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miércoles, 9 de marzo de 2011

Presunto Culpable: la enseñanza


Un documental en cine cumple su función cuando, voy a tratar de sintetizarlo así: nos enseña lo que de otra manera no podemos ver. Ahora mismo está en el debate nacional Presunto Culpable y poco se atiende el punto de vista cinematográfico.

Un documento desde luego también es la sentencia de un juez, pero cuando menos en el país sabemos lo poco accesible que es entender realmente un documento de ese tipo. Ante eso, un buen documental cinematográfico puede ir llevando de la mano al público casi en forma didáctica cómo pasan las cosas que ignoramos. Es muy parecido al proceso enseñanza-aprendizaje, cuando de verdad sea éste llevado a la práctica de forma óptima.

En cine, el género del documental tiene grandes realizaciones a través de su historia. Por ahora mi motivación para escribir de uno es obvia: obedece al caso de Presunto Culpable, pero el gusto e interés por los documentales desde mucho tiempo atrás han sido parte de mi “bagaje cultural”. El cine nació siendo documental, sería una expresión personal que me delataría como aficionado al género.

Y como aficionado tengo mis asegunes en cuanto a la realización de Presunto Culpable. Posee muchos defectos. No escribiré sobre ninguno de los que aprecio. Lo diré de esta forma: cualquier defecto de realización o de producción no tendría la menor importancia, es decir, no aportaría nada si antes no se contesta la siguiente pregunta: ¿nos enseña algo el documental?

En México algunos vamos avanzando como tortugas. Otros, acostumbrados a formas de comunicación mucho más expeditas (tipo Redes Sociales en internet y tecnología de la información) nos están enseñando a dejar atrás muchos lastres en nuestras expresiones y hábitos. De los primeros (aquellos de la inmovilidad parecidos a las tortugas) no faltan las voces partidarias de que siempre todo seguirá igual, sin cambios, y curiosamente mucho menos en México.

Presunto Culpable nos enseña cómo cambiar. ¿Tienes una cámara de video, eres víctima de un delito y decides denunciarlo? Graba tu denuncia y de ser necesario el juicio del probable delito, nos propone el documental en cuestión. ¿Cuántos hemos recibido esa enseñanza? Los que creen en el México imposible de cambiar de seguro se llenarán la boca de “supuesta” sabiduría y dirán algo así como esto: “sí, ya sabemos que así es en México. No están descubriendo el hilo negro”.

¿De verdad Presunto Culpable no está descubriendo nada? ¿Desde cuándo hemos permitido que sólo lo escrito sea la prueba incuestionable en los juicios mexicanos? ¿Dónde están los abogados y jueces que nunca nos habían dicho de nuestro derecho a documentar en sonido e imagen cualquier juicio? Si esas y muchísimas más preguntas salen de forma espontanea en la plática de nosotros los comunes ciudadanos, el documental habrá cumplido con su intención original: enseñar. Del conocimiento necesariamente surgirán dudas, cuestionamientos, diferentes puntos de vista, explicaciones e incluso hasta contradicciones. Y no será igual el antes al después. Se apretó un botón que en algún momento oscuro de nuestra historia nos habían dicho “no tocar”.

Observo por todos lados que para bien o para mal el documental no pasa desapercibido. Miro al jurista; que si se debió seguir la vía civil para que un personaje del documental defendiera su derecho a la propia imagen; al periodista, explicando desde su punto de vista la parcialidad del docu cuando no presenta a la víctima y la familia de la misma como la otra parte del juicio que nosotros no vemos; al politólogo, reclamando al poder judicial el intento de censura para evitar así verse cuestionado por una ciudadanía cada vez más participativa; el defensor de derechos humanos insistiendo sobre la impunidad de los criminales en México cuando el documental implícitamente nos dice que no hay culpable; el empresario que alega su derecho a la propiedad y pone a debate el problema de la piratería desatada contra su producto. En suma, un documental que provoca debate y reclamos. El reclamo más importante, desde mi punto de vista: exigir un sistema judicial digno de la democracia que pretendemos reconstruir. Presunto Culpable ya puede ser considerado como nuestra deseada Caja de Pandora: veamos qué se destapo. Los que tiene miedo de que se haya abierto son los mismos que piensan que la ignorancia siempre estará empoderada en los mexicanos: nada es eterno.

Así que en México apenas nos damos cuenta que andaba girando por el mundo un gran documental, el cual desde hace tiempo había recibido reconocimiento internacional. Vale Presunto Culpable como un documental que cumplió con su parte, la nuestra es dejar de ser simples espectadores y reconocernos como actores todos.

jueves, 6 de agosto de 2009

Vals con Bashir


Desde el año pasado apenas y noté Vals con Bashir (Ari Folman, Israel en co producción con otros países, 2008), la cual estuvo nominada al Oscar el año pasado. Fue hasta hace unos días cuando Gabriela Warketin recomendó la película en su Facebook que me llamó la atención. Comentario sin rodeos; sigan dándole premios (por supuesto a la película).

Ari Folman (guión y dirección) es también protagonista del film realizado en dibujos animados. El tema gira en torno a la guerra de Israel contra el Líbano en los años ochenta así como la masacre de refugiados palestinos en Sabra y Chatila perpetrada por falangistas cristianos y encubierta por el ejército israelí. Ari Folman fue combatiente de esa guerra a la edad de 19 años; su experiencia traumática le llevó a forzar mecanismos de defensa psicológica y con ello encubrir esa parte de su pasado. De pronto, Folman, tras la conversación con un amigo en un bar quien le describe tener una pesadilla reiterativa, descubre él mismo no recordar momentos de la guerra y con ello tener el pretexto para investigar el motivo de sus olvidos.

Me interesa rápidamente pasar de lo técnico creativo a las implicaciones éticas, psicológicas y políticas que aporta Vals con Bashir. En primera instancia, el aspecto técnico es relevante porque les confirma a los creadores la utilización de un software de animación muy popular (Flash) como herramienta básica para elaborar un largometraje. Es fácil darse cuenta que el guión hubiera sido imposible de realizar en el cine convencional, sobretodo por las exigencias técnicas y presupuestales necesarias para lograr el efecto deseado. Utilizar entonces la animación para plasmar el film fue una idea, además de práctica, apropiada para conseguir un producto con una plástica de calidad cinematográfica indiscutible. En segundo lugar, el posicionamiento de cine para adulto queda dignamente defendido con una animación bien aprovechada para retomar los recursos cinematográficos de cualquier producción “normal” y abrir las posibilidades creativas que ofrece la mezcla entre realidad con lo onírico y las disfunciones psicológicas de la mente humana. Tela de donde cortar la tuvo el film.

¿Quién de nosotros puede recordar toda la película de la propia vida? Imposible; hasta cierto punto. ¿Cuántas ocasiones algún amigo o familiar nos recuerda con exactitud lo que en apariencia habíamos olvidado? Ah, sí; ahora recuerdo, solemos afirmar cuando fundimos presente con pasado. Es entonces, con el recordar, cuando se refuerza la empatía y la comunicación entre iguales a través de una historia particular que se hace única. Nadie o muy pocos podrán sentir ese vínculo de entendimiento. Por ello, no estoy de acuerdo con aquellos que simplemente ven al cerebro humano como una máquina capaz de borrar lo inservible o lo traumático. Todo está ahí y pacientemente espera su momento para salir. Lo fácil es olvidar, lo contrario es recordar. Lo cómodo es simular olvido para convertirse en sinónimo de cinismo o mentira. Como dice Paul Thomas Anderson: “Puede que hayamos acabado con el pasado, pero él no ha acabado con nosotros.” Y por ello la verdad, aunque se tarde en el tiempo, terminará por emerger de las profundidades del subconsciente.

