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sábado, 16 de febrero de 2008

Howlin' Wolf


Fue Charley Patton su maestro en la guitarra y Rice Millar (Sonny Boy Williamson II) en la armónica, y aún con esas cartas de presentación Howlin’ Wolf (Chester Arthur Burnett) nunca alcanzó el nivel técnico de sus mentores, pero en contraparte es su voz y su gran capacidad interpretativa la que le dará su lugar en la Historia del Blues.

Howlin’ Wolf tuvo ese bagaje cultural de la tradición del Delta para exponerlo en la radio (en la KWEM de Memphis), coincide con Sam Phillips (el impulsor de Elvis Presley), se hace conocer en todo el país por medio de los hermanos Bihari en la costa oeste (Los Angeles) y con Leonard Chess (Chicago), y tiene la fortuna cuasi mágica de conocer a Willie Dixon para, en justicia, ser considerado una piedra fundamental del rock and roll. Su trayectoria comienza por los principios de los años treinta y, sin embargo, su primera grabación es hasta 1951. Antes de todo eso, se enlistó durante cuatro años en el ejército (para el tiempo de la Segunda Guerra Mundial) y al finalizar este periodo trabajó en el campo como agricultor en West Memphis. Fue ahí donde, entre 1947 y 1948, hábilmente utilizó sus recursos heredados de sus mentores para exponerlos masivamente en el medio apropiado para la época: la radio. Como consecuencia lógica de darse a conocer por ese medio, el productor y empresario Sam Phillips lo oye e inmediatamente reconoce en Howlin’ Wolf a un diamante en bruto de enorme valor, tanto musicalmente como financieramente.

Quien aprovecha ese potencial al máximo es la discográfica Chess y le graba por fin en 1951. En justicia, es importante reconocer que la sobresaliente voz de Howlin’ Wolf fue extraordinariamente bien apoyada por Willie Johnson en la guitarra, durante los años de la KWEM en Memphis y por Huber Sumlin en el tiempo de Chess Records. Es imposible dejar de mencionar que la influencia de Howlin’ Wolf en bandas como Rolling Stones, The Doors, Electric Flag, Cream, son más que evidentes. Para la década de los años sesenta y ya muy de avanzada la famosa Invasión Britanica (de la cual posteriormente dedicaré algunas entradas), gran cantidad de bandas y solistas nunca dejaron de señalar a Howlin’ Wolf como uno de sus estandartes.

La gran presencia física de Howlin’ Wolf es posible reconocerla en su gran fuerza interpretativa, pero resulta muy didáctico presentar para el caso algunos videos disponibles en You tube que son apropiados para “ver” la intención que marcaba la voz de esta leyenda del blues.






sábado, 2 de febrero de 2008

The Same Thing


En el desfile de nombres en la Historia de la Música de Blues, y estoy seguro que también para otros géneros, la utilización de los adjetivos para describir o calificar a los diferentes autores o intérpretes siempre deberá asumir el riesgo de no ser lo suficientemente justo o en el extremo contrario, exageradamente puntualizado.

No faltarán apelativos como extraordinario, magnífico, inigualable, estupendo, prodigioso, fenomenal, etc, etc. Palabras que pueden tener un significado distinto en dos personas al mismo tiempo. O palabras que algunas comentarán como exageradas, desproporcionadas. En cualquier caso, sin importar los calificativos, tanto los compositores como aquellos que tenemos el privilegio de escucharlos somos “huellas dactilares” que no repetimos la experiencia siempre igual; el primero se recrea en su obra y los segundos nos regocijamos con la obra; volver a producir o gozar algo nuevo con aparentemente lo mismo. Así lo dice Josefa Lacárcel Moreno (Psicología de la música y emoción musical, Eduacatio, n.º 20-21. Diciembre 2003 pág. 221-222): “Pero es importante que seamos conscientes de que a nivel individual, existe un cerebro irrepetible, diferente y distinto en cada uno de nosotros, que recoge en su estructura y funcionalidad toda la historia personal, biográfica, genética, biológica, cultural y social, que lo ha moldeado y desarrollado diferenciándolo del resto. Cuando cantamos o interpretamos alguna obra musical, tocamos o improvisamos en un instrumento, componemos, escuchamos ... en definitiva, cuando pensamos y actuamos sobre sonidos, nuestra red de neuronas se amplía con una serie de conexiones únicas, distintas a todas las demás, que podrían definirse como los “engramas” o huellas dactilares a las que ha dado lugar nuestra actividad musical.”
”La música considerada como arte, ciencia y lenguaje universal, es un medio de expresión sin límites que llega a lo más íntimo de cada persona. Puede transmitir diferentes estados de ánimo y emociones por medio de símbolos e imágenes aurales, que liberan la función auditiva tanto emocional como afectiva e intelectual. Escuchar y “hacer” música desarrolla la sensibilidad, la creatividad y la capacidad de abstracción o análisis. No sólo cumple una función estrictamente educativa cuando hablamos de aprendizajes musicales, sino que también cumple otros fines. Nos propicia a descubrir nuestro propio mundo interior, la comunicación con “el otro” o “los otros” y la captación y apreciación del mundo que nos rodea.”

