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sábado, 25 de abril de 2009

Seeqpod al Chapter 11


En algunas entradas he utilizado un reproductor de Seeqpod para tracks de audio y complementar con ello comentarios de blues. A partir de ahora no es posible utilizar el reproductor mencionado, la razón obedece a que el sitio en cuestión está fuera de servicio.

En esta semana Seeqpod se apegó a la Ley de Bancarrota en Estados Unidos (mejor conocida como Chapter 11) y aunque los administradores del sitio por el momento colocaron un anuncio de mantenimiento, las perspectivas para que siga funcionando parecen alejarse. El problema financiero así como la presión legal de EMI Music Group y Warner Music Group para denunciar en tribunales norteamericanos la violación de Seeqpod por utilizar copyright sin licencia ni autorización son el trasfondo para el cierre del sitio.

Algunos analistas argumentan que Seeqpod está intentando utilizar la figura legal de la bancarrota para eludir su otra responsabilidad legal por la violación de los derechos de propiedad intelectual o copyright, según las leyes norteamericanas.

Por lo pronto trataré en la medida de lo posible sustituir poco a poco los tracks de audio afectados por el reproductor en cuestión y encontrar otro que le dé sonido al comentario. El colocar algunas canciones en este blog simplemente tiene un fin ilustrativo y didáctico. Haciendo una revisión del mismo cualquiera podrá notar esa intención. El tema de la piratería tiene varias aristas en donde generalmente los extremos nunca serán lo mejor. Por un lado está aquel que se siente con el derecho –y además lo exige- que todo le sea otorgado gratis. Y por otro lado está la cerrazón de las compañías discográficas de no ser capaces de visualizar correctamente que la tecnología cambió la forma de hacer su negocio. No hay por el momento ninguna organización social seria que represente al consumidor y establezca una intención de acercamiento con las disqueras para encontrar un nuevo modelo de comercialización de la música. El empeño en querer vender un producto a precios elevados, dígase de un objeto como el compact disc o la modalidad de ofrecer una canción a 99 centavos de dólar vía Internet, por ejemplo, me parece que están desfasados de la realidad tecnológica y económica que vive el consumidor de música. Entre esas dos posiciones encontradas queda un terreno enorme para el abuso; unos alegando derechos y queriendo cobrarlos a precios de oro, y los otros estirando la mano sin dar nada a cambio. Y en medio de los dos anteriores los piratas al abordaje, y lo peor; los nuevos talentos con pocas salidas para la promoción y divulgación. Aunque se mencione precisamente a los nuevos canales de promoción y distribución como la panacea al alcance de todos, por el momento en realidad son marginales cuando se les compara con las todavía poderosas trasnacionales de la música. Seeqpod es por ahora un ejemplo más de cómo los mecanismos legales actuales terminan tarde o temprano enfriando las mejores intenciones de poner en practica el uso aparentemente "democrático" de la red. Por lo pronto no es totalmente así. La tecnología va mucho más rápido que las leyes. Leyes que, todos lo sabemos, estaban perfectamente diseñadas para abusar de autores y compositores así como de los consumidores. Esta historia continuará.

sábado, 4 de abril de 2009

Sí al capitalismo, no a sus capitalistas


La reciente reunión del G-20 me deja la sensación de bomberos bien coordinados para apagar un gran incendio. Parece que lo lograron, es decir, acabaron con la emergencia en donde de momento evitaron mayor propagación del fuego. El mensaje de unidad cumplió por ahora su función. Los mercados bursátiles (aliados de los bomberos) respondieron positivamente, cuando menos por esta semana.

Eso es lo bueno. Lo malo es que debajo de las ruinas provocadas por el incendio sigue latente el problema. Andrés Lajous propone en su blog la lectura para la reflexión de un artículo publicado en El Universal y escrito por Balakrishnan Rajagopal con un planteamiento de un nuevo orden mundial. Ese tipo de propuestas por el momento fueron arrinconadas por todo el G-20. Tengo el sobresalto de que la conferencia resultó en un “sálvese quien pueda, pero no se lo digan a nadie”.

O lo diría de esta otra forma. Se supone que hay expertos detrás de los mandatarios del G-20; ¿y qué los hace diferentes ahora a los de hace un año? ¿Quién tiene la solución real para esta crisis? Porque son los mismos nombres; los mismos asesores, economistas, autonombrados expertos, que hace un año no tenían la más remota idea de lo que ahora está aconteciendo. Su defensa para esto siempre es recurrente; nadie conoce el futuro. Y es precisamente esa vieja defensa los que los hace vulnerables y con poca o cero credibilidad. ¿Por qué ahora sí habrá que creerles en sus pronósticos?