El protagonista, narrador y autor de Vals con Bashir se confiesa; sí estuve ahí, sí participe, sí sabía lo que estaba pasando: no hice nada para evitarlo. La confesión no expía culpas, pero ayuda a no olvidar y le dice a las nuevas generaciones no dejar en la simple anécdota un genocidio como el de los barrios de Sabra y Chatila de la ciudad de Líbano en 1982. Y para ello un documento que lo conmemore.

Algunos podrán confundirse con la narrativa, pero es claro que la propuesta es de un documental estilizado con la animación. No hay ficción. Que para construir cualquier documental se utilicen recursos expresivos del cine de ficción es ya un tema agotado. Y además queda la aportación de un documental diferente; un documental animado. Sí, por contradictorio que se lea: Vals con Bashir es un documental animado. Se reconstruye, por medio de charlas entre ex combatientes de la primera guerra de Israel contra el Líbano, pedazos de experiencia de la realidad y cómo la vivieron algunos de sus protagonistas. La confusión puede darse cuando se ilustra la narrativa del documental. Así lo cuentan los propios entrevistados; Carmi: “Inconciente en la cubierta…soñando que llegaría una mujer…y me tomaría por primera vez…”; Ronny Dayag: “me imaginé cómo reaccionaría mi mamá”; Ari Folman: “entonces, en medio de ese infierno…aparece de repente el corresponsal de televisión Ren Nen Yishan. Camina recto, evadiendo balas como Superman.” Son narrativas desde luego subjetivas pero que nutren al documental y le dan sentido visual al imaginario individual. Es la forma en que se confiesan sus protagonistas y el director lo que hace es dar vida a esas narrativas. Aunque algunos pasajes están mejor logrados que otros, nunca ello demerita al conjunto.

Una película de animación que desaprovechara el simbolismo de los colores sería suficiente para criticarla como mediocre. Cuando menos a mí, el tono ocre prevaleciente en la mayoría del film me remite al color de la sangre quemada, sin vida, podrida; mal oliente. Ello, por supuesto, es una visión personal; sin embargo no me imagino Vals con Bashir apelando a colores “vivos”. Y luego la música; buena en toda la extensión sin llegar a lo magnífico, comentario que reconozco puede ser injusto aunque lo baso en una secuencia que descuadra de la generalidad, aquella en donde el Apocalypse Now de Francis Ford Coppola (1979) salta a la vista; quizá la música entró con calzador para esa parte. Por lo demás, banda sonora y musicalización cumplen su función acertadamente sin empalagar y con tino referencial.

Vals con Bashir es una película antibélica porque no deja opción a la justificación ideológica para los motivos de la guerra; nunca he estado en una (y claro que abro un paréntesis de bote pronto para reiterar que ni quiero estar en alguna) pero en realidad debemos estar agradecidos por esa información intuitiva que nos proporciona la denuncia de hechos como el de Sabra y Chatila u otros semejantes, para intentar cuando menos procesar racionalmente las consecuencias de la barbarie humana. Con este tipo de cine también se cumple en forma y fondo lo valioso de ver algo más que entretenimiento, ver que aún dentro de la tragedia es posible recrear la esperanza de cambiar nuestra actitud ante la vida y la muerte.

Cinta con tintes en apariencia irracionales nos conduce por el mundo de los recuerdos segmentados y con marcado desatino. Esto puede llevar a confusión y sentenciar la incongruencia entre lo que el autor quiso decir y lo que al final comunicó. Tal vez la conclusión errónea sea asegurar que no hay una resolución final ante la dispersión de imágenes en extremo sin sentido. Y es justamente el final lo que cierra diferentes círculos de tiempo, sobretodo para el protagonista pero también para el público. El espectador, informado o no de lo que estaba sucediendo en las líneas falangistas con su abominable masacre, termina por conocer sin disfraz lo que sí paso. Ese final es el principio para el protagonista. La respiración agitada no está en el espectador, está en la revelación de la memoria sin traición: qué hicimos. Y en el público: qué podemos hacer.



Ficha técnica:

Título: Vals con Bashir. Título original: Vals im Bashir. Dirección: Ari Folman. País: Francia, Estados Unidos, Alemania, Suiza, Israel, Finlandia, Australia, Bélgica. Año: 2008. Reparto: Ron Ben-Yishai (como él mismo), Ronny Dayag (como él mismo), Ari Folman (como él mismo), Dror Harazi (como él mismo), Yehezkel Lazarov (como Carmi Cna'an), Mickey Leon (como Booz Rein-Buskila), Ori Sivan (como él mismo), Zahava Solomon (como ella misma), Shmuel Frenkel (como él mismo). Duración: 90 min.

lunes, 13 de octubre de 2008

Hasta que se ponga el sol

Para Raúl Aramayo

Cuando en México se habla de los pioneros del Rock Nacional no faltará quien se preste a confusiones, casi siempre sin mala fe. En el recuento algunos demostrarán una ingenuidad digna de clasificarla como de la pena ajena. Aquellos despistados se emocionaran con nombres como Enrique Guzmán, César Costa, Angélica María y Alberto Vázquez, entre otros más o menos parecidos. Época entonces de las versiones traducidas del inglés al español, los conocidos como covers. En cambio, otros marginalmente nos refugiaremos en el rock hecho por Javier Batiz, Tinta Blanca, El Ritual, Peace and Love, Dugs Dugs, La Revolución de Emiliano Zapata, nombres estos tan sólo para ejemplificar lo opuesto a los covers. En todos esos exponentes hay, desde luego, enormes diferencias tanto en el tiempo como en su propuesta musical. El caso, por ahora, es mencionar que unos y otros se autoproclaman como los verdaderos iniciadores del Rock Nacional o lo que se entienda por lo mismo.

Muy distinto cuando se habla de Rock Nacional en Argentina. Nadie tiene dudas de qué se está hablando cuando la lista empieza a aportar nombres; Charly García, Luis Alberto Spinetta, Litto Nebbia, Tanguito, Nito Mestre, Pappo, Gustavo Santaolalla o bandas como; Los Gatos, Almendra, Pescado Rabioso, Manal, La Pesada, Color Humano, Vox Dei, Arcoiris, y sin limitar la lista, habrá de señalarse que le seguirá a través del tiempo un impresionante etcétera.

Argentina comparte con México el hecho de que la música expresada por los jóvenes de los primeros años de la década de los setenta era arrinconada por una burocracia política y administrativa con temores injustificados hacia las reuniones masivas. A pesar de eso, los intentos por repetir festivales del tipo Woodstock a nivel regional, o despectivamente tercermundista, tiene dos ejemplos tanto en México como en Argentina. Avándaro y Buenos Aires Rock (B.A. Rock) son, indiscutible, las estampas que permanecen en cada país como muestras para entender la continuación del impacto aportado por un modelo norteamericano de la música de rock. Sin embargo, nuestro documento fílmico de Avándaro es lamentable por donde se le vea o escuche, es simplemente una colección de retazos. No hubo en Avándaro, seguramente, el presupuesto necesario para lograr un producto con las mínimas garantías de calidad cinematográfica. En Argentina, por el contrario, sí fue posible conjuntar los factores indispensables para dejar el testimonio del movimiento musical sustentado en el rock ubicado entre finales de los años sesenta y principio de los setenta.

