martes, 7 de octubre de 2008

Capitalismo: ¿no hay de otra?


Mira qué interesante, encontrar la serenidad, la calma, la inteligencia, en hombres que saben aprovecharse de la tragedia de otros. Tragedia que no importa el grado de descomposición al que haya llegado con una frase tan anticuada, obsoleta, como setentera; la crisis del capitalismo. ¿Cuál crisis? Al contrario, deberemos sacar lo bueno de ésta; aprender de la lección que más pronto que canta un gallo nos dará Carlos Slim y Warren Buffett, entre otros, cuando demuestren los importantes beneficios que les redundará el ser pacientes y congruentes con el sistema; donde yo gano, muchos pierden. Por ello, son objeto de admiración pública.

Un senderito marcado sería desprenderse de sentimentalismos; porque la vida se vive una vez. Ahora o nunca. Cuál fin del capitalismo ni que la fregada. Son (somos) idealistas perversos todos aquellos ilusos que no entendemos los complejos y sesudos análisis fundamentales de la macroeconomía; si es necesario pagaremos con la vida hasta que entendamos: la esclavitud es distinta ahora, pero no ha desaparecido.

¿Qué tiene que hacer el ciudadano común ante este nuevo panorama?, pregunta el poco común y destacado hombre de noticias. “Esta situación debe verse como una oportunidad para los emprendedores”, contesta sabiamente el analista. ¡Ahh!, ya entendí. Hay que pasar encima del que se me ponga en el camino.

Frío, sereno, calculador, tenaz, astuto. Aplicar hasta el cansancio la regla de oro; comprar barato. Mirar, aprender y repetir; ¿es eso tan difícil? Si lo es, entonces es tiempo de empezar otra vez el ciclo. Es tiempo de reforzar el mismo aleccionamiento: La oportunidad es para todos; no hemos sido capaces como seres humanos para encontrar algo mejor que el capitalismo, ni modo, es lo que tenemos; hay que prepararnos, vendrán tiempos duros; no debemos dejar de reconocer que por cada crisis vamos estando mejor preparados; los ciclos son inevitables, afrontémoslo… Mientras que llega la bonanza, prepárate para ser el mejor. No importa lo que hagas, habrá recompensa para el bien portado.

Y el discurso en realidad es convincente, no suena mal. Todavía más; en la aspiración de una gran mayoría así se vive, así se trabaja; con honestidad y perseverancia. Aunque de cuando en cuando se les tenga que volver a levantar el ánimo porque; la devaluación de tu moneda es cosa pasajera, el desempleo es temporal, los impuestos tendrán que subir, los precios no resistirán la inflación, el país no crece, la inseguridad cada vez es mayor, la impunidad es un problema cultural, la educación es pobre, tenemos déficit en el sector salud, etc, etc, etc. ¿Y la vida de todos? ¿Seguiremos otorgándola en sacrificio mientras? ¿Mientras qué?

No es bueno caer en la desesperación, son tiempos de madurez y serenidad, prosigue el embustero. El país, ahora más que nunca, necesita la unidad de todos para salir adelante. ¿Dónde y cuándo ya lo escuchamos? Porque los bien portados somos millones. Ahí está el buen estudiante y recién egresado, desempleado o mal remunerado. O el pequeño empresario, asfixiado por pagar impuestos y una nómina cada vez más reducida. O el migrante impulsado y expulsado por una necesidad imposible de satisfacer en su lugar de origen.

Pero es que el capitalismo promueve la competencia y la innovación, argumenta el liberal. Si, y guerras y deforestación, contaminación, descomposición social, desigualdad, pobreza, desnutrición, hambrunas…O en términos apropiados al gusto del chamuscado liberalismo; el retorno de la rentabilidad que debemos pagar por la competencia y la innovación causa desajustes o desequilibrios que sólo el crecimiento sostenible en el tiempo podrá revertirlos y aumentar así en consecuencia el ingreso per capita. Méndigo choro, verdad o mentira; pero qué categórico se oye.

Así que llegó la hora de prender veladoras y quemar incienso para los nuevos hombres sabios (los magos del dinero). Los dueños de la fortuna terrenal. No importa que se apelliden Slim o Buffet, la cuestión es la concentración ofensiva y humillante provocada por la rapiña, eufemísticamente nombrada “oportunidad”. Y el engaño; aquel que dice que no debe haber límites y restricciones para la naturaleza humana. ¿Por qué debemos seguir creyendo ciegamente que así debe ser?

jueves, 2 de octubre de 2008

2 de octubre 1968



"Se equivocan quienes se despiden ya del 68. Más allá de ser un aniversario más a conmemorar en el calendario cívico emergente, los 40 años del 68 son campo de batalla en contra del autoritarismo y momento de celebrar su victoria cultural. Son una ventana para asomarse a ver la historia que está naciendo. Lejos de ser una mera ceremonia luctuosa o el recordatorio de una derrota, esta conmemoración es parte de un ensayo general para construir otro país. Es el futuro refrescando la memoria"; Luís Hernández Navarro (La Jornada 2/octubre/2008).