¿Dónde está la sabiduría y el conocimiento de esos pseudo-especialistas para tener la capacidad de formalizar temas de trascendencia con todo y soluciones ya ensayadas por algunas redes sociales?; comercio justo, cooperativismo, banca ética, por poner algunos ejemplos, buenos ejemplos. No, lo importante era y es sostener su modo de vida. Como una cachetada le dicen al mundo; regocijaos, hemos fortalecido al FMI.

martes, 31 de marzo de 2009

G-20: todo, menos unidad



Lo que yo desearía de la reunión del G-20 el próximo 2 de Abril bien puede abreviarse en lo escrito por David Harvey y publicado aquí. En pocas palabras; “a percatarse de la urgencia de la tarea que tiene enfrente; a que sus dirigentes políticos dejen de predicar banalidades sobre restaurar la confianza y se pongan a hacer lo que hay que hacer para rescatar al capitalismo de los capitalistas y de su falsaria ideología neoliberal. Y si eso significa socialismo, nacionalizaciones, robustas directrices estatales, forja de colaboraciones internacionales y una nueva y harto más inclusiva (“democrática”, si puedo avilantarme* a decirlo así) arquitectura financiera internacional, pues que así sea.”

Porque hasta el momento y a pesar de la magnitud en sentido negativo de las cifras que cada día son publicadas, el punto de interés que se pretende focalizar en la percepción de nosotros, la gente común, es la idea de encontrar o tocar el cacareado fondo de la crisis (como si eso fuera magia) y esperar el retorno a la “normalidad” en los diferentes mercados, cuando el problema va más allá (y lo saben los principales dirigentes mundiales) pero no lo dicen, 1) por evidente defensa ideológica y 2) por el temor de empezar a resentir en sus diferentes países la tan temida crisis social. Sí, ya sabemos que el capitalismo está en crisis, ¿y ahora qué?

*Que se pone insolente, que se hace atrevido: aclaración mía.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

¿Entrada para salida 2008?


2008 no será un año para olvidar, será un año para recordarnos que poco podemos hacer contra el miedo y la codicia.

Tu destrucción se gesta en la codicia
de esta sed, toda tacto, asoladora,
que deshecha, no viva, te atesora
en el nimio caudal de la noticia.

Te miro ya morir en la caricia
de tus ecos, en esa ardiente flora
que, nacida en tu ausencia, la devora
para mentir la luz de tu delicia.

Pues no eres tú, fluente, a ti anudada.
Es belleza, no más, desgobernada
que en ti porque la asumes se consuma.

Es tu muerte, no más, que se adelanta,
que al habitar tu huella te suplanta
con audaces resúmenes de espuma.*

Ya llegó lo anunciado y ahora toca el turno individual para pagar los excesos de otros. Son lo mentados ciclos, son las subidas y bajadas. A fuerza de tundas debo decir; me rindo. Si no puedo con ellos es mejor unírseles. Tener la inteligencia y la paciencia necesaria para entenderlos no es cosa de poco tiempo; es toda una vida. En paralelo seguirán con sus discursos de democracia, de justicia, de igualdad, de crecimiento, de valores, todo siempre en letra más que muerta. La realidad es mucho más grande e insultante que los discursos mentirosos. Cierro mis oídos y no les creo nada. Ahora, además, ya no es suficiente saber que tenemos ladrones en nuestro propio gobierno. Ahora esos ladrones no pierden el tiempo para salir a consolarnos cuando gritan; ¡al ladrón, al ladrón!, la crisis viene de afuera. Pues peor aún. Cifras inconmensurables son repetidas para perdernos en la repartición global de la pobreza. Algunos seguirán sumando y restando aritméticamente sus esperanzas, mientras otros rendirán culto al poder de los números de Fibonacci, entendiendo y descifrando sus secretos (no tanto) para tener más de lo mismo que ya tienen.

Me rindo, y no tengo el menor resquicio de vergüenza en reconocerlo. 79 años fueron insuficientes para aprender la lección. No podíamos darnos el lujo de salir mal librados de la estadística; debíamos presumirles a nuestros hijos y nietos nuestra capacidad para reventar al mundo en un bonito desmadre. Ya nadie recordará a la generación del 29, ahora somos todos los orgullosos 2008. Qué nadie se deprima; feliz 2009.