Hasta que se ponga el sol (Aníbal Uset, 1973); una combinación entre documental, cine de ficción y lo que hoy entendemos por videoclips es la constancia que dejaron los músicos y seguidores de una época en Argentina con una creatividad de grandes alturas. El tiempo en que, interpretando el sentir de su director, primero se hacía la música y luego la película. Días, también, en que resultaba sumamente difícil y caro estar bien informados de la buena música.

35 años después, Hasta que se ponga el sol es una referencia cinematográfica para los argentinos que no ponen objeción en reconocer la simbiosis casi natural entre música de rock y cine. Las evidentes limitaciones técnicas del film son pecata minuta ante un desfile de bandas y músicos del rock argentino que circunstancialmente tuvieron la fortuna de ser parte del resultado final. Al respecto, es imposible dejar de mencionar la famosa anécdota de un dúo llamado Sui Generis (con nada menos que Charly García como uno de sus integrantes), quienes no estaban contemplados para integrar la banda sonora por resultar unos curiosos desconocidos pero que lograron finalmente colarse ante la insistencia de su productor.

El film aporta diferentes datos para todos aquellos interesados en conocer un rock setentero de gran factura, con el sello argentino, previo a una época de años difíciles para ese país. No hay un referente semejante para México, y aunque acá el rock contemporáneo también tiene su aporte discográfico, el impulso aportado en Argentina por Hasta que se ponga el sol fue favorablemente determinante para dejar bien claro qué era y sería su Rock Nacional, sin confusiones.

Ficha Técnica:

Hasta que se ponga el sol (Argentina, 1973). Director Aníbal Uset. Producción: Fernando Ayala y Héctor Olivera. Guión: Aníbal Uset y Jorge Álvarez. Fotografía: Víctor Hugo Caula. Sonido: Norberto Castronuovo. Cámara: Marcelo Pais. Actores (como ellos mismos y en orden de aparición): Color Humano (Oscar Moro, Rinaldo Raffanelli, Edelmiro Molinari); Daniel Ripoll (presentador); León Giecco; Vox Dei (Ricardo Soulé, Rubén Basoalto, Willie Quiroga); Gabriela; La Pesada (Alejandro Medina, Billy Bond); Claudio Gabis; Orion’s Beethoven (Adrián Bar, José Luis González, Ramón Bar); Sui Generis (Charly García, Nito Mestre); Litto Nebbia; Domingo Cura; Pappo’s; Josefina Robirosa y Juan Oreste Gatti (bailarines); Pescado Rabioso (Luis Alberto Spinetta, Carlos Cutaia, David Lebón, Black Amaya); Arco Iris (Ara Tokatlián, Guillermo Bordarampé, Gustavo Santaolalla, Horacio Gianello). Tiempo Duración 69 minutos.

Aquí la película completa:

Aquí un fragmento (Pescado Rabioso):

viernes, 26 de octubre de 2007

Julio Hernández entrevista a Luis Mandoki

Julio Hernández de Astillero TV entrevista a Luis Mandoki. El entrevistado habla sobre su película Fraude México 2006 que, en su opinión, relata y demuestra precisamente eso: un fraude electoral en México el año pasado. Habrá que verla.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Eréndira Ikukinari



La capacidad realizadora de varios directores cinematográficos mexicanos es admirable. Tener un millón y medio de dólares para producir Eréndira Ikikunari (Juan Mora Catlett, México, 2007) y salir airoso del compromiso es digno de comentarlo, repetirlo, difundirlo, defenderlo… No es sólo cosa de ser insistente en las palabras y no comprenderlas o exagerar su uso en la repetición. El cine de autor en México tiene la mala costumbre de pasar casi desapercibido. Eréndira Ikikunari no es la excepción. Aunque es candidata para representar a México en las nominadas para el mejor film de lengua extranjera en el Oscar –los primeros días de octubre se conocerá si tendrá esa categoría- es poco factible su inclusión. ¿Motivos? Varios, pero lo más lamentable es el reiterativo asunto de que ha transitado muy poco en los circuitos comerciales. Aún en el remoto caso de que Eréndira pasara la aduana de los miembros de la Academia mexicana el film tiene, además, que luchar contra el posicionamiento mental que los miembros de la Academia norteamericana tienen con el imponente y mediocre producto mercadológico de Apocalypto (Estados Unidos, 2006). Sirva como pequeña aclaración que el trabajo de Juan Mora Catlett con Eréndira es previo al de Mel Gibson.

El planteamiento original de Eréndira Ikikunari está en advertir que las divisiones internas de los purépechas son el punto de arranque para entender cómo el invasor y a la postre conquistador aprovechó en su beneficio esa circunstancia histórica. En un mundo con un absoluto poder del hombre en cualquiera de sus roles; ya como jefe militar, cacique, esposo, guerrero, se propone una idea narrativa contradictoria de ese mundo patriarcal basada en una poderosa y la vez seductora leyenda purépecha de una mujer rebelde que rompió con lo establecido de la época. Cómo que una mujer fue capaz de enfrentar al tirano español, oponerse al tirano dentro de su propio pueblo, negar a una cosa que decía ser su esposo, y encima apropiarse de un caballo, aprender a montarlo y hacerse guerrera y no morir en el intento. Si esto no tiene un enorme valor cinematográfico, comprendido como tal, entonces es tiempo de rentar cualquier cosa que se ofrezca al dos por uno porque Eréndira es un personaje con mucho valor de contenido.

Es entonces Eréndira Ikikunari una interesante mezcla de Historia (aunque Historia oficial de vencedores en fragmentos tomados de diálogos escritos en el códice Relación de Michoacán) con la leyenda de tradición oral (la visión de los vencidos) para aportar con ello, desde un punto de vista cinematográfico, hacia la reconstrucción de un origen sin duda doloroso de lo ahora conocido como mexicano. Lo mexicano y su herencia cultural cargada de religión que ciertamente entró a sangre y fuego. Nunca sin olvidar que ese hecho también tiene su atenuante en la idea de las culturas prehispánicas para ver a los invasores como dioses –las máscaras en los personajes españoles lo acentúan de manera apropiadamente simbólica-. No se percibe intención de estigmatizar a los conquistadores más allá de lo de sobra aceptado y entendido.

Es posible encontrar en la película un ritmo por momentos desesperadamente lento. La explicación quisiera encontrarla en la vieja limitación de recursos en el cine mexicano, obligando en consecuencia al montaje estirar algunas escenas ligeramente por encima de lo necesario. Momentos que son justificados dentro de la trama por instantes peligrosamente los sentí abusivos para el interés del espectador. En contraparte debe destacarse la riqueza visual de toda la película –con recursos prestados del teatro-; paisajes naturales; escenografía apoyada en ruinas prehispánicas; intercalado con ilustraciones en gran formato del códice Relación de Michoacán en algunas tomas; personajes maquillados con gran colorido así como un vestuario para cada casta purépecha; utilización de máscaras tanto de forma simbólica como dentro de los rituales propios de la narración. Un muy buen trabajo de producción, maquillaje, vestuario, fotografía, plasmado con calidad en pantalla.