La violencia estructural, aquella de la corrupción, impunidad, descomposición de instituciones, pobreza, desigualdad, sigue estando vigente en México. Y la violencia directa: represión, encarcelamiento, terrorismo, crimen, brota insistentemente en todo el país como una enfermedad crónica difícil de erradicar. Es persistente tener en el recuento de la historia mexicana la ineptitud de sus actores políticos para encontrar soluciones pacíficas a las diferencias con sus adversarios. En varias ocasiones termina el antagonista confundido convenientemente como el enemigo.

Está bien proclamar, casi como moda, que la violencia en la Plaza de las Tres Culturas en 1968 no debe marcar los destinos de México como Nación. Que la vuelta de página debe cicatrizar la herida. Que ya lo pasado pasado. Todo eso suena bien si la justicia se hubiera concretado desde hace mucho tiempo contra todos los responsables, y la monstruosa impunidad profesada el 2 de Octubre fuera cosa justamente del pasado. Pero no ha sido así.

El fotógrafo retirado, Jesús Fonseca Flores (El Universal), quien estuvo presente en Tlatelolco el 2 de octubre declaró en una entrevista: “se soltó una balacera pero bruta, bruta”. Esa brutalidad descrita por uno de los testigos presenciales se convirtió en un ruido tan fuerte que por momentos se hizo perceptible en un radio de tres kilómetros alrededor de la Plaza. Tanto terror fue consecuencia de una descoordinación entre todas las corporaciones que intervinieron, y todas, con una capacidad de fuego indiscriminada. El uso de la fuerza, además de exagerada e injustificada, fue totalmente ilegal. No sólo hubo ilegalidad en las instituciones claramente identificadas con su uniforme, sino lo peor y de graves consecuencias, también la hubo en todos aquellos que utilizaron la confusión, el engaño y formas manifiestamente delictuosas al vestirse de civiles y provocar con ello actos francamente terroristas. El mismo ejército uniformado fue víctima de ese proceder.

Pero también está la perversidad orquestada desde la típica simulación de políticos traidores y doble juego. El 30 de septiembre el gobierno federal envió una señal para el diálogo cuando desocupó la Universidad y el mismo 2 de octubre por la mañana tres líderes del Consejo Nacional de Huelga; Luís González de Alba, Gilberto Guevara Niebla y Anselmo Muñoz, se reúnen con Andrés Caso Lombardo y Jorge de la Vega Domínguez, los dos representantes del gobierno federal, quienes todos juntos en casa del ingeniero Javier Barros Sierra, rector de la UNAM, tienen un acercamiento para encontrar solución al pliego petitorio de los seis puntos. Este hecho sin duda fue tardío pero encima, principalmente, funcionó como una distracción para algunos líderes del CNH y hacerles sentir confianza, incluso quedaron de reunirse en Chapultepec en la Casa del Lago para el día siguiente 3 de octubre. Es decir, tres importantes líderes acudieron a Tlatelolco por la tarde pensando ellos mismos y haciendo sentir al resto de sus compañeros en la posibilidad de llegar a entendimientos con el gobierno.



En entrevista publicada por El Financiero, el autor del libro 1968: todos los culpables, Jacinto Rodríguez Murguía, pone en el debate una hipótesis fabricada con base en las eternas e interminables traiciones de los altos círculos de poder: “Si Echeverría mandó filmar la masacre del 2 de octubre fue porque sabía que el guión y el escenario estaban listos y sólo le faltaban los actores: estudiantes, Batallón Olimpia, ejército regular y francotiradores…En esa lógica, Luís Echeverría engañó a Díaz Ordaz; Díaz Ordaz engañó a su secretario de la Defensa Nacional, Marcelino García Barragán, y se alió con su jefe del Estado Mayor Presidencial, Luís Gutiérrez Oropeza; Gutiérrez Oropeza y Mario Ballesteros Prieto, de la Sedena, engañaron a Marcelino García Barragán y éste, a su vez, terminó odiando a Echeverría, a quien acusa de haberlo traicionado. Toda una historia llena de traiciones en los momentos más críticos del país.”**