*José Gorostiza, Tu destrucción se gesta en la codicia.


miércoles, 29 de octubre de 2008

Ni todo al mercado, ni todo al estado


Ex director del diario El País, Joaquín Estefanía, publicó un estupendo artículo con el tema en torno a la crisis económica y financiera a nivel global. En una expresión del mismo Estefanía “demasiado mercado mata al mercado” se sintetiza muy bien la urgente necesidad de regular al libre mercado, pero sin dejar que la intervención del Estado asfixie las posibilidades de desarrollo en sus diferentes agentes económicos.

“El mundo después del crash” es el título que Joaquín Estefanía nos sugiere para entender que el mundo no se acaba después del crash. La pregunta inmediata que surge es qué tipo de mundo permitiremos; uno con mayor desigualdad u otro donde la globalización responda a los intereses de la gente. El artículo propone terminar con los dogmas a ultranza, tanto de aquellos que se apresuran a decir que el capitalismo está viviendo sus últimas horas como la peligrosa idea de que sólo la intervención del Estado hará posible la redistribución de la riqueza. Ni uno ni otro modelo han logrado el pleno desarrollo. El momento no es para extremar posiciones; la posibilidad real de pasar de una recesión a una depresión de dimensiones históricas está más que latente. Es tiempo de desempolvar a John Maynard Keynes, que en la práctica varios gobiernos del mundo lo están ya reviviendo vía políticas públicas obligados por la coyuntura, para urgentemente empezar a conciliar y resolver lo que hasta el momento la experiencia demuestra también que “del mismo modo que hay ciclos en la coyuntura también hay ciclos ideológicos que conceden el énfasis a las distintas herramientas económicas.” Aprender es hoy más que nunca un imperativo; el dogma del estatismo o el del libre mercado son igual de perjudiciales. A continuación el artículo completo:

Hay en economía un concepto más enérgico que el de recesión para explicar lo que está sucediendo: depresión. La depresión es más grave y duradera que la recesión, y se manifiesta en el frenazo en seco de la actividad, la debilidad de la demanda, la contracción del comercio internacional, el incremento del paro, la caída del poder adquisitivo, etcétera, todos ellos procesos muy dolorosos y contrarios al progreso. Pues bien, el profesor de Economía de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini, el gurú que se ha hecho famoso por haber anticipado la crisis financiera que se inició con el estallido de las hipotecas tóxicas, ya ha utilizado el concepto de depresión como síntoma de lo que ocurre en la economía a escala planetaria. Hace unos días escribía Roubini: "No podemos descartar un fracaso sistémico y una depresión global. (...) Se corre el riesgo de un desplome del mercado, una debacle financiera y una depresión mundial". El economista plantea que más que una coyuntura en forma de V (caída y pronta recuperación) estamos en otra en forma de U (caída en la que la economía se mantiene un tiempo, para luego ascender), o quizá en forma de L (caída y letargo a largo plazo).

Un arranque ciertamente tenebroso sobre la coyuntura quizá pueda compensar el optimismo del titular de este que parece llevar implícito -y no es así, como se ha visto la semana pasada- la superación del desplome bursátil que, en otras ocasiones históricas, ha sido la antesala de una recesión o de una depresión. Crash y depresión se retroalimentan. Hay muchas similitudes -y bastantes diferencias- con la Gran Depresión de 1929. Es urgente desempolvar los viejos manuales de entonces y establecer las comparaciones. "Pensar el presente desde un punto de vista histórico" (Walter Benjamin).

En diciembre de 2006 caía el Ownit Mortgate Solutions, un pequeño banco hipotecario de California especializado en productos de alto riesgo. Es el antecedente más cercano del estallido de la burbuja inmobiliaria y de las hipotecas subprime, que devendría en la norma a partir de julio de 2007. Desde entonces hay muchas víctimas sin enterrar. Entre ellas, la economía real en forma de estrangulamiento del crédito (que es su sistema sanguíneo), desaparición de los bancos de inversión y nacionalización de otras entidades que formaban parte de la aristocracia financiera internacional, desprestigio de los organismos reguladores nacionales y de las agencias de calificación de riesgos, profundísima descapitalización bursátil de muchas empresas financieras y no financieras, parón de la actividad económica y de la inversión, contracción de la demanda, suspensiones de pagos, desempleo, etcétera. Y sobre todo, un escalofrío en muchos ciudadanos en forma de inseguridad: no sólo miedo al terrorismo y a otras formas de inquietud ciudadana, sino a la inseguridad económica y el temor al otro, al diferente, al que compite con el puesto de trabajo y carga de obligaciones al Estado de bienestar.