Eréndira descansó en la responsabilidad actoral de Xochiquetzal Rodríguez, quien no presenta una excepcional actuación que sin embargo cumple más que satisfactoriamente con las exigencias del personaje el cual obligó la memorización de diálogos en purépecha. Juan Mora decidió trabajar con algunos actores y extras no profesionales e indígenas practicantes del idioma, con un resultado limpio para el film que sólo otros hablantes del mismo idioma podrán juzgar si el resultado es completamente correcto. Me parece que para el espectador desconocedor del idioma resulta agradable al oído la posibilidad de escuchar hablar purépecha dando, además, un sentido de orgullo a todos aquellos que tengan la fortuna de conocerlo y por supuesto seguir defendiéndolo.

Un problema ajeno a la producción y realización del film pero común a la distribución es lograr que la exhibición de Eréndira Ikikunari se vea en las salas comerciales del país. El mismo oro que buscaban los conquistadores sigue siendo el principal motor que mueve a los distribuidores y exhibidores de las cintas. Vaya este comentario como una pequeña contribución para la difusión de una obra cinematográfica mexicana con muchas ganas de contar nuestra historia a pesar de los pesares.

Trailer del film:



Ficha Técnica:

Eréndira Ikikunari (México, 2007)
Guión y Dirección: Juan Roberto Mora Catlett; Dirección de Fotografía: Toni Kuhn; Cinefotógrafos: Alberto Anaya “Mándaro”, Daniel Arteaga, Rodrigo Montes de Oca, Antonio Ruiz, Jorge Suarez; Edición: Rodrigo Montes de Oca; Sonido: Enrique Ojeda; Música: Andrés Sánchez; Maquillaje: Julián Piza; Animación: HombreZoo.
Actores: Eréndira (Xochiquetzal Rodríguez); Nanuma (Justo Alberto Rodríguez); T'shue (Luís Esteban Huacúz Dímas); Timas (Roberto Isidro Rangel); Cuynierangari (Edgar Alejandro Pérez); Tangaxoan (Rubén Bautista); Anciana del Oráculo (Soledad Ruiz); Tía de Eréndira (Adelaida Huerta); Fray Juan Tapia (Sergio Gonzáles Pérez); Domingo Niño (Alberto García); Andamuqua (Ismael Marcelino); Petamuti (Marco Antonio Ortiz); Voz del Narrador (José Flores Martínez). Traductores al Purépecha: Ireneo Rojas, Lucas Gómez Bravo, Ismael García Marcelino. Coach de diálogos en Purépecha: Ismael García Marcelino.
35 mm, color, 1 hora 47 minutos.

sábado, 4 de agosto de 2007

Había una vez un tranvía

En 30 shots editados con disolvencia y siempre en zoom in, me encontré un documental que permite visualizar una Comarca Lagunera de los años veinte y treinta del siglo XX que casi pudo haber quedado en el relato oral. Alejandro Ahumada y Silvia Patricia Castro Zavala presentaron en Junio de este año una exposición fotográfica de 53 imágenes en el Museo Regional de La Laguna (al interior del Bosque Venustiano Carranza) que logra rescatar una parte de la historia del transporte regional. Imágenes fotográficas que sirven de base para la realización de un video histórico-cultural.

En el documental puede observarse algunos planos que incluso exponen edificaciones que todavía existen en la actualidad. Por ejemplo, la fotografía que muestra a los dynamos generadores de la corriente eléctrica que estaban ubicados en una edificación de la calle Independencia de Gómez Palacio así como los estacionamientos de los tranvías –entre Aldama y Bravo- y que hoy son negocios particulares; la toma que deja ver los tranvías frente a la plaza de Gómez y que tiene como fondo al edificio Emporio ubicado en la esquina de Morelos e Independencia. En otro plano es posible ubicar la fachada que presentaba el Templo de Guadalupe también en Gómez –sin su torre central de la actualidad- en la esquina de Hidalgo e Independencia; de esa misma imagen y en la esquina de la acera frente al Templo –por la Avenida Hidalgo- se alcanza a visualizar una popular funeraria de ese tiempo ubicada a un costado de la plaza: “Funeraria Melitón Sifuentes”.

Los tranvías seguían su ruta por la Avenida Independencia hasta la Agustín Castro –en Gómez- para continuar rumbo a Ciudad Lerdo pasando en su trayecto sobre “El Canal de Los Lavin”. Ya en Torreón, el tranvía utilizaba la calle Ramos Arizpe hasta la Iturbide (hoy Presidente Carranza) con rumbo a la calle Falcón en donde se realizaba un cambio que separaba al carro motriz -por medio de un cambio de vía alterna- y con ello se regresaba la máquina al frente de los convoyes para hacer el recorrido de retorno; incluso los asientos de los pasajeros eran invertidos por los trabajadores del servicio para que los pasajeros siempre fueran mirando al frente. También hay fotografías del documental que claramente permiten observar al Hotel Francia en Torreón, edificación que todavía tiene una parte en pie en la esquina de Presidente Carranza y Ramos Arizpe.

Sin demeritar ninguna fotografía, es de resaltar aquella que muestra la caseta de control ubicada en el famoso kilómetro 11-40 (medidos por la vía de ferrocarril) el cual era un crucero de tranvía y “el tren”. En ese mismo kilómetro años después se construyó una carretera a nivel de crucero convirtiéndose en triple; tren-tranvía-autos. Hoy es el paso a desnivel en el Boulevard Miguel Alemán en Gómez Palacio.

Para cruzar el río Nazas estaba el puente para el tranvía. Al día de hoy es posible mirar las bases para ese puente del tranvía que están entre la actual vía de ferrocarril y el tradicional puente para automóviles Torreón-Gómez. Es de llamar la atención que con dirección a Torreón el tranvía bajaba del puente a lo que hoy es la Colonia La Rosita y a un costado del nuevo Parque Fundadores. En una toma del documental la perspectiva de la vía permite mirar en el horizonte al conocido Cañón de Calabazas y el río Nazas. Con el paso del tiempo los tranvías fueron reconvirtiéndose en nuevas empresas de transportación de pasajeros hasta terminar en los actuales Transportes del Nazas (los rojos Torreón-Gómez).

Recomendable los poco más de tres minutos del video-documental que ilustran brévemente una parte de la historia del transporte en la región y nos permite ver algo que sólo habíamos escuchado en pláticas; “el tranvía que hubo una vez en La Laguna.”


viernes, 27 de julio de 2007

Bob Dylan (No Direction Home)



Es difícil explicarle(s) a los amigos, cuando tienes 14 años, que te gusta Joaquín Sabina. Quizás a esa edad no puedes explicar lo que sientes al oírle, pero ya va despertando tu curiosidad…Pablo Garcés



Sí, mucho se ha dicho y escrito de Bob Dylan; pero yo no lo he hecho. Por lo tanto me anoto en la interminable espiral del tema Dylan–la etiqueta dicen los bloggers-. Con permisito.