Es tiempo para que también los militares acepten sus errores con honestidad y honorabilidad. Lo primero sería aceptar la manipulación de la que fueron objeto por parte de autoridades civiles durante todo el conflicto y su presencia, abusiva en extremo, contra manifestantes absolutamente pacíficos en Tlatelolco el 2 de octubre. Que, a pesar de las cuatro décadas ocultándolo oficialmente, los militares reconozcan sus bajas (heridos y muertos) de forma real y no la cifra mentirosa que han querido imponer a la historia. Es muy posible que, producto de las traiciones al interior del poder y la necesidad de esconder éstas para no demeritarse y humillarse ante la historia y la opinión pública, el número de víctimas mortales no reconocidas deberá incluir más militares de los aceptados. Parte de la tropa que recibió órdenes para presentarse en la Plaza de la Tres Culturas quedó peligrosamente expuesta cuando la balacera dio inicio y rápidamente se generalizó ésta sin ningún tipo de control. Aunque hay quien no admite este punto, cada vez más es evidente que hubo una traición contra el ejército aquella tarde noche de octubre. Con los escasos documentos fílmicos que por el momento es posible analizar, es notorio observar que una gran cantidad de soldados (varios centenares) quedaron a descubierto, tanto en la plancha de la plaza como en las ruinas prehispánicas, cuando desde diferentes edificios grupos de francotiradores dispararon a discreción. Hasta el momento no ha sido posible determinar con certeza el número de bajas civiles y militares, pero es poco creíble la cifra reconocida de sólo dos soldados muertos. Como parte de la reconciliación con el país es necesario hacer a un lado la tradición en donde el aporte documental y por escrito, en México, es casi visto como un dogma, esto es; sólo lo anotado en un papel puede considerase prueba contundente. Otro mito importante de borrar en el accionar del ejército y en descarga de la institución es aquella versión empeñada en asegurar que no había escapatoria de la plaza. Sí existía salida para los manifestantes; todo el corredor trasero del edificio Chihuahua, rumbo a Paseo de la Reforma, no tenía la presencia de policía o soldados. Hay diferentes testimonios publicados al paso del tiempo en ese sentido, lo cual es congruente con el objetivo militar dispuesto para empujar a los manifestantes hacia esa salida. Los soldados desplegados en la vanguardia del operativo desconocían la intensidad de fuego que desatarían los francotiradores. Por parte del ejército regular la orden era disolver un mitin, sí; masacrarlo no.



Y algo todavía más; Gustavo Díaz Ordaz, desde luego es el principal responsable y culpable de los hechos del 2 de Octubre (él mismo lo reconoció en su quinto informe de gobierno, aunque hábilmente pretendió evadir la culpabilidad), pero a diez días del inicio de los Juegos Olímpicos, con la mirada del mundo puesta en México, no tiene lógica la idea tétrica de escudriñar en la mente de aquel hombre ordenando una masacre. Por supuesto que fue partícipe de todas las decisiones tomadas ese día y por ley le correspondía también el mando intelectual, pero otros actores poco nombrados en la historia fueron tan o más culpables que el presidente. Todo el aparato represor estuvo presente y actuante; policía capitalina con diferentes corporaciones, Servicio Secreto, Dirección Federal de Seguridad (Secretaría de Gobernación), Estado Mayor Presidencial, militares encubiertos (Batallón Olimpia), tropa uniformada, agentes de la Procuraduría General de la República, agentes de la Procuraduría del Distrito Federal y los grupos paramilitares financiados de forma clandestina por el gobierno del Distrito Federal, siendo estos últimos quienes fueron los principales francotiradores que dispararon contra la gente y soldados, y que obedecían directamente a un militar; el regente de la ciudad general Alfonso Corona del Rosal. En conclusión; toda esa burocracia ejecutiva superó a los diferentes mandos y responsables directos en el teatro de operación. El número de elementos participantes enviados por todas esas instituciones (legales o ilegales), reconocido oficialmente, superó la cifra de cinco mil. El mitin apenas y logró juntar cuando mucho a seis mil personas. Tanto poder represivo y por ende de fuego, tuvo como consecuencia un incuestionable crimen de Estado. Además, estuvo el ingrediente nefasto de la interminable desconfianza, suspicacia, odio, rencillas, ajustes de cuenta, casi todo ello consustancial y sistemático entre las corporaciones policíacas y militares en el país En el México lleno de historias de traición a través del tiempo; Tlatelolco es el peor ejemplo.