Otra víctima de la crisis es una forma de entender el mundo, un modo de pensar que se identifica ampliamente con la ideología neoliberal. La máxima acuñada por la revolución conservadora de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, que ha durado un cuarto de siglo, de que el Estado es el problema y no la solución, ha saltado hecha trizas en cuanto se han acumulado las dificultades. La "destrucción creativa" de Schumpeter sólo se hizo realidad cuando las autoridades americanas dejaron hundirse al que era cuarto banco de negocios estadounidense, Lehman Brothers (y casi todos los analistas califican esta inacción como un grave error y el principio del pánico); las demás instituciones financieras con problemas han sobrevivido con una u otra fórmula de intervención pública, con paquetes de rescates a babor o a estribor, en forma de avales públicos, compras de activos o directamente de acciones. Lo explica resignado un economista español: "Hemos generado mucho riesgo moral para evitar el riesgo sistémico". Ahora, la retórica del libre mercado se utiliza con más soltura, más selectivamente: se asume cuando sirve a intereses especiales y se descarta cuando no es así. Sin complejos, el presidente de la patronal española llegó a exigir "un paréntesis" a la economía de mercado.

Hace escasamente año y medio, todavía la economía mundial continuaba en la senda de crecimiento más larga y profunda de la historia contemporánea. La teoría de los ciclos económicos parecía extinguida y el planeta se instalaba en el denominado ciclo Kondratief, una onda larga de prosperidad debida -se decía- a la confluencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) con la flexibilidad empresarial y la innovación financiera. Los mantras más citados eran los de la desregulación y la autorregulación. Hasta tal punto que cuando se encienden las primeras luces rojas de las dificultades hay una generación de jóvenes ejecutivos, los que mandan en muchas empresas y en bastantes Gobiernos, que no tienen puntos de referencia para saber lo que es una crisis y qué tratamiento preventivo darle.

Es muy interesante seguir las mutaciones que ha sufrido la naturaleza de esta crisis en apenas 18 meses: primero se identificó con el estallido de la burbuja inmobiliaria y el abuso en la concesión de hipotecas de alto riesgo; a ello se le añadió un tsunami protagonizado por las materias primas alimentarias y los elevadísimos precios de la energía, de modo que entonces se habló de "tormenta perfecta" y se hizo una equivalencia con los primeros años setenta del anterior siglo, al aparecer la estanflación (alta inflación y crecimiento cero). Cuando se hicieron sentir los primeros efectos de la sequía crediticia en forma de reducción del crecimiento económico bajaron los precios de las materias primas; como consecuencia de ello, la inflación dejó de estar en primer plano, pero a las víctimas de la coyuntura se añadieron los países emergentes, principales productores de materias primas, y de los que se había dicho que en esta ocasión estarían exentos del efecto contagio. Conforme pasaban las semanas y dejaba de funcionar el mercado interbancario debido a la desconfianza que las entidades se tenían entre sí (¿cuál de ellas tenía en su interior la metástasis de los productos estructurados y colaterales sin valor alguno en el mercado?), la crisis hipotecaria devino en crisis financiera y los Gobiernos salieron al rescate en el entendido de que la desconfianza de los ciudadanos en las entidades de crédito es la antesala de una catástrofe en la economía real. Hubo un momento en que en algunas plazas y sucursales bancarias los clientes, después de hacer colas para sacar sus ahorros, intentaban transmutar sus depósitos en lingotes de oro, en la creencia de que este metal precioso era la inversión más segura.

Sólo cuando los ciudadanos, airados, comenzaron a preguntarse en alto por qué habían de rescatar a quienes habían sido víctimas de su codicia, es cuando se sofisticó un poco el discurso: la mayor inyección de dinero público utilizada en la historia para salvar a los bancos en dificultades era tan sólo una etapa intermedia para salvar a la economía real. Lo que es bueno para Wall Street es también bueno para la calle. Proteger a Wall Street es proteger a Main Street. Así lo ve el grupo de banqueros con chistera y puro que aparecen en la tira satírica del New Yorker. Uno de ellos grita indignado: "¡Maldita sea, para nosotros Wall Street es Main Street".