Palabras que pueden correr el peligro de hacerse pequeñas y desaparecer ante el intento de fijarlas en una posición. Apreciar parte del mundo interior de cualquier compositor o intérprete es buscar, y en el mejor de los casos encontrar, en nosotros mismos; recuerdos, emociones, sensaciones que no tienen límite. Es entonces válido utilizar algunas palabras como un homenaje con la “única” intención de expresar gratitud por el gozo causado una y mil veces por los momentos irrepetibles de escuchar y volver a escuchar, aparentemente, engañosamente, lo mismo.


sábado, 1 de diciembre de 2007

Chicago Blues


El blues famoso, el que la mayoría en el mundo reconoce, tiene su procedencia indiscutible en la ciudad de Chicago. Varios factores contribuyeron a ese desarrollo. La crisis financiera de 1929 en Wall Street originó una migración obligada de grandes masas de trabajadores del sur campirano al norte más industrializado en Estados Unidos. Con esos movimientos de población también viajó el músico negro.

Ya en Chicago, la industria discográfica de la época uso y abusó de una necesidad económica apremiante de los músicos aprovechándose de su talento para sacar beneficio, sin duda legítimo, pero sin retribuir justamente a sus creadores. Ello fomentó el surgimiento de empresarios que por un lado aceitaban el negocio pero por otro lado los obligaba a buscar compositores e intérpretes de calidad e impulsarlo. Es en los años treinta del siglo pasado cuando productores sin escrúpulos hacen firmar contratos a los músicos en condiciones totalmente desfavorables para estos, obviamente la mayoría de los beneficiados son productores blancos. El más conocido es el caso de los hermanos Chess (Leonard y Phill) dueños de la compañía grabadora con el mismo nombre de su apellido. Era cosa aceptada y común que los músicos y compositores firmaran contratos que les ofrecían pocas ventajas financieras después de largas borracheras con los dueños de las compañías grabadoras. También era frecuente que las sesiones para algunas grabaciones se retribuían económicamente por única ocasión. Los derechos de autor prácticamente no se reconocían a favor de su éste sino de quien publicaba, es decir, los dueños de las casas editoras y grabadoras.

Más allá de toda esa injusticia en la música como negocio, en la escena de Chicago también son de relevancia otros productores que contribuyeron al impulso del blues como Sam Phillips, los Bihari Brothers y el gran bajista, guitarrista, cantante, compositor y arreglista Willie Dixon –éste último alejado diametralmente de los empresarios de color blanco tanto en talento musical como en visión para defender los derechos de sus verdaderos creadores-. En ese contexto habrá que mencionar el aporte al blues de Lester Melrose, productor y editor, cazatalentos de la Columbia Records y RCA Victor, quien supo aprovechar las circunstancias del momento para grabar a importantes bluseros en Chicago; Tampa Red, Sonny Boy Williamson I, Washboard Sam, Big Bill Bronzy, entre otros. Además Lester Melrose tuvo el mérito de modernizar al blues con el apoyo de una banda compuesta de secciones rítmicas, con su bajo y batería, arreglos de piano y ocasionalmente incluso secciones de vientos con clarinete. Aunque el sonido electrificado no estaba totalmente desarrollado en ese blues de principios de los años treinta si fue la base para el blues de Chicago que explotó en los años cuarenta con su fuerza que posteriormente cimentaría una de las bases del rock and roll.