Otro actor histórico que apenas se ha insinuado pase al banquillo de los acusados es el todo llamado medios de comunicación; quienes, con sus debidas excepciones, faltaron a su función principal: decir la verdad. Pero no el reportero, no el fotógrafo adscrito a cubrir la nota. Ellos hicieron lo posible por documentar de manera escrita y visual el grado de violencia desplegada aquella noche. La frase Prensa Vendida es propiedad de los editores y dueños de varios medios, quienes se hicieron cómplices con su manipulación y ocultamiento de lo verdaderamente acontecido. Apellidos que hoy todavía se pavonean (Azcarraga, O’ Farril, por ejemplo), con su actitud manifiestamente pro-gobierno también fueron corresponsables del nivel de violencia ejercido…En un país como México, con pobrísimos niveles de escolaridad y donde los escasos contactos con la lectura y la información se reducen a un trato superficial con los medios escritos y electrónicos, el manejo de los acontecimientos fue tendenciosamente favorable al clima de represión sin oponer una resistencia informativa que le hiciera contrapeso al poder del Estado. En aras de una supuesta objetividad, el manejo de la información tenía una intención ideológica muy cercana al interés económico y de atadura a las estructuras de control político de todos los gobiernos priistas. La formación de opinión pública resulta una falacia cuando nos referimos al estado de cosas dentro de la mayoría de los actores conocidos como prensa mexicana durante aquellos años sesenta. En relación al caso concreto de la violencia del 2 de Octubre son otro tanto cómplices, por haber legitimado con su desinformación, manipulación y ocultamiento de lo sucedido desde los previos a ese día y en mayor grado por lo lamentable de aquella trágica noche. El silencio y la mentira fue su nota. La justificación para la prensa de ese tiempo no tiene lugar dentro de un juicio social que ya le ha repudiado todas aquellas omisiones y encubrimientos. Queda dentro de sus pendientes con la sociedad mexicana un reconocimiento de su deuda moral por su manejo parcial y manipulado de lo sucedido en todo ese año, principalmente en la capital del país. Los estudiantes quedaron marcados en sus páginas y en sus notas, pretensiosamente informativas, como “revoltosos”, “pendencieros”, “agitadores del orden”, "comunistas", y en el caso extremo como “francotiradores”; es decir, la criminalización de los jóvenes vía medios de comunicación. Pretexto ideal para reprimirlos como se les reprimió. En conclusión, no eran estudiantes con una lucha democrática, eran “enemigos” del pueblo de México. De ahí la justificación para legitimar el uso de la violencia contra ellos; al “enemigo”, se dice; se le destruye, se le aniquila.

Y sí, aunque todavía hay quien es capaz de decir lo contrario: Los estudiantes y población reunida en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 fueron víctimas inocentes. Los estudiantes y su reiteración por utilizar la Plaza de las Tres Culturas son los menos culpables. No podían adelantar la magnitud de la represión, sabían y tenían reconocido que ésta venía escalonándose pero nunca al grado que alcanzaría. Y el utilizar en varias ocasiones a Tlatelolco fue consecuencia de 1) haber pasado de la ofensiva por allá del mes de agosto, al acorralamiento provocado por la fuerte presión del gobierno cuando éste le impidió a los estudiantes reunirse físicamente en los lugares propiamente identificados para mítines y asambleas, convirtiendo a ese punto de la ciudad (Tlatelolco) en el último lugar para seguir manteniendo la lucha y 2) un apoyo real para el movimiento mostrado por una gran cantidad de habitantes del lugar. Eso es todo por lo que se les puede criticar. Lo demás son expresiones sin fundamento. Aquella minoría que efectivamente existió al interior del movimiento y con una fuerte disposición para enfrentar por métodos violentos al gobierno establecido no representaba un peligro real. En archivos desclasificados y hechos públicos, la propia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) así se lo reportaba a su gobierno, pensar lo contrario es simplemente una verdadera tontería. Como también ponderar el número de muertos se hace una obligación. Aunque el conocimiento certero de ese número fue ocultado, las consecuencias de ello nos llevan, paradójicamente, a determinar que las cifras son indeterminables; una incógnita, y el querer aumentarlas o disminuirlas sin fundamentos también contribuye a la mentira. Tan grave es negar desde un muerto como hablar de cientos de ellos. En todo caso, la población reunida pacíficamente el 2 de octubre en Tlatelolco no merecía ni un muerto.



Hoy, no olvidar, ni cambia lo sucedido ni revive muertos; no olvidar es para tener siempre presente que alcanzar la democracia plena no es un camino cortito y que los cantos de sirena de la mano dura para alcanzar estabilidad y gobernabilidad sólo servirán para levantar ámpula a una herida sin cicatrizar…Los gobiernos civiles en México, después de la Revolución de 1910, han utilizado a los militares en diferentes tiempos y ocasiones para reprimir a la población o combatir crímenes. Hoy no es diferente; cuidado. Hoy; 2 de octubre de 2008, el presidente, necesitado con urgencia de los militares para combatir el narcotráfico, guarda un insultante silencio para el movimiento estudiantil de hace cuatro décadas. ¿Por qué?


martes, 30 de septiembre de 2008

Para comprender la Crisis Financiera


Martha Colmenares escribe en su sitio un artículo muy apropiado para entender de manera sencilla el complejo entramado de la crisis hipotecaria y financiera que más temprano que tarde todos vamos a resentir. Dejo aquí una parte del texto y la referencia del mismo. Vale la pena leerlo completo.