A propósito de que en Septiembre u Octubre de este año el Zimmerman en que John Lennon no creía recibirá el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y con el pretexto del documental No Direction Home (dir. Martin Scorsese, 2005) puedo afirmar que la contradicción en la vida y obra de Robert Allen Zimmerman es constantemente evidente. Se aceptan críticas al respecto. Es de mi opinión considerar que varias instituciones en el mundo están en crisis. La mafia detrás de algunos premios –sin importar su “fama”- necesita más a Bob Dylan que Dylan al Premio Príncipe de Asturias. Cosa que simplemente digo de paso, por el momento no es mi intención escribir sobre las “mafias” de la intelectualidad.

Aclarado ese pequeño asunto me concentro en el motivo del post –y dale con esos términos-. Así que ¿what?; Dylan no es para los eruditos de la música –dicho por Eric Clapton-. ¿Cómo? Que tampoco es para los eruditos de la literatura –dicho por mi y seguramente por alguien más que no me interesa aquí reconocer-.

Una de las virtudes de creadores tipo Zimmerman es que ellos comprenden totalmente que su obra le pertenece a cada persona que esté consciente de apropiársela. El problema radica en no confundir el objeto –la música, las letras- con el sujeto que hace posible la obra. Ni Dylan, ni otros de su nivel, serán capaces de remediar la contradicción en apariencia sencilla. ¿Cómo no darse cuenta de lo evidente? Escuchar en la intimidad al maestro Bob Dylan no debiera confundir a nadie con la idolatría, pero, no me es posible decir lo mismo de No Direction Home.

El oficio de primer nivel que Martin Scorsese tiene no fue suficiente, no fue capaz o de plano no quizo o no pudo dejarse avasallar por la grandeza de la leyenda. Un fan reconociendo a su ídolo. En ese tenor, en algunas entrevistas posteriores al film Scorsese intenta inútilmente defenderse con la justificación de que él hizo un homenaje a quien sin duda lo merece; en síntesis: el mundo adulto que se rinde ante su ídolo. Dislates disculpables por el paso del tiempo. Como antítesis, las nuevas generaciones son más terrenales y deciden premiar al documental con un merecido “es un excelente curso de introducción para empezar a degustar lo que mi papá o mi abuelo dicen e insisten en clasificar como algo bueno”. Y, sin embargo, el padre tiempo hará inevitable lo inevitable; algunos de esos jóvenes se mutarán en eruditos del tema e irremediablemente se lo apropiarán. Que en sus dolores y horas de ensayo se clave el que lo tenga que hacer, sea por placer o por un exceso de idolatría. Algunos alcanzaremos a agradecerlo y otros apenas lo subvaloraremos. El mito entonces seguirá reciclándose, nadie sabe hasta cuándo.

En cuanto a las posibilidades del cine y con las habilidades de un genial artesano, Scorsese se apoyó en una gran cantidad de material visual, no tan desconocido e intensamente repetido, para presentar, más que una buena dirección, una magnífica edición de un segmento de la vida y obra de Mister Bob Dylan. Incluso la entrevista al Bob Dylan sexagenario presentada en el documental tampoco fue hecha por Scorsese –la realizó el agente de Dylan, Jeff Rossen-. En donde sí pone su mano Don director es en reafirmar su excepcional sello producto de una vasta experiencia en eso de fundir cine con música. A corte directo, crudo y sin consideraciones, la edición va encadenándose durante toda la película para equilibrar la historia –los hechos, los conciertos, las entrevistas, uno tras otro-, con las reflexiones de personajes alrededor de Bob Dylan; Peete Seger, Joan Baez, Tom Paxton, Maria Muldaur, la del poeta beat Allen Ginsberg, entre otros; todos ellos en un coro de remembranzas junto al mismo Dylan. Resultado: “lo que ya se sabe”, pero con el apoyo de imágenes muy bien escogidas producto de una impresionante recopilación de las mismas. No Direction Home ilustra una época en la que el icono conocido como Dylan, cual representación semireligiosa, será incapaz de desligarse del ser humano de carne y hueso. Esa otra parte, la voz del personaje real, el mortal, el hombre de todos los días, nunca se cansará de manifestar su propio hastío para insinuar con ello una constante reinvención como parte de su desdoblada y vuelta a desdoblar personalidad. Una contradicción que servirá de base para que los antidylan señalen con dedo flamigero al artista y recordar que alguna vez Truman Capote lo nombró como un farsante. El viaje que comenzó en ninguna parte (un pueblo perdido en Minnesota) sigue sin encontrar reposo. "Ahí está su Bob Dylan" –parece decir sin ningún tipo de resentimiento el trovador indiscutible del siglo-. "Hagan lo que quieran con él; a mí déjenme en paz."

Trailer del film:



Ficha Técnica:
Año de producción: 2005 (Estados Unidos)
Dirección: Martin Scorsese. Actores: Bob Dylan, Liam Clancy, Allen Ginsberg, Joan Baez, John Cohen, Mickey Jones, Bruce Langhorne, Match Miller, Bob Neuwirth. Fotografía: Maryse Alberti, Mustapha Barat. Distribución (DVD): Paramount Duración (sin extras) 227 minutos. Género: Biográfico, documental, musical. DVD: Inglés 5.1 con subtítulos en español. Distribuye en DVD: Paramount.


miércoles, 18 de julio de 2007

Cortos laguneros


El 13 de Julio el binomio del Teatro Nazas de Torreón y el Taller de cine Star Factory Studio presentaron el IV Festival de Cortometrajes con un total de seis propuestas. El costo por la entrada al evento fue de 50 pesos, cifra que con gusto pagué sin tener consideraciones absurdas y despreciables del tipo “está caro”. La asistencia al teatro fue de 120 a 150 personas, máximo. Me parece que la respuesta en la entrada fue baja, quizá el doble de personas hubiera sido ideal.

Para la reflexión me surgen algunas preguntas ¿Cuál es la responsabilidad del público de la Comarca Lagunera que dice ser aficionado al cine y que está al pendiente de lo que sucede en Guadalajara, la ciudad de México, Monterrey o Guanajuato (sin demérito de esas ciudades o algún otro lugar) y no es capaz de asistir en buen número a un evento realizado por laguneros y en su misma ciudad?

¿No valía la pena? ¿Estaba caro? ¿No se enteró? ¿No tiene tiempo? El refrán popular dice que cuando se inventaron los pretextos se acabaron los pendejos. Escoger o tener el pretexto adecuado para después quejarse del pobre cine mexicano no tiene fundamento si en la parte que le corresponde al público no hay reciprocidad. Y que conste que la crítica está enfocada a un público en especial; al que todo lo quiere y no da nada a cambio.

¿Es meritorio hacer cortometrajes aunque las circunstancias, sobre todo económicas, siempre vayan en contra de los proyectos? ¿A pesar de, hay que seguir haciendo cine? Las respuestas a esas preguntas por parte de los creadores siempre deberán llevarse por la afirmativa. Aquel que diga que hace cine y nunca encuentra obstáculos entonces no tiene vocación para el medio. Así que, por lo pronto, la parte que corresponde a los creadores fue cumplida con mérito en este festival de cortos. En cuanto al público cinéfilo lagunero los subterfugios pueden ser uno y mil para pretender encontrar justificaciones a la eterna queja de la mediocridad.