Las ayudas oficiales a la banca ("Aportaremos todo lo que sea necesario", ha declarado Berlusconi, el más desvergonzado de los políticos actuales) han servido hasta ahora para detener el pánico de los clientes y para que emerja un hilillo de liquidez en los mercados, que se ha concretado en una pequeña baja de los tipos de interés (Euríbor y Líbor). Pero sigue sin saberse si tanto dinero aportado por el Estado se trasladará del sistema financiero al conjunto de las empresas con inmediatez, para que la situación tienda a normalizarse, y a qué precio. Esto era así hasta anteayer. Pero resuelta al menos en parte la dificultad financiera más urgente, los mercados bursátiles han reaccionado extraordinariamente a la baja cuando en el frontispicio ha aparecido el problema de fondo: el colapso de la economía real. La mayor parte de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) -los 30 países más ricos del mundo- han entrado en recesión o están a punto de hacerlo (dos trimestres seguidos de reducción de sus productos brutos), y sin visos de salida. Además, el contagio afecta a muchos países emergentes, que han tenido que gastar las reservas de divisas en defensa de sus monedas, mientras aumenta su riesgo país y ven bajar los precios de sus exportaciones. Se ha llegado a la madre de todas las crisis. Cada uno de los pronósticos que han ido elaborando las organizaciones multilaterales (OCDE, Fondo Monetario Internacional, etcétera) se han tirado a la papelera en el mismo momento en que se hacían públicas. La velocidad de la metástasis es tal que todas las explicaciones de la coyuntura se han quedado antiguas en tiempo real. Aun hace dos fines de semana, en su asamblea semestral, el FMI preveía un ligero crecimiento en 2009 para el conjunto de las economías avanzadas y del orden del 6% en las emergentes. Sin embargo, el pasado miércoles, el Foro Económico Mundial sentenciaba: "La crisis financiera afecta ya a la economía real en un nivel alto y el riesgo de una profunda y prolongada recesión crece".

Con esta crisis multiforme y poliédrica ha desaparecido también una forma de hacer la política económica, que ha sido dominante en el último cuarto de siglo. Aquella que había formalizado el dogma de que los mercados son los que mejor saben qué hacer. Del mismo modo que hay ciclos en la coyuntura también hay ciclos ideológicos que conceden el énfasis a las distintas herramientas económicas. Y ha comenzado otro. En el año 1936, el que probablemente ha sido el economista más influyente del siglo XX (y lo vuelve a ser ahora), John Maynard Keynes, escribió en su obra magna Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero: "Las ideas justas o falsas de los filósofos de la economía y de la política tienen más importancia de lo que en general se piensa. A decir verdad, ellas dirigen casi exclusivamente el mundo. Los hombres de acción que se creen plenamente eximidos de las influencias doctrinales son normalmente esclavos de algún economista del pasado". Las ideas keynesianas, tan menospreciadas en el último cuarto de siglo, están siendo aplicadas ahora por quienes tratan de sacar a la economía de la camisa de fuerza de la revolución conservadora y de la desregulación permanente. No por casualidad, sino como un signo de los tiempos, la Academia Sueca ha concedido hace unos días el Nobel de Economía a quien es uno de los neokeynesianos más insignes: Paul Krugman.

El New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt, respuesta a la Gran Depresión de 1929, inauguró un ciclo progresista de intervención en la económía que duró casi medio siglo y que ha sido denominado la edad dorada del capitalismo: el mundo creció mucho y los países más avanzados construyeron su Estado de bienestar. El 31 de diciembre de 1933, 10 meses después del inicio del New Deal, Keynes escribe una carta abierta al presidente en The New York Times, en la que le aconseja actuaciones adicionales, entre las que sobresale "una atención predominante en el más alto grado al incremento de la capacidad de compra resultante de los gastos públicos, financiados mediante créditos".

A finales de los años setenta y principios de los ochenta se inició la revolución conservadora, que tuvo sus principales ideólogos en Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y su continuidad en los neocons que han gobernado en la Casa Blanca y en la Reserva Federal. Francis Fukuyama, el constructor del concepto del fin de la historia, ha matizado aquella forma de entender el mundo y recientemente ha hecho un balance de ese tiempo: la revolución conservadora perdió su rumbo porque se convirtió en una ideología irrebatible, y no en una respuesta pragmática a los excesos del Estado de bienestar. En ella había dos conceptos sacrosantos: que las reducciones de impuestos se autofinanciarían y que los mercados financieros podrían autorregularse. Pues bien, el balance es clarificador: Reagan y Bush dejan a EE UU con gigantescos déficit, la economía creció tanto con Clinton como con Reagan y con superávit público, y de las secuelas de la autorregulación del mercado financiero tenemos suficientes ejemplos catastróficos en los últimos meses.