Antes de entrar en detalles, me gustaría explicar qué son los CDOs, que por cierto, es todo un reto, de esta manera, espero que Uds. puedan comprender por qué estos instrumentos financieros son tan complicados que nadie es capaz de evaluarlos correctamente, por lo que tienen trancado el sistema financiero.

.-Un ejemplo práctico

Imagínese que usted tiene un banco y viene una familia para pedirle un préstamo para comprar una casa. Entonces, si usted es responsable, va a revisar minuciosamente si la familia en verdad puede pagar el préstamo, de no ser así, en determinado punto esa familia tendrá problemas para continuar pagando y Ud. tendría que hacerse cargo de la casa, encargarse de los trámites para venderla, y demás, es decir, probablemente saldría perdiendo bastante. Por eso los bancos son muy prudentes.

El problema de ser prudente es que entonces no se puede aprovechar el auge de crédito, y ya les cuento como el sistema financiero se las arregló para no tener que ser prudente, pero primero, hay que ver una cosa: Si el “Banco Colmenares” le (dio) un préstamo a la familia “Pérez”, el “Banco Colmenares” tiene la promesa* de la familia Pérez de hacer los pagos de las cuotas. Resulta que esa promesa tiene valor en el mercado financiero.

Es lo que los Bancos usan para prestar el dinero una y otra vez: Si prestan un millón de dólares, eso involucra un conjunto de “Obligaciones de Deuda” que les permite prestar otro millón de dólares, que a su vez va a involucrar mas papeles que sirven para lo mismo. Por eso es que los bancos, a nivel mundial, pueden prestar veinte o más veces todo el dinero que tienen en depósitos, es decir, por cada millón en depósitos pueden hacer préstamos por 20 millones o más. Ahora, mientras más veces presta Ud. el mismo dinero, más vulnerable queda a que haya problemas, hasta el punto en que las instituciones encargadas de supervisar los bancos ya no le van a dejar re-ciclar el mismo dinero más veces.

Ahora, si Ud. viene con un invento, con un nuevo instrumento financiero que le permite convencer a los entes reguladores que Ud. está en capacidad de continuar reciclando su dinero, probablemente lo van a dejar hacerlo, especialmente si el gobierno de turno quiere disminuir los controles y la supervisión.

La raíz de esta crisis financiera es que los bancos, para poder prestar el mismo dinero más y más veces, comenzaron a “empaquetar” las obligaciones de deuda en papeles para venderlos en los mercados financieros. De esa manera, borraron los detalles de las deudas que ellos representan, convirtiendo préstamos hipotecarios con términos muy específicos en paquetes de muchísimos préstamos sin características individuales sino estadísticas.

Estos son los CDOs: Obligaciones de Deuda (las promesas de muchas familias como la “Perez” de pagar las cuotas) que están respaldadas por bienes como la casa que los Perez compraron (he allí el “colateral”). La “magia” fue que en un principio, y hasta hace muy poco, las agencias calificadoras de riesgo le otorgaron a los “paquetes” (a los CDOs) calificaciones de riesgo mejores que los préstamos individuales, la razón es su naturaleza estadística, las estadísticas tendrían que empeorar mucho para que los CDOs se vieran como instrumentos riesgosos.

Estos CDOs son un Frankenstein, porque igual que Frankenstein tenía órganos de diferentes personas, los CDOs son paquetes que tienen deudas de varios créditos.


...Leer completo en www.marthacolmenares.com
*Las negritas son mías.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Crisis financiera y Dios Mercado



En Estados Unidos el Dios Mercado dice adiós al mercado. Le dice al Estado; préstame. Y encima lo dice arrogantemente; si no me das lo que quiero (por el momento el apetito marca una cifra descomunal; setecientos mil millones de dólares) te derrumbo tu ficticia economía real. No te preocupes; Yo Mercado regularé esta crisis. Cuando Yo Mercado señale; “es tiempo de comprar barato”, la fiesta retornará.

"Yo te digo; en el camino a la recuperación habrá heridos y muertos, pero será indispensable. Así es la vida, dura y cruel. No importa la salud, la vivienda, educación y bienestar general de la población; toda ella tendrá que pagar el convite de mis adoradores. Soy el Dios Mercado y la gente no podrá contra mis designios; la avaricia y la deshumanización son mi fuerza. Yo Dios Mercado seguiré controlando la riqueza generada por todos. El beneficio será exclusivo de mis protegidos, de mis idólatras; si no me aman, se hunden conmigo, ellos lo saben".

"Dispongo Yo Dios Mercado que mis emisarios hagan lo que sea necesario para continuar el jolgorio. Les ordeno incautar la riqueza acumulada (los impuestos), con la advertencia de que si no se me acata la destrucción alcanzará a todos. Yo Mercado te exonero de tus dudas: Ríndete. Si no fuera así, tus privilegios; tu casa, tu trabajo, tu crédito, tus vacaciones, tus lujos…desaparecerán. Mira a tu alrededor; México, Centroamérica, o un poco más lejos: África, por ejemplo. ¿Quieres eso? Pues entonces calla y otorga el dinero necesario para el sacrificio".