En resumen Star Factory Studio si hizo su trabajo. Y lo hizo dignamente. Hubo historias, producción, realización, exhibición, con el ineludible factor en la modestia de los recursos. Para un total de seis cortos la mitad son de destacarse. El Último Sueño (dir. Ángel Aguirre), el making off del mismo corto (dir. Daniel Castillo) así como México 2/11 (dir. Luís Ángel Bañuelos). En El último sueño se desarrolla una historia sobre la enfermedad del Alzheimer muy bien contada, con buen audio y una honrosa fotografía; de la noche, sin duda, el mejor cortometraje. En cuanto a Mexico 2/11 la notoriedad de escasez en los recursos técnicos fue dignamente superado ante el trabajo de producción y edición de una historia bien llevada por el lado de la comedia (la burla del mexicano ante la muerte). Para todos los realizadores y responsables de este festival un aplauso por su tiempo invertido para sumarse a esta explosión mundial del cortometraje.

viernes, 13 de julio de 2007

The Last Waltz


De la música pop de los años sesenta se pueden recordar diferentes bandas que tuvieron la fortuna de contar entre sus integrantes talentos individuales que en conjunto fueron capaces de aportar a la historia verdaderos hitos. El ejemplo más reconocido es la suma de aptitudes entre John Lennon, Paul McCartney y George Harrison. Con el paso de los años el recapitular sobre la música popular, particularmente en el rock, casi siempre se ha convertido en un simple ejercicio de primer reconocimiento. Nombres como Led Zeppelin, Deep Purple, The Doors, The Beatles, empiezan a obstaculizar la presencia por demás sobresaliente de otras bandas. Y es precisamente con el nombre aparentemente apocado de La Banda (The Band, antes The Hawks) como podemos encontrar uno de esos ejemplos que no están en el colectivo al nivel de bandas supra famosas.

La buena música trasciende los tiempos, pero no siempre sigue siendo expuesta y por desgracia no sobrevive en un mundo globalizado y saturado de información. Canadienses de Ontario y contemporáneos de los Beatles, Richard Manuel, Garth Hudson, Rick Danko, así como Levon Helm (Marvell, Arkansas) son nombres alejados de la fama a pesar de ser protagónicos de un documental que sirve de ejemplo para los estudiantes de cine en su aprendizaje sobre la producción y realización de conciertos de música rockera.

El director de ese documental es, nada menos, Martin Scorsese y el film es The Last Waltz (1978). También participan Neil Young, Eric Clapton, Van Morrison, Bob Dylan, Muddy Waters, Ringo Star, Joni Mitchel, Paul Butterfield, Neil Diamond, Ronnie Hawkins, Dr John, The Staple Singers, Ron Wood y Emmylou Harris. Pues a pesar de toda esta pléyade de conocidos y en conjunción con el generador de la idea del documental Robbie Robertson el film es poco conocido e incluso poco valorado creativamente tanto en el aspecto cinematográfico como en el terreno musical no por la crítica o los melómanos del género, sino por aquel público enclaustrado en lo mismo de siempre.

Dentro del film ningún momento es desperdiciado. Con la intención de que nadie supere a nadie, todos los personajes están en un punto de flotación o levitación que se percibe en la fuerza de cada interpretación, tanto de los invitados como de La Banda. Las entrevistas posteriores que inserta Scorsese en el documental son muy reveladoras de la ideosincracia de cada miembro del grupo. Richard Manuel (piano, batería, voz, compositor) con esa personalidad de aquel que sabe que el fin, su fin, estaba cerca. Richard Manuel falleció en 1986 sin nunca salir del problema de las adicciones. Rick Danko (bajo, violín, voz, compositor) en una introspección en comunión con la música, su música; murió en su hogar de muchos años (Woodstock) el 10 de Diciembre de 1999. Levon Helm (batería, cantante, compositor) expresando su conocimiento y su pasión por la música hasta los tuétanos. Garth Hudson (teclados, arreglista) un relajado y creativo músico de alta escuela. Y Robbie Robertson (guitarra, compositor) quien refleja su personalidad del tipo Paul Mc.Cartney en Let It Be (Michael Lindsay-Hogg, 1970) que sin demérito de la propuesta del film y de la producción del mismo, su protagonismo tiene momentos que no están en el nivel de fluidez del resto del grupo; prietito en el arroz sin mayor trascendencia.

30 años después (el concierto de despedida fue el 25 de Noviembre de 1976 en el Winterland de San Francisco) es posible conseguir el DVD de renta en esa trasnacional de todos conocida. Siendo el caso de que alguien quiera volver a ver el documental o que por primera vez lo haga dos recomendaciones muy especiales: 1) Escucharlo a todo volumen –sugerencia del mismo director- y 2) No permitir ningún tipo de interrupción; si la abuelita, el niño impertinente, los amigos ignorantes, o cualquier intruso desconocedor del asunto osa molestar, entonces se hace necesario e imperioso mandarlos mucho a chiflar a la loma. No es para menos, The Last Waltz es una obra maestra del cine.

Ficha técnica:

Director; Martin Scorsese. Documental. Actores: (todos como ellos mismos) Richard Manuel, Garth Hudson, Rick Danko, Levon Helm, Robbie Roberton, Neil Young, Eric Clapton, Van Morrison, Bob Dylan, Muddy Waters, Ringo Star, Joni Mitchel, Paul Butterfield, Neil Diamond, Ronnie Hawkins, Dr John, The Staple Singers, Ron Wood, Martin Scorsese y Emmylou Harris. FM Productions, Estados Unidos, 117 minutos.

Enlaces para videos del film:

The Band with The Staple Singers (The Weight)
It Makes No Diference
I Shall Be Released
The Band with Bob Dylan (Forever Young / Baby, Let Me Follow You Down)

The Band with Van Morrison
The Night They Drove Old Dixie Down





martes, 26 de junio de 2007

LA VERDAD INCOMODA


Un tema social de proporciones mundiales. Y el cine acude con su ayuda para difundir el mensaje lo más rápidamente posible. Un documental, La Verdad Incomoda (An Incovenient Truth, 2006), para aprender de un tema –quienes ya son expertos, favor de abstenerse-. En esta ocasión me parece irrelevante mencionar si cumple con las expectativas de los cinéfilos más exigentes. Igual de innecesario polemizar si el cambio climático es producto de la mente retorcida de científicos locos. Precisamente en contra de la falacia de que el cambio climático no está comprobado, Al Gore (ex candidato presidencial en Estados Unidos en el año 2000) nos revela de manera muy didáctica el problema al que nos enfrentamos todos los habitantes del planeta.

Pacientemente, a través de su vida, Al Gore se ha ido rodeando de datos técnico-científicos en relación al calentamiento global. El documental realizado por Davis Guggenheim tiene la virtud de hacer agradable la exposición de un conferencista.

Respuestas a preguntas en apariencia sencillas. ¿Qué es el CO2? ¿Qué es el efecto invernadero? ¿Cuál es la influencia del hombre sobre el clima? Incluso, el documental intenta alejar el dogma del “no pasa nada”

La propuesta no es ver el documental para después salir a las calles a destruir todo objeto contaminante o hacerle la vida imposible a las empresas que están dañando el medio ambiente. Al Gore es un político demócrata que conoce cómo funciona el sistema económico y no pretende derrumbarlo con la denuncia del calentamiento global. De hecho no se menciona a las empresas que más están contribuyendo al daño global –la mayoría de ellas al norte del ecuador como el mismo Gore acepta- El mensaje está orientado básicamente hacia nosotros como individuos que podemos y debemos modificar ciertos patrones de consumo que recrudecen el problema. Sin el hostigamiento del tipo Michael Moore el film gana en credibilidad. Además el objetivo de su realización es conseguir en la mayor parte de la población mundial la consciencia de lo importante que es empezar a tomar medidas contra el cambio climático producto de la acción del hombre (emisión de gases con efecto invernadero).

