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lunes, 17 de agosto de 2009

Woodstock en el blog (IV)

Es curioso, pero gran parte de la generación Woodstock (digamos de 60 años en delante) hoy se mantiene alejada de la Internet; la mayoría lo hace porque no comprende la herramienta, que entre muchas cosas sirve para comunicarse, y con ello repite el esquema de mantener las brechas generacionales; justamente contra lo que se oponían en su tiempo. No es una crítica, simplemente es un ejemplo para indicar la constante en la humanidad para olvidar su tiempo pasado; así como jóvenes y viejos de ahora y de todas las épocas no han (hemos) sabido comprender que estuvimos y seguimos en un mundo aún lleno de diferencias.

Woodstock: ni héroes ni villanos. Porque es curioso, otros (los menos), que también fueron parte importante de la generación del amor y paz contribuyeron después para el desarrollo de las computadoras y en paralelo aportaron para el impresionante avance de Internet. Nunca pues el mundo en blanco y negro; siempre con sus tonalidades de grises.

Woodstock, un “bonito” intento que seguirá reclamando su lugar en las efemérides de la humanidad mientras sigamos aferrados a mantener el mundo como lo tenemos hasta ahora. Me quedo con el comentario de aquel joven anónimo entrevistado para el documental del festival: “Gente que está perdida ha venido aquí buscando alguna clase de respuesta que no existe. Tantos cientos de miles de personas no vinieron solamente a escuchar música. ¿La música es tan importante? No creo. La gente no sabe cómo vivir ni (qué) hacer y creen que aquí encontrarán la solución”.

Por lo pronto, si no hemos encontrado la solución, cuando menos algunos con su música nos han hecho menos duro el viaje. Por ello se hace necesario insistir en no dejar los clichés; no puedo dejar de lado a Janis Joplin o Jimi Hendrix como parte de aquellos semi-héroes quienes nunca pretendieron tener “las” respuestas; al contrario, tenían las mismas preguntas que cualquiera de nosotros seguimos llevando a cuestas. Qué curioso.




viernes, 29 de febrero de 2008

Bessie Smith



Hoy es políticamente correcto no tener la menor telaraña mental de que las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres en cualquier aspecto social, político o cultural; no puede ni debe ser de otra manera. Aunque la realidad es todavía un enorme motivo de lucha para que todas las mujeres puedan hacer que lo “correcto”, lo “políticamente correcto”, lo que se declara de dientes para afuera, sea neta.

En diferentes campos la mujer todavía sigue pugnando contra la desigualdad. No es casualidad que también en la música la mujer ha mantenido una lucha contra esa posición desventajosa. El blues, desde luego, no es la excepción. Socialmente hay una primera obligación de retomar parte de la historia del blues para redimensionar la verdadera aportación de las blueswomen a lo que, se mal supone, sólo es un patrimonio de los hombres (aún con lo absurdo de lo repetitivo en los términos; patrimonio de los hombres). La obligación sería desterrar esa imagen en la que el blues únicamente fue algo heredado como propiedad exclusiva de los hombres y para consumo de ellos mismos, donde la mujer es una figura tradicional y humillantemente decorativa. Definición, hay que decirlo, respaldada por un machismo de una época conocida como el tiempo del blues clásico. Eso en lo social.

En lo individual (de ese tiempo del blues clásico), y contra los convencionalismos sociales, la mujer solista -especializada sobre todo en el canto-, supo dignamente ocupar un importante espacio dentro del género, sin duda como consecuencia de un malentendido de que no debía ganar espacios laborales en la orquesta…ello, asociado a que se le consideraba inestable emocionalmente y sólo servía para seducir con su cuerpo y su sensualidad. Es claro aquí reconocer ese estereotipo de una mujer desestabilizadora del hombre y causal de las “perdiciones” de los mismos. La mujer prostituta y destructora de hogares. En contraparte, y en eterna rebeldía contra esa imagen, se manifiesta otra mujer que apenas a principio del siglo XX, cuando menos en Estados Unidos, tenía algunos años que se le había permitido salir más allá de los cantos religiosos. Y en ese entorno, proscritas al canto, destacan extraordinarias voces producto de ser encajonadas injustamente por su condición de mujer. Por lo mismo, se les aleja del piano o la guitarra –sin olvidar notables excepciones como Memphis Minnie, por ejemplo-. Son el arquetipo de aquellas intérpretes solitarias, incluso usadas y abandonadas, que le cantan a otros seres igual de solitarios. Es el blues en la intimidad. Intimidad, por cierto, que molesta socialmente. Porque, a ver; ¿cómo es eso de que alguien pueda comunicar con su canto lo exquisitamente pecaminosa que puede ser la vida de cada uno de nosotros?

Quizás la síntesis de este drama tiene nombre y apellido en su máxima exponente: Bessie Smith, La Emperatriz del Blues. Ella, en el norte, en el mundo del espectáculo, en opuesto al Delta Blues. Ex bailarina, con una personalidad fuerte, incluso arrogante (no permitía que su nombre se colocara junto a otra cantante). Con un acentuado problema de alcoholismo. Con gran semejanza, en apariencia, a la vida de millones de mujeres y hombres de cualquier tiempo. ¿Entonces, dónde está la diferencia? ¿Por qué alguien como Bessie Smith se convierte en un icono? ¿Cuál fue el secreto…? Su biógrafo Chris Albertson escribe, "Bessie tenía una maravillosa forma de convertir la adversidad en triunfo, y muchas de sus canciones son los cuentos de la mujer liberada." Entre los músicos y cantantes de blues hay un refrán muy conocido: “you gotta pay the dues if you gonna sing the blues”. Bessie estuvo siempre dispuesta a pagar los costos.

Sin estudios formales en la música, La Emperatiz del Blues frecuentemente aportaba elementos tanto para la composición como, por supuesto, para la interpretación. Su corpulencia física (más de 90 kilos de peso) le proporcionaron una ventaja natural para alcanzar la fuerza que exigía proyectar la voz en el tiempo en que los micrófonos simplemente no existían. Bessie Smith hoy es objeto de estudio para los eruditos del canto. Se señala constantemente que lograba “hipnotizar” a su público. Es tan importante lo que decía y cómo lo cantaba. El difícil ambiente alrededor de su imagen le hacía brotar insistentemente su fuerte temperamento. Hay varias anécdotas que describen su facilidad para intentar resolver los conflictos (de contrato, personales o familiares) con los golpes si era necesario. En cuanto a su vida sexual es lo que hoy se puede identificar como “hard core”; no apta para las “buenas costumbres”.

En resumen, tanto hombres como mujeres con su música, su canto o su poesía, han puesto en evidencia lo que muchos no decimos o no sabemos decir. Ponerle letra y música al diario acontecer individual es absolutamente una necesidad de todos nosotros. Esto no es propiedad de hombres, o de mujeres, o del blues en particular. Se comenta que hay cantantes que hablan desde el alma (cualquier cosa que ello pudiera significar), pero escucharlos me recuerda una de esas genialidades que tienen los matemáticos (con el riesgo de utilizar un concepto quizá impropio, lo admito): la cardinalidad. Esto es, “aparear”, “coordinar” una flecha imaginaria con el alma del intérprete directo al alma del que escucha; adentrarse en una comunicación privada, única y sin secretos. Bessie Smith puede levantarse de su tumba y volver a reírse de y con nosotros y además regresar con sus mismas compañeras de canto en un infinito viaje imaginario. ¿Quién puede negar la posibilidad de un buen reventón entre La Emperatiz del Blues y La Bruja Cósmica?