"Deja de lamentarte y compórtate como Yo lo espero. Despréndete de tus sentimentalismos estorbosos; el dinero del Estado (el de los contribuyentes) es para continuar con lo mismo. ¿Quién necesita regular los límites del despilfarro? Yo Mercado soy inexpugnable; nadie escapa a mis caprichos".

Y esa será la historia en el país del in god we trust. Acá en México además estaremos orgullosos porque pusimos el ejemplo para la obediencia ciega (remember Fobaproa). Y mientras nuestros vecinos padecen esa grave crisis, en México nuestros funcionarios se defienden con argumentos tan sólidos e incuestionables como “nuestros mercados están saludables”.

Foto: wikipedia

martes, 23 de septiembre de 2008

23 de Septiembre 1968


La Universidad y sus estudiantes, pudiera decirse, rindieron la plaza sin oponer resistencia. El mismo general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional en 1968, así lo reconoció en el boletín oficial de la operación; “El ejército actuó en la Universidad de acuerdo con la razones expuestas por la Secretaría de Gobernación; no hubo incidentes desagradables, los estudiantes se entregaron sin oponer resistencia…La actitud manifestada por los elementos que se encontraban en la Ciudad Universitaria al no haber opuesto resistencia ni haber hecho manifestaciones de descontento, facilitó la operación.” Pero en el Politécnico la situación fue totalmente distinta.

En la última semana de septiembre se intensificaron los enfrentamientos en diferentes escuelas, principalmente del Politécnico; la Vocacional 7 en Tlatelolco, la Unidad Profesional de Zacatenco y el Casco de Santo Tomás. Una vez concluido el tiempo festivo de las manifestaciones, los estudiantes más combativos, manipulados o no, tomaron parte en acciones de franca rebeldía para responder a la violencia del aparato estatal. La mayoría de esos estudiantes tenían su origen en alguna escuela del Politécnico; y ellos sin duda fueron los más valientes, aunque también temerarios. Desde hoy es injusto criticar esa vertiente del movimiento aludiendo simplemente a su falta de visión por alcanzar el poder vía electoral, es decir; formar un partido político. Los estudiantes de ese año se toparon con una muralla. Sus demandas eran de corte democrático y sin embargo se les fue acorralando hasta dejarlos con pocas salidas. Es verdad: los dos actores, movimiento estudiantil y gobierno, jugaron al todo o nada. Pero así fue la circunstancia histórica y ello debe llevarnos a una reflexión; los cambios democráticos en México posteriores a ese año se han ido dando a cuenta gotas y hay responsabilidad por ello, tanto en los estudiantes que decidieron radicalizar la lucha como por el conveniente exceso de miopía que mostró el aparato de Estado. Aunque un legado indiscutible de los estudiantes fue abrir el sistema electoral para corrientes ideológicas diferentes a la oficial de la Revolución Mexicana de 1910, y monopolizada por el PRI, en realidad la transición democrática ha sido una transición cansada.

Los jóvenes de hoy tendrán derecho a reclamar por la herencia de sus viejos. Igualmente aquellos jóvenes del 68 también reclamaban a sus contemporáneos mayores. Los viejos de ahora dirán en su defensa que eso es injusto, para entrar así en una espiral perversa que termine por reconocer lo importante de los preceptos morales, éticos, políticos, sociales, culturales, de los adultos instalados en el poder durante cualquier tiempo presente. Y más que una vuelta a lo mismo, sería replantear el que nadie tiene derecho a reclamar en su nombre lo que corresponde a otros en el futuro. Debemos mirar a los jóvenes del 68 luchando por su presente y dejando una enseñanza que bien puede ser aprovechada por los de ahora; intentar ser críticos y seguir subvirtiendo el orden impuesto por los viejos de ahora. O dicho en palabras más llanas: las libertades democráticas siguen siendo un tema no resuelto a cabalidad en nuestra presente. Y para un acicate mayor; no sólo la transición está cansada, ahora también está interrumpida.


Las palabras para describir a los estudiantes politécnicos entre el 23 y 24 septiembre, aunque a muchos les cale, serían las de “defensores desesperados”. Es destacable que con pocos recursos materiales (armas caseras, bombas molotov, piedras, pistolas de bajos calibres) los estudiantes le hicieran frente a la policía capitalina y sus granaderos hasta entrada la madrugada del 24 de septiembre, cuando el ejército entró al quite. A pesar de la enorme diferencia entre defensores de escuelas politécnicas y ofensiva de fuerza pública, el mérito de mantener a raya durante varias horas a militares y policías le da al hecho su lugar en la cronología de ese año en la capital del país; fue una auténtica batalla. Batalla injustamente olvidada para el recuento de la historia del movimiento.