La crisis traza una frontera, la del final (por ahora) de otra edad dorada: el crédito fácil, la liquidez extrema, los riesgos fuera del balance, los sueldos astronómicos de los grandes ejecutivos ligados a la creación de valor a corto plazo y no a la calidad de lo que se fabrica o con lo que se trabaja, los cambios legales para facilitar la especulación sin límites y las zonas de sombra (el capitalismo gris), una psicología mediante la cual los ahorradores se convirtieron en inversores y los inversores en activos apalancados, la autorregulación como pretexto para administrar sin límites, etcétera.

Cada ciclo ideológico en economía está provocado por una crisis. El New Deal llegó por la Gran Depresión; la revolución conservadora, como reacción a la estanflación; y el paradigma que parece instalarse a principios del siglo XXI, por la crisis iniciada con las hipotecas subprime llevada al paroxismo. Las matrices que lo componen son las de la intervención del Estado siempre que sea necesaria, la regulación financiera, quien contamina paga (en relación a los activos tóxicos) y la necesidad de dotar de gobernanza a la globalización realmente existente. Por ello se ha dado tanta significación a la construcción de un nuevo Bretton Woods, en analogía con la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, celebrada en New Hampshire del 1 al 22 de julio de 1944, al final de la II Guerra Mundial, y que ha constituido hasta ahora el intento más ambicioso por configurar un nuevo orden económico internacional. Entonces participaron 44 países. Hoy se trata, como se declara con ampulosidad, de "refundar el capitalismo": cambiar todo para que nada cambie.

Se trata de evitar otra Gran Depresión e ir, por el contrario, a una Gran Transformación, como tituló su libro de referencia Karl Polanyi en 1943. En él demostraba, acudiendo a la historia y a los datos empíricos, que no existe nada parecido a una mano invisible que ordene a los mercados; éstos se regulan por la acción del Estado. Hay que actualizar la Gran Transformación a la era de la globalización en la que los Estados tan sólo son entes intermedios.

miércoles, 15 de octubre de 2008

¿Quién vendió a 14?



¿Quieren saber los nombres de especuladores contra el peso mexicano? Según su ley de oferta y la demanda es sólo cuestión de indagar en los empresarios que vendieron a 14 pesos por dólar. Y según su libre mercado hay que premiarlos porque saben sacarle jugo al mega negocio de comprar a 10.50 y vender en un día a 14. ¿Castigarlos? ¿Por qué? Así dictan las buenas costumbres que funcionan como juego de casino; todos ponemos. Porque las reservas del Banco de México son eso, de México. ¿Y quién es México? Pues nosotros, los que siempre pagamos. Se repite otra vez el cuento de siempre en una devaluación; “especuladores antipatriotas, recibirán su castigo”. ¿En qué quedamos pues, es libre o no el mercado cambiario en México?

martes, 7 de octubre de 2008

Capitalismo: ¿no hay de otra?


Mira qué interesante, encontrar la serenidad, la calma, la inteligencia, en hombres que saben aprovecharse de la tragedia de otros. Tragedia que no importa el grado de descomposición al que haya llegado con una frase tan anticuada, obsoleta, como setentera; la crisis del capitalismo. ¿Cuál crisis? Al contrario, deberemos sacar lo bueno de ésta; aprender de la lección que más pronto que canta un gallo nos dará Carlos Slim y Warren Buffett, entre otros, cuando demuestren los importantes beneficios que les redundará el ser pacientes y congruentes con el sistema; donde yo gano, muchos pierden. Por ello, son objeto de admiración pública.

Un senderito marcado sería desprenderse de sentimentalismos; porque la vida se vive una vez. Ahora o nunca. Cuál fin del capitalismo ni que la fregada. Son (somos) idealistas perversos todos aquellos ilusos que no entendemos los complejos y sesudos análisis fundamentales de la macroeconomía; si es necesario pagaremos con la vida hasta que entendamos: la esclavitud es distinta ahora, pero no ha desaparecido.

¿Qué tiene que hacer el ciudadano común ante este nuevo panorama?, pregunta el poco común y destacado hombre de noticias. “Esta situación debe verse como una oportunidad para los emprendedores”, contesta sabiamente el analista. ¡Ahh!, ya entendí. Hay que pasar encima del que se me ponga en el camino.

