lo importante que es empezar a tomar medidas contra el cambio climático producto de la acción del hombre (emisión de gases con efecto invernadero).

El primer plano para el ex candidato presidencial a lo largo del documental, así como sucesos dentro de su vida personal y su familia son las partes mas flojas y por momentos desconectadas del objetivo principal; pero ningún político que se digne de serlo dejaría pasar esa oportunidad. Por esa ruta Al Gore pretende seguir manteniendo su imagen pública en la mente de los potenciales electores de su país, demostrando su habilidad política al escoger un tema color verde muy favorable a sus intenciones futuristas, cualesquiera que éstas fueran. A pesar de esa posibilidad, La Verdad Incomoda tiene en su descargo la extrema importancia del tema y el beneficio de platicarle a la gente con palabras de a centavo el por qué y el cómo ayudar a resolver (todavía a tiempo) un asunto de dimensiones globales. Para la reflexión.

Ficha técnica:

La Verdad Incomoda

(An Inconvenient Truth)
Dirección
: Davis Guggenheim Producción: Lawrence Bender, Scott Z. Burns, Laurie David Fotografía: Bob Richman Música: Michael Brook Edición: Jay Cassidy, Dan Swietlik Con: Al Gore EE.UU., 2006, Participant Productions, 95 min

sábado, 9 de junio de 2007

EN EL HOYO


Donde alguien ve congestionamiento vial, otro observa el trabajo cotidiano de los obreros de la construcción. Donde unos se quejan del ruido, otros hacen música con el mismo ruido.

Se sabe que el documental puede y debe preservar la memoria colectiva de los pueblos. Lo dice y lo confirma el director Juan Carlos Rulfo a propósito de su film En el Hoyo (México 2006). La publicidad de éste documental se empeña afanosamente –me parece inteligente- en invitarnos a ver una obra cinematográfica “sin denuncia social o política”. El tan cacareado “segundo piso” del periférico del Distrito Federal en México –obra monumental del gobierno de Andrés Manuel López Obrador- sirve de un excelente pretexto para encontrar al Chabelo, al Grande, al Guapo, a Vicencio, a Pedro, Tomás, al Chómpiras y al Chaparro, todos ellos trabajadores de la misma obra. También albureros de alta escuela y con clase. El México real.

Hay que quitarse la pena y decir las cosas como son. En el Hoyo es un documental con denuncia política y social, que nadie se engañe. La denuncia está explícita en la jocosidad, la picardía, la sabiduría popular de unos obreros que entienden perfectamente su situación social y el motivo de ella. Que las cosas se cuenten de diferente manera es otro asunto. Y en ello sí hay un motivo de agradecimiento para el realizador. Nunca durante el desarrollo del documental se percibe la mínima insinuación partidista o la exaltación desmedida al evidente gigantismo –ese sí político- del “segundo piso”.

La cámara impone. Esa frase es uno de los principales obstáculos para enfrentarse al documental. Casi como de manera didáctica habría que decirle al documentalista novato; primero hay que hacer amigos y después filmarlos o grabarlos. Así también piensa Juan Carlos Rulfo en cuanto a su trabajo de documentalista. Es condición necesaria dar plena confianza a sus personajes cuando estos se transparentan frente a una cámara. Gran resultado consigue en ese sentido Rulfo.

Algunos especialistas tradicionales consideran al género documental como el hijo pobre del cine. Nada más alejado de la realidad. Los recursos técnicos y de producción puestos en favor del documental de Rulfo son de primera. Mención especial merece la banda sonora (Leo Heiblum), que con el sonido ambiental de la construcción logró un excelente trabajo. La foto fija para animar el proceso de la construcción de los puentes de la obra es la muestra para entender otra diferencia que exige la realización de los documentales en comparación al cine de ficción; un documental puede pedir a su creador meses o años para ver el resultado final.

En el Hoyo lo cotidiano es hecho cine. Lo cotidiano hecho documento. Lo cotidiano para la historia. Rulfo debe servir como ejemplo para incentivar –aprovechando el impulso de video digital, por ejemplo- a los nuevos realizadores para plasmar historias que están esperando ser contadas con el único interés de aprovechar las posibilidades de la imagen; de lo cinematográfico que puede resultar la construcción de un puente o de un edificio, o el trabajo de cualquiera en cualquier parte.

Que el cine es capaz de darnos esas diferentes perspectivas de la realidad tiene un buen ejemplo en el final de En el Hoyo –no lo describo aquí con la intención de invitar a verlo-. Quizá no resulte exagerado decir que En el Hoyo es un monumental documental.

Ficha técnica:

Dirección: Juan Carlos Rulfo. Montaje: Valentina Leduc. Fotografia: Juan Carlos Rulfo. Guión: Juan Carlos Rulfo. Música: Leo Heiblum. Producción: Eugenia Montiel Pages Juan Carlos Rulfo. Productor ejecutivo: Eugenia Montiel Pages.

Trailer del documental