El primer plano para el ex candidato presidencial a lo largo del documental, así como sucesos dentro de su vida personal y su familia son las partes mas flojas y por momentos desconectadas del objetivo principal; pero ningún político que se digne de serlo dejaría pasar esa oportunidad. Por esa ruta Al Gore pretende seguir manteniendo su imagen pública en la mente de los potenciales electores de su país, demostrando su habilidad política al escoger un tema color verde muy favorable a sus intenciones futuristas, cualesquiera que éstas fueran. A pesar de esa posibilidad, La Verdad Incomoda tiene en su descargo la extrema importancia del tema y el beneficio de platicarle a la gente con palabras de a centavo el por qué y el cómo ayudar a resolver (todavía a tiempo) un asunto de dimensiones globales. Para la reflexión.

Ficha técnica:

La Verdad Incomoda

(An Inconvenient Truth)
Dirección
: Davis Guggenheim Producción: Lawrence Bender, Scott Z. Burns, Laurie David Fotografía: Bob Richman Música: Michael Brook Edición: Jay Cassidy, Dan Swietlik Con: Al Gore EE.UU., 2006, Participant Productions, 95 min

sábado, 9 de junio de 2007

EN EL HOYO


Donde alguien ve congestionamiento vial, otro observa el trabajo cotidiano de los obreros de la construcción. Donde unos se quejan del ruido, otros hacen música con el mismo ruido.

Se sabe que el documental puede y debe preservar la memoria colectiva de los pueblos. Lo dice y lo confirma el director Juan Carlos Rulfo a propósito de su film En el Hoyo (México 2006). La publicidad de éste documental se empeña afanosamente –me parece inteligente- en invitarnos a ver una obra cinematográfica “sin denuncia social o política”. El tan cacareado “segundo piso” del periférico del Distrito Federal en México –obra monumental del gobierno de Andrés Manuel López Obrador- sirve de un excelente pretexto para encontrar al Chabelo, al Grande, al Guapo, a Vicencio, a Pedro, Tomás, al Chómpiras y al Chaparro, todos ellos trabajadores de la misma obra. También albureros de alta escuela y con clase. El México real.

Hay que quitarse la pena y decir las cosas como son. En el Hoyo es un documental con denuncia política y social, que nadie se engañe. La denuncia está explícita en la jocosidad, la picardía, la sabiduría popular de unos obreros que entienden perfectamente su situación social y el motivo de ella. Que las cosas se cuenten de diferente manera es otro asunto. Y en ello sí hay un motivo de agradecimiento para el realizador. Nunca durante el desarrollo del documental se percibe la mínima insinuación partidista o la exaltación desmedida al evidente gigantismo –ese sí político- del “segundo piso”.

La cámara impone. Esa frase es uno de los principales obstáculos para enfrentarse al documental. Casi como de manera didáctica habría que decirle al documentalista novato; primero hay que hacer amigos y después filmarlos o grabarlos. Así también piensa Juan Carlos Rulfo en cuanto a su trabajo de documentalista. Es condición necesaria dar plena confianza a sus personajes cuando estos se transparentan frente a una cámara. Gran resultado consigue en ese sentido Rulfo.

Algunos especialistas tradicionales consideran al género documental como el hijo pobre del cine. Nada más alejado de la realidad. Los recursos técnicos y de producción puestos en favor del documental de Rulfo son de primera. Mención especial merece la banda sonora (Leo Heiblum), que con el sonido ambiental de la construcción logró un excelente trabajo. La foto fija para animar el proceso de la construcción de los puentes de la obra es la muestra para entender otra diferencia que exige la realización de los documentales en comparación al cine de ficción; un documental puede pedir a su creador meses o años para ver el resultado final.

En el Hoyo lo cotidiano es hecho cine. Lo cotidiano hecho documento. Lo cotidiano para la historia. Rulfo debe servir como ejemplo para incentivar –aprovechando el impulso de video digital, por ejemplo- a los nuevos realizadores para plasmar historias que están esperando ser contadas con el único interés de aprovechar las posibilidades de la imagen; de lo cinematográfico que puede resultar la construcción de un puente o de un edificio, o el trabajo de cualquiera en cualquier parte.

Que el cine es capaz de darnos esas diferentes perspectivas de la realidad tiene un buen ejemplo en el final de En el Hoyo –no lo describo aquí con la intención de invitar a verlo-. Quizá no resulte exagerado decir que En el Hoyo es un monumental documental.

Ficha técnica:

Dirección: Juan Carlos Rulfo. Montaje: Valentina Leduc. Fotografia: Juan Carlos Rulfo. Guión: Juan Carlos Rulfo. Música: Leo Heiblum. Producción: Eugenia Montiel Pages Juan Carlos Rulfo. Productor ejecutivo: Eugenia Montiel Pages.

Trailer del documental


martes, 29 de mayo de 2007

EL VIOLÍN



Clandestino. Así es el primer contacto que nos hace sentir El Violín (dir. Francisco Vargas Quevedo, 2005) cuando nos deja apreciar con su cámara el terror ejercido contra los que en el discurso institucional siempre han sido “los clandestinos”. Cámara clandestina que retrata con gran crudeza el inmisericorde uso y abuso de poder que permite la violencia oficial contra los pueblos más olvidados y alejados del mundo globalizado.

La historia oficiosa del México de los años setenta decía empecinadamente que la guerrilla no existía. Que el país tenía una paz social digna de un cuento de hadas. Que Genaro Vázquez y Lucio Cabañas tan solo eran un par de revoltosos sin sustento popular. O que la guerrilla era problema de otros rincones del mundo, sobretodo Centroamérica. Hoy, cuando las autoridades civiles se declaran incompetentes contra la delincuencia organizada y se ven en la necesidad de recurrir al ejército, El Violín aparece como una historia incomoda para el nuevo gobierno. Sin embargo es importante resaltar que el film, no obstante la coincidencia de los nombres de los personajes con una parte del tiempo conocido como la guerra sucia en México, en realidad no tiene una definición exacta de la ubicación geográfica del relato; cualquier lugar de Latinoamérica puede apropiarse con legitimidad la vida y hechos de los músicos-campesinos-guerrilleros protagonistas de la historia.

Con un guión de su mismo director, el desarrollo de la trama se da en un pueblo copado por la guerrilla y el ejército. En el lugar se entremezclan los lugareños con su doble rol de campesinos y guerrilleros. La trilogía de padre-hijo-nieto (don Ángel Tavira como Plutarco Hidalgo, Gerardo Taracena como Genaro y el niño Mario Garibaldi como Lucio) obtienen algunos ingresos económicos extras interpretando música popular de la región. El violín de don Plutarco es el instrumento sobre el cual se va tejiendo un relato que permite el acercamiento entre el viejo y un capitán de los militares que tienen ocupada la zona.