Frío, sereno, calculador, tenaz, astuto. Aplicar hasta el cansancio la regla de oro; comprar barato. Mirar, aprender y repetir; ¿es eso tan difícil? Si lo es, entonces es tiempo de empezar otra vez el ciclo. Es tiempo de reforzar el mismo aleccionamiento: La oportunidad es para todos; no hemos sido capaces como seres humanos para encontrar algo mejor que el capitalismo, ni modo, es lo que tenemos; hay que prepararnos, vendrán tiempos duros; no debemos dejar de reconocer que por cada crisis vamos estando mejor preparados; los ciclos son inevitables, afrontémoslo… Mientras que llega la bonanza, prepárate para ser el mejor. No importa lo que hagas, habrá recompensa para el bien portado.

Y el discurso en realidad es convincente, no suena mal. Todavía más; en la aspiración de una gran mayoría así se vive, así se trabaja; con honestidad y perseverancia. Aunque de cuando en cuando se les tenga que volver a levantar el ánimo porque; la devaluación de tu moneda es cosa pasajera, el desempleo es temporal, los impuestos tendrán que subir, los precios no resistirán la inflación, el país no crece, la inseguridad cada vez es mayor, la impunidad es un problema cultural, la educación es pobre, tenemos déficit en el sector salud, etc, etc, etc. ¿Y la vida de todos? ¿Seguiremos otorgándola en sacrificio mientras? ¿Mientras qué?

No es bueno caer en la desesperación, son tiempos de madurez y serenidad, prosigue el embustero. El país, ahora más que nunca, necesita la unidad de todos para salir adelante. ¿Dónde y cuándo ya lo escuchamos? Porque los bien portados somos millones. Ahí está el buen estudiante y recién egresado, desempleado o mal remunerado. O el pequeño empresario, asfixiado por pagar impuestos y una nómina cada vez más reducida. O el migrante impulsado y expulsado por una necesidad imposible de satisfacer en su lugar de origen.

Pero es que el capitalismo promueve la competencia y la innovación, argumenta el liberal. Si, y guerras y deforestación, contaminación, descomposición social, desigualdad, pobreza, desnutrición, hambrunas…O en términos apropiados al gusto del chamuscado liberalismo; el retorno de la rentabilidad que debemos pagar por la competencia y la innovación causa desajustes o desequilibrios que sólo el crecimiento sostenible en el tiempo podrá revertirlos y aumentar así en consecuencia el ingreso per capita. Méndigo choro, verdad o mentira; pero qué categórico se oye.

Así que llegó la hora de prender veladoras y quemar incienso para los nuevos hombres sabios (los magos del dinero). Los dueños de la fortuna terrenal. No importa que se apelliden Slim o Buffet, la cuestión es la concentración ofensiva y humillante provocada por la rapiña, eufemísticamente nombrada “oportunidad”. Y el engaño; aquel que dice que no debe haber límites y restricciones para la naturaleza humana. ¿Por qué debemos seguir creyendo ciegamente que así debe ser?

martes, 30 de septiembre de 2008

Para comprender la Crisis Financiera


Martha Colmenares escribe en su sitio un artículo muy apropiado para entender de manera sencilla el complejo entramado de la crisis hipotecaria y financiera que más temprano que tarde todos vamos a resentir. Dejo aquí una parte del texto y la referencia del mismo. Vale la pena leerlo completo.

Antes de entrar en detalles, me gustaría explicar qué son los CDOs, que por cierto, es todo un reto, de esta manera, espero que Uds. puedan comprender por qué estos instrumentos financieros son tan complicados que nadie es capaz de evaluarlos correctamente, por lo que tienen trancado el sistema financiero.

.-Un ejemplo práctico

Imagínese que usted tiene un banco y viene una familia para pedirle un préstamo para comprar una casa. Entonces, si usted es responsable, va a revisar minuciosamente si la familia en verdad puede pagar el préstamo, de no ser así, en determinado punto esa familia tendrá problemas para continuar pagando y Ud. tendría que hacerse cargo de la casa, encargarse de los trámites para venderla, y demás, es decir, probablemente saldría perdiendo bastante. Por eso los bancos son muy prudentes.

El problema de ser prudente es que entonces no se puede aprovechar el auge de crédito, y ya les cuento como el sistema financiero se las arregló para no tener que ser prudente, pero primero, hay que ver una cosa: Si el “Banco Colmenares” le (dio) un préstamo a la familia “Pérez”, el “Banco Colmenares” tiene la promesa* de la familia Pérez de hacer los pagos de las cuotas. Resulta que esa promesa tiene valor en el mercado financiero.