Un movimiento que pretende ser confiscado por la “política correcta”. Porque para un justo análisis habrá que apuntar la existencia de jóvenes verdaderamente convencidos de que su acción provocaría la ira, la rabia, la revuelta popular; así pensaban esos protagonistas en aquel 23 de septiembre. Fueron los estudiantes más representativos del desafío al sistema. Y como movimiento con diferentes corrientes e ideologías no es posible dejar de lado una de sus principales expresiones; los que pensaban que en la lucha de clases el levantamiento contra el poder establecido (sedición para términos jurídicos) era un camino más corto y en consecuencia inevitable. La acción, para estos estudiantes, era de mucho mayor importancia que el famoso diálogo público buscado por otras posiciones. Al movimiento estudiantil no es posible tan sólo mirarlo como aquel romántico contestatario; el de marchas, mítines y brigadas; también habrá que darle su lugar preponderante al de una línea abiertamente revolucionaria. Lo que sucedió entre la noche del 23 de septiembre y hacia la madrugada del 24, principalmente en el Casco de Santo Tomás, es un ejemplo irrefutable para entender y reconocer a esa parte de los actores del movimiento. Para el caso, hay un ejemplo contrastante y simbólico visto a través del paso del tiempo; el 23 de septiembre por la mañana, la lucha democrática expresada en la declaración del rector de la UNAM, el ingeniero Javier Barros Sierra, se hace patente cuando presenta su renuncia al cargo como consecuencia de una presión vía política contra el movimiento representado e impulsado por intelectuales, profesores, estudiantes universitarios en su mayoría; los reformistas, podría resumirse. Y por la noche de ese mismo día la lucha, aunque desigual, pero al fin lucha armada. En un extremo los estudiantes al norte de la ciudad en franca rebeldía. En otro extremo los estudiantes del sur universitario; debatiendo la legalidad o no de la violación a la Autonomía. Los dos igual de importantes, pero separados geográfica e ideológicamente.

Aquel notable contraste todavía es posible apreciarlo. Unos, haciendo mofa de los estudiantes vencidos en CU quienes simplemente contestaron con la V de la victoria cuando el ejército los detuvo. Hasta el secretario de la Defensa involuntariamente los premió con su declaración; “…al no haber opuesto resistencia ni haber hecho manifestaciones de descontento, (se) facilitó la operación.” Y luego los otros que cuando se refieren a la importancia de ese año para México, la defensa del Casco de Santo Tomás es casi por completo ignorada. El 68 fue, sí, imaginación en formas organizativas para expresar rebelión contra lo establecido, y también la puesta en práctica de teorías revolucionarias que los actores de ese momento consideraban oportunas. Contradicciones abismales entre unos y otros, aún declarándose ambos de izquierda. Nada que no siga siendo conocido.






Foto 1 y 3: El Universal.
Foto 2: La Jornada.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Richard Wright: Us and Them


Él nunca se imaginó cuántas veces a ellos nosotros los escuchamos. Y seguiré sumando sin importarme la cifra final. Tantas veces pueda regresaré con ellos, como uno más de nosotros.





Foto: Richard Wright (izquierda) con Syd Barret en la formación original de Pink Floyd.

jueves, 18 de septiembre de 2008

18 de Septiembre 1968


En parte de un comunicado de prensa expedido por la secretaría de Gobernación el 18 de septiembre de 1968 a la 22:30 horas se justificaba el proceder para ocupar militarmente Ciudad Universitaria: “Corresponde al gobierno federal, imponer ‘…el orden jurídico general, que incluye el orden interno universitario…’” Con el uso de la fuerza pública se desalojó entonces CU.

El objetivo militar se cumplió a medias. La toma de la Universidad era quitarle un foco de reunión a estudiantes que desde el principio del movimiento no habían dejado de utilizar las instalaciones físicas de facultades y escuelas para realizar mítines, asambleas, coordinar brigadas, repartir propaganda, organizar eventos culturales y en general disponer de recursos materiales para darle continuidad operativa al engranaje que desde fuera era visto de una sola forma: un lugar de entrenamiento para guerrilleros. Se cumplió a medias porque el descabezamiento de sus principales líderes no fue posible lograrlo ese día. Hay decenas de anécdotas publicadas en voz de algunos destacados líderes contando su experiencia que les permitió evadir la acción del ejército y por alguna circunstancia particular no coincidir con ese operativo militar de la toma de Ciudad Universitaria.