El Violín es un filme que cumple con los estándares del cine industria y al mismo tiempo revisa su propuesta estética para desencajarse y apartarse del modelo cultural tradicionalmente aceptado. Usa el blanco y negro con el consabido riesgo “comercial” que eso implica; patentiza un relato que tiene aristas ideológicas de puntos de desencuentro; mezcla el género documental de manera sutil en la ficción con una fuerte carga de cosmovisión respaldada en diálogos llenos de simbolismos; se arriesga con actores no profesionales (mención especial aquí para don Ángel Tavira), resultando con ello una magnífica interpretación de códigos que un actor profesional difícilmente entendería. Ejemplo de lo anterior es la sobreactuación de Gerardo Taracena en comparación a la naturalidad expresada en las intervenciones de don Ángel Tavira.

No faltará aquel que ubique el argumento como un panfleto maniqueo que pinta a los buenos guerrilleros y a los malos militares. Sorprendente sería que esos comentarios no aparecieran. Y para reforzarlo, el dedo acusador indicará que Don Plutarco cree de la lucha entre el bien y el mal cuando nos cuenta que hubo un tiempo en que la avaricia de unos cuantos hombres ha hecho que el hombre bueno pierda el camino. Aquel dispuesto a encontrar un sesgo, seguro lo va a encontrar. Como dice Francisco Vargas: no tengo la fórmula para hacer una película de denuncia política que por lo mismo esté impedida para comercializarse. O las justificaciones de los mas descerebrados; “indios imbéciles –por decir lo menos-, mira que cambiar una milpa por una mula…” Por supuesto que nadie en su sano juicio lo haría. Pero Plutarco sí. Por necesidad, porque no le queda de otra, porque siempre ha sido así.

Los diálogos entre Plutarco y su nieto Lucio son breves pero muy reveladores de la esperanza nunca perdida en el adulto y la impaciencia por los resultados que exige el joven. Diálogos siempre sustentados en la plena confianza y la honradez de las palabras entre iguales. “Tú dijiste abuelo”. “¿Cuándo abuelo?” “¿Por qué abuelo?” “¡Estamos!” Pero también está presente la astucia de la llamada inteligencia militar –léase aquí chivatones, soplones, infiltrados-, que conocen y abusan de ese lenguaje. También ellos tienen el mismo origen, también han oído desde niños los mismos relatos, sólo que ahora son federales. Plutarco, con su ingenuidad, nunca sabe adelantarse y entender lo sofisticado del ejercicio envolvente de sus perseguidores.

Se está haciendo lugar común decir que el buen cine mexicano es capaz de realizar con pocos recursos excelentes productos que no pongan como prioridad el perverso juego entre inversión y recuperación, apostando al contenido como argumento para vender bien y con buenos resultados equilibrando, desde luego, el costo beneficio. El Violín es ejemplo de ello. El negocio en un círculo virtuoso; alejado de lo involuntario que resulta de aquel momento dentro de una escena de la película, que ejemplifica la contradicción del negocio global, cuando don Plutarco recoge de un escondite unas balas Remington que cumplen su función ajustándose estrictamente a las reglas del mercado: en manos de cualquiera sirven para lo mismo; lo importante es saberlas vender y encontrar, otra vez, el mercado adecuado, sean militares, guerrilleros, terroristas, narcotraficantes o delincuentes comunes. El cine en manos de Hollywood o el cine en manos de realizadores con historias diferentes y propositivas.

Ficha técnica:

Director: Francisco Vargas Quevedo Guión: Francisco Vargas Quevedo Productores: Ángeles Castro, Hugo Rodríguez, Francisco Vargas Música: Cuauhtémoc Tavira, Don Ángel Tavira Fotografía: Martín Boege, Óscar Hijuelos Edición: Ricardo Garfias, Francisco Vargas Quevedo Actores: Octavio Castro, Don Ángel Tavira, Dagoberto Gama, Gerardo Taracena, Mario Garibaldi, Fermín Martínez. Duración 90 minutos.

Trailer del film:

viernes, 18 de mayo de 2007

Medio siglo después, vampiro mexicano goza de cabal salud


El reino de la noche…el muerto vivo…De algún maldito lugar recuerdo en mi mente aquello de que “el mejor triunfo de los vampiros es hacernos creer que no existen.” ¡Uyy, qué miedo! Pero, aunque Ud. no lo crea, existen. Para prueba de ello está el mejor vampiro mexicano de todos los tiempos: Germán Robles y su actuación en El Vampiro (dir. Fernado Méndez, 1957). Medio siglo después es una producción cinematográfica considerada de culto tanto en México como en el mundo. Quien no quiera aun así considerar la existencia de los vampiros, pues muy su problema.

Es de envidiar a los que en su momento tuvieron la fortuna de ver el film en la pantalla grande, en lo oscurito, con todo y sus palomitas. ¡Qué tiempos aquellos! Porque la primera vez que en lo personal se me apareció el Conde Karol de Lavud fue en la televisión allá por los años setenta. Que en ese momento, desde luego, no tenía la menor idea de que el impacto hubiera sido mucho mayor de haberlo presenciado formalmente en el cine, como Dios manda. Y sí, ya sé que algunos puristas del cine -no todos, por supuesto-relacionan palomitas con lo comercial, lo que vende; pero su opinión me tiene sin cuidado. Para mi el buen cine no está peleado con todos los ritos que se compactan alrededor de la cultura cinéfila. Es más; ¡le agrego hasta una coca cola bien fría al rito!

En ese contexto, parece que Don Germán Robles este año piensa dejar de lado su pequeña animadversión contra el personaje que, lo quiera o no, lo perseguirá eternamente. Por lo tanto, Don Germán y el Conde Karol de Lavud recibirán un homenaje que se materializará en un DVD con la película remasterizada, adicionales con galerías de fotos y una entrevista al actor que contribuyó con su trabajo para el encumbramiento del film. En hora buena que así sea.

Medio siglo después puede aceptarse la posición crítica que afirma que la película es una obra maestra involuntaria y dejar de lado la capacidad histriónica de Germán Robles así como el gran oficio de su director Fernando Méndez, pero lo que no se puede soslayar es el hecho de que el cine mexicano, o el realizado por mexicanos, tiene hoy ejemplos de que la calidad ha sido y es un problema de recursos, no de talentos.

Por lo pronto, yo me voy a comprar el DVD y a buscar el momento adecuado para verlo; aunque sea en la tele. Pero eso sí: a oscuritas y sin ruidos. Nunca para sobresaltarme de espanto o de terror -más bien el asunto me mueve a la risa- sino para apreciar una y otra vez el buen nivel de calidad cinematográfica alcanzada por la producción y tratar de reproducir modestamente el ambiente que logra de manera eficaz el film –¡ah! y sin olvidar las palomitas-.

Ficha Técnica:

Director: Fernando Méndez / Productor: Abel Salazar para Cinematográfica ABSA / Guión: Ramón Obón / Fotografía: Rosalío Solano / Música: Gustavo César Carrión / Montaje: Jorge Bustos / Efectos especiales: / Intérpretes: Abel Salazar (Dr. Enrique), Ariadna Welter (Marta González), Carmen Montejo (Eloísa), Germán Robles (Conde Karol de Lavud/Duval), José Luis Jiménez (Emilio), Alicia Montoya (María Teresa), Mercedes Soler (María, la sirvienta), José Chávez, Julio Daneri, Amado Zumaya, Guillermo Álvarez Bianchi, Margarito Luna… / Nacionalidad y año: México 1957 / Duración y datos técnicos: 83 min.