Es lo que los Bancos usan para prestar el dinero una y otra vez: Si prestan un millón de dólares, eso involucra un conjunto de “Obligaciones de Deuda” que les permite prestar otro millón de dólares, que a su vez va a involucrar mas papeles que sirven para lo mismo. Por eso es que los bancos, a nivel mundial, pueden prestar veinte o más veces todo el dinero que tienen en depósitos, es decir, por cada millón en depósitos pueden hacer préstamos por 20 millones o más. Ahora, mientras más veces presta Ud. el mismo dinero, más vulnerable queda a que haya problemas, hasta el punto en que las instituciones encargadas de supervisar los bancos ya no le van a dejar re-ciclar el mismo dinero más veces.

Ahora, si Ud. viene con un invento, con un nuevo instrumento financiero que le permite convencer a los entes reguladores que Ud. está en capacidad de continuar reciclando su dinero, probablemente lo van a dejar hacerlo, especialmente si el gobierno de turno quiere disminuir los controles y la supervisión.

La raíz de esta crisis financiera es que los bancos, para poder prestar el mismo dinero más y más veces, comenzaron a “empaquetar” las obligaciones de deuda en papeles para venderlos en los mercados financieros. De esa manera, borraron los detalles de las deudas que ellos representan, convirtiendo préstamos hipotecarios con términos muy específicos en paquetes de muchísimos préstamos sin características individuales sino estadísticas.

Estos son los CDOs: Obligaciones de Deuda (las promesas de muchas familias como la “Perez” de pagar las cuotas) que están respaldadas por bienes como la casa que los Perez compraron (he allí el “colateral”). La “magia” fue que en un principio, y hasta hace muy poco, las agencias calificadoras de riesgo le otorgaron a los “paquetes” (a los CDOs) calificaciones de riesgo mejores que los préstamos individuales, la razón es su naturaleza estadística, las estadísticas tendrían que empeorar mucho para que los CDOs se vieran como instrumentos riesgosos.

Estos CDOs son un Frankenstein, porque igual que Frankenstein tenía órganos de diferentes personas, los CDOs son paquetes que tienen deudas de varios créditos.


...Leer completo en www.marthacolmenares.com
*Las negritas son mías.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Crisis financiera y Dios Mercado



En Estados Unidos el Dios Mercado dice adiós al mercado. Le dice al Estado; préstame. Y encima lo dice arrogantemente; si no me das lo que quiero (por el momento el apetito marca una cifra descomunal; setecientos mil millones de dólares) te derrumbo tu ficticia economía real. No te preocupes; Yo Mercado regularé esta crisis. Cuando Yo Mercado señale; “es tiempo de comprar barato”, la fiesta retornará.

"Yo te digo; en el camino a la recuperación habrá heridos y muertos, pero será indispensable. Así es la vida, dura y cruel. No importa la salud, la vivienda, educación y bienestar general de la población; toda ella tendrá que pagar el convite de mis adoradores. Soy el Dios Mercado y la gente no podrá contra mis designios; la avaricia y la deshumanización son mi fuerza. Yo Dios Mercado seguiré controlando la riqueza generada por todos. El beneficio será exclusivo de mis protegidos, de mis idólatras; si no me aman, se hunden conmigo, ellos lo saben".

"Dispongo Yo Dios Mercado que mis emisarios hagan lo que sea necesario para continuar el jolgorio. Les ordeno incautar la riqueza acumulada (los impuestos), con la advertencia de que si no se me acata la destrucción alcanzará a todos. Yo Mercado te exonero de tus dudas: Ríndete. Si no fuera así, tus privilegios; tu casa, tu trabajo, tu crédito, tus vacaciones, tus lujos…desaparecerán. Mira a tu alrededor; México, Centroamérica, o un poco más lejos: África, por ejemplo. ¿Quieres eso? Pues entonces calla y otorga el dinero necesario para el sacrificio".

"Deja de lamentarte y compórtate como Yo lo espero. Despréndete de tus sentimentalismos estorbosos; el dinero del Estado (el de los contribuyentes) es para continuar con lo mismo. ¿Quién necesita regular los límites del despilfarro? Yo Mercado soy inexpugnable; nadie escapa a mis caprichos".

Y esa será la historia en el país del in god we trust. Acá en México además estaremos orgullosos porque pusimos el ejemplo para la obediencia ciega (remember Fobaproa). Y mientras nuestros vecinos padecen esa grave crisis, en México nuestros funcionarios se defienden con argumentos tan sólidos e incuestionables como “nuestros mercados están saludables”.

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