Como primera aproximación para tratar de comprender la ocupación militar de la Universidad, Sergio Zermeño en su libro Mexico: Una democracia Utópica, cuestiona acertadamente la lógica gubernamental de aquellos días. Hay que recordar que para esa fecha (18 de septiembre), y siguiendo el razonamiento de Zermeño, la unidad al interior del movimiento se estaba volviendo muy endeble como consecuencia del distanciamiento entre tres sectores: el profesionista o reformista de izquierda, el politizado de izquierda (Partido Comunista Mexicano) y el radical joven. Anota Sergio Zermeño: “Pero la manifestación silenciosa y los actos del 15 de septiembre sólo lograron ocultar un poco el estado de estancamiento que apuntaba ya, de alguna manera, a la desarticulación, cuando ya comenzaban a agotarse los medios de movilizar a la base estudiantil y la presencia activa de ésta disminuía sensiblemente, tocaría al adversario, una vez más, la torpe e incomprensible iniciativa de abrir un nuevo ciclo en la dinámica de la acción y del conflicto…¿Qué llevó al gobierno a tomar militarmente la Universidad la noche del 18 de septiembre con la prepotencia que evidencian los 10 mil soldados que efectuaron la operación? Sobre todo si tiene en cuenta que atacar la autonomía universitaria significaba tocar uno de los valores más inflamables del sector profesionista; significaba promover la acción y robustecer gratuitamente la alianza del actor movilizado en un momento en que movilización y alianza se encontraban en su punto más bajo. Todo para que el secretario de Gobernación declarara a la mañana siguiente: ‘La fuerza pública saldrá de la Ciudad Universitaria y ésta será entregada a las autoridades universitarias inmediatamente que éstas lo soliciten.’”


La experiencia del error cometido por el gobierno en 68 fue bien aprendida para posteriores conflictos universitarios. En la prolongada huelga que comenzó el 20 de abril de 1999 se utilizó a la Policía Federal Preventiva (en realidad militares, sencillamente uniformados de otra manera) hasta el 6 de febrero del 2000; casi un año para la toma de Ciudad Universitaria, es decir, se dejó que los estudiantes fueran generando sus propias divisiones al grado de aislar a unos cuantos en las posiciones radicales y utilizar la fuerza contra ellos cuando el apoyo social se les había retirado de una manera significativa. No así en 1968; un importante apoyo popular todavía tenía el movimiento al momento de la intervención de los militares en la Universiidad.

La toma de CU en 1968 desde luego también tenía presiones externas por demás obvias. Algunos miembros del Comité Olímpico Internacional tenían contemplado como un escenario suspender los juegos de octubre aduciendo, principalmente, razones de falta de garantías para visitantes y competidores. El más importante escenario olímpico, el estadio en ciudad universitaria, destinado para la inauguración de los juegos así como el desarrollo de las competencias de atletismo, estaba dentro del campo de acción de los estudiantes. Y aunque el compromiso del presidente Gustavo Díaz Ordaz nunca fue puesto en duda por la alta jerarquía del COI, la incertidumbre entre ciertos miembros de ese organismo en conjunto con las especulaciones de la prensa internacional fueron puntos no menores que el gobierno debió pulsar en la orden para tomar las instalaciones de la Universidad , sin olvidar, por supuesto, el carácter ineludible del autoritarismo intimidatorio del poder en lo general y lo particular del estilo del presidente.

La demostración de fuerza pública con militares al frente ya estaba previamente respaldada desde varios días antes con represión selectiva a líderes y simpatizantes en un ambiente de clandestinaje y con el uso de elementos paramilitares. La orden para detener a varios personajes claves y aplicarles “todo el peso de la ley” estaba también en marcha. La agresión directa a diferentes planteles del Poli y la UNAM están documentados y sirven para entender la lógica en el proceder del mecanismo directo de la represión y su fin (tanto para ese año como para nuestra historia en general); transmitir miedo e incertidumbre entre estudiantes y población en general. Quien nunca ha recibido el efecto real de una presión a través de violencia física o psicológica es muy común que interprete cómodamente esa situación desvalorando y menospreciando el asunto al grado de negar, o los hechos, o los testimonios de los afectados. El papel que jugaron en ese sentido la mayoría de medios impresos y electrónicos fue acorde con la estrategia gubernamental, ya fuera negando o minimizando la represión.

En la coyuntura actual de la campaña militar contra el narcotráfico, para entender la desproporción de la movilización militar en la toma de CU, en una ciudad como Ciudad Juárez, Chihuahua, donde la ola criminal y de ejecuciones es francamente alarmante, el dispositivo implementado en número de efectivos reconocidos por la Secretaría de la Defensa es de un total de 2 mil 500 efectivos. En 68, contra estudiantes, se utilizó una fuerza de 10 mil efectivos. ¿Alguien puede dudar que su comandante en jefe había perdido las proporciones del uso legítimo de la fuerza?



Fotos: El Universal